Domingo de la 4ª semana de Pascua. San Isidro Labrador – 15/05/2011

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Comentario Pastoral
TRES DEFINICIONES DE CRISTO

El diccionario dice que definir es “fijar con claridad, exactitud y precisión la significación de una palabra o la naturaleza de una cosa”. Hoy, en el evangelio de este cuarto domingo de Pascua, encontramos tres definiciones que hace Cristo de si mismo: es puerta, pastor y aprisco.

La experiencia cotidiana de cada persona está cargada de entradas y salidas de muchos edificios. Tenemos un manojo de llaves para abrir las puertas de nuestros usos y dominios. Pero la puerta no es sólo un vano en la pared o un armazón que protege.

En la Biblia se habla muchas veces de la puerta de la ciudad, que, fortificada, garantiza la seguridad de los ciudadanos. Franquear las puertas del templo significa acercarse a Dios; salvarse es penetrar por la puerta del cielo, que se abre a quien llama desde la fe. Jesús es la puerta de acceso al Padre, la puerta que introduce en los pastores donde se ofrecen libremente los bienes divinos. Los discípulos de Jesús deben ser siempre “puerta” abierta para los demás, y no pared de rebote o muro de choque. Y para que el cristiano aparezca ante el mundo como una “puerta” de entrada; como oferta de salvación, cada creyente tiene la responsabilidad de vaciarse de sí mismo para no ser un obstáculo.

Jesús es el único y buen pastor de la comunidad cristiana. Superando una idea bucólica o despectiva, hay que entender al pastor como el hombre de coraje, de audacia y de prudencia, que camina delante y conoce las ovejas. En lenguaje actualizado, el pastor es el líder y el guía. Desde las catacumbas, los cristianos siempre han reconocido a Jesús como el buen Pastor que da la vida por sus ovejas y muere como “cordero de Dios” para hacerse alimento de su rebaño. Por eso su ejemplo es camino para sus seguidores.

Jesús es también el aprisco del rebaño. En él se encuentra la defensa, el abrigo y el descanso. Él es el Reino de Dios, al que no se entra con astucia, corno los ladrones, ni con violencia, como los salteadores, sino en la fidelidad, en el servicio total, en la paz que es plenitud de bien.

En este domingo la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones- al sacerdocio y ministerios, a la vida misionera, a la profesión de los consejos evangélicos en la N ¡da religiosa o en institutos seculares. Es tarea permanente, pero más que nunca de este día, orar por las vocaciones consagradas: las que hay y las que tendría que haber. Para que sean puerta que abren el acceso a Dios y buenos pastores, como Jesús, para su pueblo.

Andrés Pardo


 

 


Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 2, l4a. 36-41 Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5.
san Pedro 2, 20-25 san Juan l0, 1-10

Comprender la Palabra

Continúa este domingo la lectura del capítulo segundo de los Hechos de los apóstoles, con el final del primer discurso de san Pedro. Jesús de Nazaret, verdadero hombre en todo menos en el pecado, es el Señor de la historia de los hombres y el único garante verdadero de las esperanzas humanas. La oferta de Dios es gratuita en su Hijo Jesucristo, pero el hombre debe responder en su libertad. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el Reino del Padre y han recibido la buena nueva de salvación para comunicarla a todos.

La segunda lectura continúa la primera carta de san Pedro en la que se repasan los deberes de los creyentes mientras peregrinan por este mundo junto a sus hermanos los hombres. La finalidad de esta carta es alentar la esperanza de los creyentes que sean objeto de persecución. Ser perseguidos manteniéndose en la fidelidad es cosa agradable a Dios, el misterio del sufrimiento y los interrogantes que suscita siguen presentes en la historia. Pero ahora el hombre tiene un punto de referencia para su interpretación y comprensión: Cristo glorioso que sigue presente al lado del hombre.

En el Evangelio el gentío que escuchaba a Jesús comprendía la alegoría religiosa del Pastor. El Mesías anunciado por los profetas tenía que aparecer ante el pueblo como representación y presencia del único Pastor supremo, que es Dios. Al afirmarse como Pastor de Israel, Jesús se definió Mesías. Para la primitiva Iglesia cristiana, refugiada en las Catacumbas, la imagen del Buen Pastor era símbolo del Amor de Cristo. Esta página del Evangelio, en la que Cristo afirma su identidad diciendo que Él es el Buen Pastor, comienza fijando su atención en una escena de la vida real: lo que sucede en el aprisco. El pastor auténtico se contrapone al ladrón y luego al apacentador extraño, que las ovejas no reconocen, Jesús es la Puerta: los que no entran por ella son ladrones. Jesús es, también, el Buen Pastor que conoce, ama, sirve, cuida, defiende y acrecienta el rebaño (el Pueblo de Dios, la Iglesia) hasta dar la vida por él.

Jesús viene a este mundo para ser la cabeza de la humanidad. Y va por delante abriendo el camino de la vida para los hombre, porque es la luz “que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn 1,9) y lo realiza en sí mismo para que el discípulo siga sus pasos. Es el único Mediador entre Dios y los hombres; el único puente posible entre el Padre y los hombres sus hermanos. Todo hombre se salva sólo por Jesucristo.

La Iglesia está presente en el mundo como una prolongación de Jesús animada por el Espíritu Santo. La comunión sincera entre sus miembros es un signo para que el mundo acceda a la fe en Cristo y crea que es el Enviado del Padre, Jesús es, por tanto, la esperanza de toda la humanidad.

Ángel Fontcuberta


 


 





al ritmo de las celebraciones


1. ARRAIGADOS EN CRISTO (2)

En nuestro plan de pastoral para este curso debemos dar gran importancia a todo lo que nos haga crecer en el conocimiento y seguimiento de Cristo, de forma que su vida misma arraigue en nosotros y nosotros en Él. Hemos de tener en cuenta el hecho de que “las Jornadas Mundiales de la Juventud no consisten sólo en esa única semana en la que se hacen visibles al mundo. Hay un largo camino exterior e interior que conduce a ella”Ese camino interior no es otro que el de la fe con la que nos adherimos personalmente a Cristo y que nos conduce cada día al encuentro con Él. Esto es lo que pedimos en la oración de la Jornada: “Tú eres la Vida. ¡Que nuestro pensamiento, nuestro amor y nuestro obrar tengan sus raíces en Ti!”.

En este sentido, toda la comunidad diocesana debe asumir la tarea de repasar, aunque sea de forma muy sintética, el conjunto de la fe cristiana tal como se profesa en el Credo. Quien lo profesa de verdad, y no sólo con los labios, comprende su propio ser, qué significa ser un hijo de Dios, redimido por Cristo y santificado por su Espíritu. Descubre su dignidad como miembro de la Iglesia y el gozo de vivir ya aquí la vida eterna. Los jóvenes particularmente, gracias al programa catequético de preparación a la Jornada, podrán hacer este camino interior hacia Cristo mediante la reflexión sobre los artículos del Credo, que no son formulaciones ajenas a la vida, sino la misma vida de Dios presente en nuestra existencia cotidiana. “El justo vivirá por la fe” (Rom 1,17), dice san Pablo aludiendo a la capacidad que tiene el Evangelio para hacernos vivir en plenitud. La llamada de Cristo a creer en Él sólo se entiende plenamente desde la confesión de Pedro: “Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).

Cuando el conocimiento de Cristo arraiga en nosotros, toda nuestra vida – pensamientos, emociones, relaciones personales, iniciativas… – tiene en Jesucristo sus raíces, que le dan alimento y firmeza. El cristiano crece progresivamente según la medida de Cristo y se realiza esa admirable transformación en Él. En la personalidad de un creyente en Jesucristo no queda elemento que no sea iluminado por su luz, corregido con su poder, transfigurado por la gracia, reinsertado en su verdadera dimensión por la relación personal y viva con el Señor. Toda la verdad del hombre, dice la Constitución Gaudium et Spes, encuentra en Cristo su fuente y su corona. Por esta razón, nos sentimos urgidos, como misioneros, a proclamar a otros nuestra experiencia de Cristo para que también ellos gocen conociendo a Cristo y viviendo la novedad absoluta de la vida nueva que nos trae. Esto es lo que pedimos, en realidad, en la oración de la Jornada Mundial de la Juventud: “Nos llamas a trabajar contigo. Queremos ir a donde tú nos envíes, a anunciar tu Nombre, a curar en tu Nombre, a acompañar a nuestros hermanos hasta Ti”. (”Firmes en la fe”, Carta Pastoral del Cardenal Rouco Varela con motivo de la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud, Madrid 2011).




Para la Semana

Lunes 16:

Hechos 11,1-18. También a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva
a la vida.

Juan 10, 11 -1 S. El buen pastor da la vida por las ovejas.

Martes 17:

Hechos 11,19-26. Se pusieron a hablar tam-bién a los griegos, anunciándoles al Se-ñor Jesús.

Juan 10,22-30. Yo y el Padre somos uno.


Miércoles 18:

Hechos 12,24-13,5a. Apartarme a Bernabé y a Saulo.

Juan 12,44-50. Yo he venido al mundo como luz.

Jueves 19:


Hechos 13,13-25. Dios sacó de la descendencia de David un salvador.

Juan 13,16,20 El que recibe a mi enviado me recibe a mí.

Viernes 20:

Hechos 13,26-33. Dios ha cumplido la pro-mesa resucitando a Jesús.

Juan 14,1-6. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.

Sábado 21:



Hechos 13,44-52. Sabed que nos dedicamos a los gentiles.

Juan 14,7-14. Quien me ha visto a mi ha visto al Padre.



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