Domingo de la 9ª semana de Tiempo Ordinario – 06/03/2011

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Comentario Pastoral
EL RIESGO DE LA ELECCIÓN

Los paralelismos antitéticos son recurso literario y frecuente en la Biblia. En las lecturas de este domingo noveno del Tiempo ordinario destacan imágenes de dualidad: el camino de la bendición y de la maldición, el pecado y la fe, la construcción sobre roca o sobre arena. En la base de estos símbolos e imágenes está la libertad y el compromiso de la elección del cristiano, del que quiere vivir consecuentemente el compromiso de la fe, del que quiere ser fiel a Dios.

El gran don y el gran riesgo que tenemos los humanos es saber elegir, es usar inteligentemente el don de la libertad para poder realizarse como persona. Para poder optar libremente debe haber plenitud de convencimiento y de voluntad. jEn cuántas ocasiones y situaciones estamos optando, eligiendo, decidiendo, comprometiéndonos!. Por otra parte, el necesario respeto a las decisiones de los otros es siempre una postura de gran sensibilidad cristiana, pues el único que puede juzgar el interior del hombre es Dios. Respetar no significa compartir, ni es tampoco una claudicación.

La palabra de Dios es una interpelación continua que exige su puesta en práctica, que nos mueve a decidir, que no nos deja indiferentes, que nos saca de nuestra comodidad egoísta. La Palabra de Dios nos mueve a ser constructores de la verdad y de la bondad, edificando nuestras-acciones sobre la roca de la fe auténtica, y no sobre la arena movediza de una pseudo-religiosidad, que se mueve en expresiones superficiales de ritualismos egoístas.

Construir, basarse, apoyarse sobre “roca”, es hacerlo sobre el fundamento estable de la fe y del verdadero amor a Dios. No hay que temer lluvias torrenciales ni vientos huracanado s de rechazos secularistas ni de críticas de falsos profetas. Lo que verdaderamente nos importa es el juicio de Dios.

Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Deuteronomio 11, 18.26-28. 32 Sal 30, 2-3a. 3bc-4. 17 y 25
san Pablo a los Romanos 3, 2l-25a. 28 san Mateo 7, 21-27

Comprender la Palabra

La primera lectura del libro del Deuteronomío presenta la conclusión del segundo discurso de Moisés, es una reflexión del pasado para alentar un futuro en mayor fidelidad a la alianza con Dios que ha elegido a su pueblo. A esta fidelidad está condicionada la Alianza con Dios, por la que pasa el cauce de sus bendiciones Quien la quebranta escoge la maldición. Lo que más tentaba a Israel era la idolatría, la infidelidad de ir tras dioses extranjeros, con un culto externo sin vida y sin alma. La Palabra de Dios es la que juzga, o mejor, los mismos creyentes se juzgan por su fidelidad o no a la Palabra de Dios. La referencia al corazón es frecuente en este libro, sólo si la palabra alcanza al corazón puede dirigir y orientar toda la vida.

Este domingo empieza una serie de dieciséis fragmentos selectos de la carta a los Romanos. Pablo cuenta con el texto de hoy cómo ni en el paganismo ni en el judaísmo consiguieron los hombres la Justicia de Dios. El mundo entero estaba bajo el dominio real del pecado hasta la venida de Cristo. Él con su redención hace venir la Justicia, es decir, los bienes salvíficos ofrecidos por Dios. Para participar en ellos son inútiles las obras independientemente de la fe. Fe que se realiza en la caridad, y, como consecuencia , en el comportamiento de una vida nueva. Es la fe la que nos pone en contacto con Cristo y su salvación. La misión de Jesús es ofrecerla a todos los hombres gratuitamente para que sea acogida por la adhesión personal a ese Dios que se revela por medio de Él. La distinción entre judío y gentil ha desaparecido por la Cruz de Cristo, en adelante sólo hay un pueblo adquirido por Jesús por la fe que acepta la oferta gratuita de la salvación, como don generoso de Dios.

Mateo en el texto del evangelio de hoy presente las características del verdadero discípulo de Jesús. Avisos contra la fácil ilusión de decir y no hacer. Integran el fragmento tres pequeñas unidades literarias: una condición para entrar en el Reino de Dios; una alusión al Juicio Final, y una parábola. No basta decir: “¡Señor, Señor!”, este titulo es el propio de Jesús glorioso, por lo que equivale a una confesión solemne de su divinidad. Seguir a Jesucristo significa imitar toda su vida en todos sus aspectos, hacer de los ideales del Maestro los propios. Por tanto, un verdadero discípulo es el que coloca en primer plano y en el centro de su vida y acción la voluntad-proyecto de Dios a favor de los hombres.

La de (apertura y adhesión de toda la persona al Dios personal que se nos revela en Jesucristo), es la tarea principal y el camino que conduce al Reino. Una fe que ha de expresarse y realizarse en el amor. Lo mismo ocurre con los milagros: estos son presentados como expresión de la misión de Jesús y como garantía de la misma.

Jesús afirma que sus palabras son como roca viva. En aquel tiempo era frecuente el recurso a la imagen de la roca como expresión de seguridad, firmeza y permanencia. El que escucha las palabras de Jesús con un corazón limpio y dispuesto, asienta el sentido de su vida y de su destino futuro sobre realidades vivas y firmes. Todo el sermón del Señor es como una roca viva sobre la que se puede construir el edificio de un verdadero discípulo que conduce a la posesión del Reino.

Ángel Fontcuberta


mejorar la celebración

LA IMPOSICIÓN DE LA CENIZA  


El Misal actual contempla la ceniza no tanto como un recuerdo de que el hombre es polvo (cfr. Gn. 3,19)) cuanto como un signo de una voluntad de conversión y de renovación pascual. De ahí que se hayan introducido nuevos textos y una fórmula al imponerla: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15).

Del mismo modo resulta significativo el momento en que debe hacer el roto de la imposición de la ceniza: después de la homilía, para mostrar cómo la conversión y la penitencia surgen de la interpelación que nos hace la Palabra de Dios.

Este rito es propio de este día y no puede trasladarse, como algún celebrante hace por razones – según dicen – “pastorales” al no poderlo recibir los fieles que trabajan y no pueden acudir a la celebración, al domingo de Cuaresma, ya que los domingos, aunque sean los cuaresmales, no son (según la tradición más antigua de la Iglesia) días penitenciales ni por lo tanto de ayuno.





al ritmo de la semana


EL MIÉRCOLES DE CENIZA

Ya el sacramentario Gelasiano del siglo VII, sitúa la entrada de la penitencia canónica el miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma. Por eso se llamara “Miércoles de Ceniza”. Este día, después de haber escuchado la confesión de penitente, el obispo impone las manos cobre la cabeza de los penitentes, les cubre de ceniza, las hace vestir de cilicio (una prenda hecha de pelo de cabra) y les invita a emprender un camino de conversión y de penitencia. Al fin de la celebración, los penitentes son invitados a salir del templo y entrar a formar parte del “orden” de los penitentes. El rito de reconciliación tendrá lugar el día de Jueves Santo.

Durante el tiempo que dura la Cuaresma, los penitentes se entregarán a toda clase de mortificaciones y prácticas piadosas. Asimismo, se someterán a rigurosos ayunos, con la total prohibición de comer carne; darán abundantes limosnas y se ejercitarán en toda clase de obras de misericordia. En la asamblea litúrgica se situarán en un lugar especial al fondo de la Iglesia, asistiendo solamente a la Liturgia de la Palabra. Antes del Ofertorio, se ruega por ellos en la Oración de los fieles y se les despide. Todos estos gestos penitenciales, marcados a veces por una excesiva rudeza y rigurosidad, deberán ser la expresión visible de la penitencia interior.

De este modo, han de hacerse patente a toda la comunidad cristiana su estado de ánimo, su actitud de arrepentimiento y de conversión y, sobre todo, su voluntad decidida de emprender el camino de renovación cristiana; sin excluir, no obstante, en estos actos penitenciales, su carácter de expiación y satisfacción por los pecados.

Este conjunto de prácticas de penitencia son, en definitiva, expresión de la actitud del hombre que se siente pecador ante Dios y espera con ansiedad el perdón de la misericordia divina.

Desaparecida la penitencia canónica, la celebración del Miércoles de Ceniza nos invita hoy a una revisión profunda de nuestra vida, de nuestros criterios de comportamiento y de nuestras actitudes, a iniciar un proceso serio de conversión y de purificación. Cuaresma es un tiempo de gracia que Dios nos concede a fin de que, escuchando su Palabra, reflexionando personalmente a su luz y encontrándonos con Dios en el silencio de la soledad del desierto singular que hemos construido en la profundidad de nuestra íntima conciencia lleguemos a experimentar la capacidad
de transformación de la luz pascual.

En este sentido, la Cuaresma ha de convertirse para toda la Iglesia en un tiempo de reflexión en que todos y cada uno de los fieles asuman conscientemente su condición de bautizados, hagan balance sobre el cumplimiento de los compromisos y ratifiquen su proyecto de vida cristiana al renovar las Promesas bautismales en la solemne Vigilia Pascual.




Para la Semana

Lunes 7:
Santas Perpetua y Felicidad.

Tb 1,1a.2; 2,1-9. Tobías temñia a Dios más que al rey.

Mc 12,1-12. Agarraron al hijo querido, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

Martes 8:


Tb 2,10-23. Tobías no se abatió a causa de la ceguera.

Mc 12,13-17. Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios.

Miércoles 9:

JI 2,12-18. Rasgad los corazones y no las vestiduras.

2Cor 5,20-6,2. Reconciliación con Dios: ahora es tiempo favorable.

Mt 6,1-6,16-18. T Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Jueves 10:


Dt. 30,15-20. Hoy pongo delante bendición y maldición.

Lc 9,22-25- El que pierda su vida por mi causa la salvará.

Viernes 11:


Ia 58, 1-9a. El ayuno que quiere el Señor.

Mt 9,14-15. Cuando se lleven al novio, entonces ayunarán.

Sábado 12:

Ia 58,9b-14. Cuando partas tu pan con el hambriento…, brillará tu luz en las tinieblas.

Lc 5,27-32. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.

 

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