PINTADAS.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Normalmente este es un barrio tranquilo y respetuoso, pero como es muy grande tiene que haber de todo. Esta noche le ha tocado al obtuso del spray. Al menos ha hecho las pintadas en la acera, lo que es de agradecer. Es de agradecer pues si existen pintadas originales, con gracia e inventiva, como esa que decía: “Las feas tienen derecho a vivir…, pero no todas en este barrio”, o aquel que puso en su establecimiento: “Cerramos por viaje. (No es de placer, voy con mi mujer)”. Pues eso serían pintadas graciosas o ingeniosas. Estas simplemente las ha leído en algún artículo y se meten un poco con los creyentes y con a sociedad en general, pero sin gracia ni ingenio, sólo con buena letra y faltas de ortografía. Ahora le tocará al Ayuntamiento borrarlas, o sea, que lo pagaremos entre todos. Las pintadas no son manera de decir las cosas. Es como el Facebook de los cobardes, que no se atreven a presentarse. Son anónimos que no saben a quien dirigirse y dejan sus ideas en cualquier parte (desgraciadamente casi nunca ni eso, simplemente  eslóganes copiados de algún sitio). Pero bueno, hay gente que les gusta ensuciar, pero no puede esperar que me los tome en serio.

“Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.” Para pedir algo no hay que hacer una pintada, sino dirigirse a aquel a quien le queremos pedir algo. A Dios no podemos dirigirnos con exigencias y desde el anonimato. Cuando queremos pedir a Dios tenemos que presentarnos. Y no sólo con nuestro nombre, sino, como es verdad, desde nuestro mismo ser. Nuestro ser de pecadores, de personas débiles y necesitadas. A Dios no podemos pedirle diciendo que es lo que nos merecemos, pues no merecemos nada. Sólo desde la humildad se pude pedir a Dios. “El Señor se resiste a los soberbios y a los humildes da su gracia”. La humildad no es el miedo o el temor a la represalia de un gran señor enojado. La humildad para pedir es la de reconocer la verdad y saber que cualquier don de Dios, por pequeño que nos parezca, es inmerecido.

Lo mismo nos ocurre a la hora de buscar. El soberbio se empeña en buscar donde él cree que tienen que estar las cosas, donde lógicamente las dejaría él. Siempre me han hecho mucha gracia esos ripios de la Biblia en verso que dicen: “El Niño Jesús nació en un pesebre, donde menos se espera salta la liebre”. La búsqueda es una actitud constante y, tal vez donde menos lo esperemos, hallaremos.

Y por último llamar. Para llamar también hay que ser humilde. El que llama va a entrar en casa de otro (si es que le abren), y tendrá que aceptar las normas y las reglas del dueño de la casa. Si no te gusta la decoración lo mejor que puedes hacer es callarte. En ocasiones no nos damos cuenta que realmente vivimos desterrados en este valle de lágrimas y que el único lugar donde seremos realmente felices será en la casa de nuestro Padre del cielo… y a veces llamamos como si fuera el vecino molesto y vamos a recriminarle lo que hace.

“En resumen: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas” Para tratar a los demás como a uno mismo hay que ser realmente humilde y se lo pedimos hoy al Señor, junto a todos los que sufren las consecuencias de las catástrofes naturales, de las guerras, de la violencia, de la enfermedad, la prisión o la injusticia. Que María, nuestra madre, nos ayude a caminar en la verdad y a no ser una pintada, que luce mucho y dice poco.

 

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