Domingo de la 18ª semana de Tiempo Ordinario. – 31/07/2011

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Comentario Pastoral
COMIDA Y EUCARISTÍA

La comida” es uno de los simbolismos y componentes fundamentales de todas las culturas. A través del banquete se comunica la alegría de un nacimiento, el gozo nupcial; se refuerza la amistad, se establecen contactos laborables y se celebran rituales oficiales. La liturgia de la Palabra de este domingo es muy expresiva y sugerente en este sentido.

El profeta (primera lectura) subraya insistentemente la gratuidad de la comida y de la bebida: “0id sedientos todos; acudid por agua también los que no tenéis dinero; venido, comprad trigo; comed sin pagar, vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta?”. El agua hace referencia a la vida, a la libertad, al Espíritu, al templo de Jerusalén, fuente de agua viva. El vino y la leche son dos signos de la fertilidad de la tierra de la promesa y de la bendición del Señor. El trigo y el pan es el sustento básico e indispensable para poder subsistir, mientras que los manjares suculentos evocan el banquete mesiánico. El simbolismo de la comida alcanza la plenitud de su expresividad en la narración de la multiplicación de los panes. En el transfondo teológico de este acontecimiento está el maná del Éxodo y los panes de Elíseo, pero sobre todo la institución de la Eucaristía.

En el relato evangélico de Mateo, la mesa del desierto es un anticipo de la cena eucarística, y los gestos de Jesús en la multiplicación son una secuencia de los propios de la cena pascual: 1evantar los ojos al cielo, pronunciar la bendición, partir y repartir el pan”.

Es incompleto el servicio sacramental de la Iglesia si no va acompañado del servicio de la caridad. No podemos partir el pan en la Eucaristía si no nos comprometemos a repartirlo fuera de ella y no nos podemos quedar en repartir el pan para el cuerpo, si no cultivamos y anunciamos también el deseo del pan del espíritu, la Palabra de Dios.

Andrés Pardo


Palabra de Dios:

Isaías 55, 1-3 Sal 144, 8-9. 15-16. 17-18
san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39 san Mateo 14, 13-21

Comprender la Palabra

La primera lectura pertenece a la parte final del segundo Isaías. El tema es la Alianza con Dios, con cuyo cumplimiento se consiguen los bienes de primera necesidad para la salvación. Por encima de las resistencias, Dios tiene un proyecto que lleva adelante. Siempre ha habido unas grave tentación: conjugar la esperanza cristiana y subvenir a las necesidades perentorias. No hay contradicción. La respuesta nos la da Jesús cuando invitó a pedir al Padre, como hijos suyos, el pan de cada día que incluye todos los bienes que el hombre necesita en su totalidad para conseguir la salvación y experimentar la solicitud de la providencia.

Este domingo concluye el capítulo octavo de la carta de san Pablo a los Romanos. El amor de Dios es salvador y liberador para el hombre. En la raíz de la restauración total del hombre, de la posibilidad segura de su esperanza, está el amor incondicional y encarnado del Padre por todos en Jesús. Y la manifestación real tangible y convincente es la presencia de Cristo en nuestra historia. Los hombres y mujeres de nuestro tiempo son invitados, una vez más, a saborear la gratuidad sin condiciones que Dios le ofrece en Cristo Jesús.

El Evangelio recuerda aquella tarde de la multiplicación de los panes que quedó para siempre en la memoria de los apóstoles. Todo lo que hacía Jesús era a la vez realidad y signo. La multiplicación de los panes fue el acto conclusivo de la misión popular del Señor en Galilea. Gesto de compresión, testimonio de afecto, signo y preludio de la nueva comunidad mesiánica. Cuando los apóstoles daban a conocer a los nuevos creyentes los recuerdos de Jesús. Insistían en el de aquella tarde. Reflejan esta insistencia los evangelios escritos, con sus seis relatos, y también al arte paleocristiano.

Jesús, al enterarse de la muerte del Bautismo, intenta retirarse a un lugar solitario, pero la gente no le deja: siente lastima de ellos. Su actividad misionera es intensa: predica la Buena Nueva de la salvación, cura a los enfermos, atiende a todos y, como vemos, también les da de comer.

Este milagro de Jesús es también un programa para la comunidad de los seguidores del Maestro. La Iglesia no sólo ofrecerá el Pan con mayúscula (Eucaristía), sino el pan con minúscula: preocupación por la justicia a favor de los débiles y la solidaridad de los que tiene con los que no tienen… Jesús con esta dinámica del pan material y del pan espiritual, ayuda a las personas a pasar del hambre de lo humano al hambre de los divino. Lo mismo tendremos que hacer nosotros, los cristianos. El lenguaje de la caridad es el que mejor prepara los ánimos para que acepten también nuestro testimonio sobre los valores sobrenaturales.

Ángel Fontcuberta


sugerencias litúrgicas

La Liturgia de la Palabra (cont.) 


Una de las restaruraciones más significativas de la Reforma litúrgica ha sido dar a la proclamación de la Palabra de Dios un lugar propio, destacado, exclusivo (el ambón), estableciendo que la Palabra (por lo menos en la celebración de la Eucaristía) figure , no inserta y mezclada con las oraciones en el Misal, sino en libros propios, los Leccionarios. Estos deben ser libros grandes, bien impresos y encuadernados, y venerarse con signos litúrgicos. Aunque la normativa permita que la homilía, pueda hacerse también en el ambón, el lugar propio para hacerla es la sede.





mejorar la celebración de la Eucaristía


LAS MONICIONES

En la Misa las principales moniciones que pueden hacerse (no es necesario, ni siempre conveniente hacerlas todas) son:

1) Antes de iniciar las celebraciones para introducir la liturgia del día (partiendo de la Antífona de entrada del día, como sugiere la tercera edición
del Misal) mejor leída para lograr la deseada brevedad. Esta monición pued ensamblarse con la invitación al Acto penitencial (Cf. IJMR 31 y 48). Nunca debe hacerse de ella un resumen de las lecturas ni del motivo de la celebración que ya se acostumbra a saber (nos hemos reunido para …) Esta monición es más bien oportuna para las celebraciones más extraordinarias.

2) Antes de las lecturas, evitando adelantar en ella el contenido de las mismas (hoy s. Pablo nos hablará de…); una tal monición no introduce sino que adelanta y repite y con ello hace que la lectura resulte menos interesante. Algunas veces puede aludir al motivo, situación o contexto en el que Dios inspiro el texto; cuando se trata de una lectura continua puede recordarse lo que se dijo en el fragmento proclamado en la última celebración (el domingo pasado el apóstol recordaba; escuchemos como continúa su exhortación…) Así se ve y se vive mejor el sentido de lectura continua.

3) Antes del salmo (es quizás la monición más importante de la Liturgia de la Palabra). Ayuda a orar contemplando lo que se responde a la lectura proclamada (el salmo se llama responsorial más porque contiene la sugerencia de oración interior que porque el pueblo responda materialmente con una frase, que puede – no es necesario – repetirse). Contemplar con espíritu orante lo que respondemos a Dios que nos ha hablado. La ilación entre la lectura y el salmo no asostumbra a captarse sin esta monición. Estas monición es quizás más propia del mismo celebrante como maestro de oración.

4) Antes de la Plegarias eucarística (antes del saludo “El Señor está con vosotros” antes del Prefacio): es una monición importante, que convendría hacer sólo en algunos días, sobre todo en aquellos que tienen Prefacio propio. Se puede aludir brevemente a las lecturas y homilía subrayando que vamos a dar gracias por las grandes maravillas que Dios ha realizado, “hoy especialmente por…” pero sin largas explicaciones, atendiendo a la frase central del prefacio que seguirá.


Ángel Fontcuberta

Para la Semana

Lunes 1:

San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), obispo, doctor, fundador de los Redentoristas, maestro de teología moral.



Número 11,4b 15, Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo.

Mateo 14,13 -21. Alzo la mirada al cielo, pronunció la bendición y dio los panes a los discípulos; los discípulos se lo dieron a la gente.

Martes 2:
San Eusebio de Vercelli (+371), obispo, instaurador de la vida montística, propulsor (le la verdadera fe ante los arríanos. San Pedro Julián Eyrnard (1799 1868), presbítero, apóstol de la Eucaristía, fundador de los Sacramentinos,

Números 12,1 13. Moisés no es como los otros profetas, ¿cómo os habéis atrevido a hablar contra él?

Mateo 14,22-36 Mándame ir hacía ti andando sobre el agua.

Miércoles 3:

Números 13,1 2~25 14,1.26 29.34 35. Despreciaron esta tierra envidiable.

Mateo 15, 21 28 Mujer, qué grande es tu fe

Jueves 4:
San Juan María Vianney (1786 1859), humilde cura de aldea, que sobresalió por su predicación, ascetismo y don de consejo en el sacramento de la penitencia.

Números 20,1 13. Brotó agua abundantemente.

Mateo 16,13 23. Tú eres Pedro y te daré las llaves del Reino de los cielos.


Viernes 5:

Dedicación de la basílica de Santa María, erigida en el siglo V, en memoria de la Madre de Dios.

Deuteronomio 4,32 40. Amó a tus padres y después eligió a su descendencia.

Mateo 16,24-8. ¿Qué podrá dar un hombre para recobrar la vida?

Sábado 6:
Transfiguración del Señor. Anticipo del triunfo glorioso del Señor.

Daniel 7,9 10.13 14. Su vestido era blanco como la nieve.

Lc 9,28b-36. Moisés y Elías hablaban de su muerte.




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