La memoria como criterio para obrar

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En la primera lectura Moisés recuerda los preceptos fundamentales que debe seguir Israel. Lo que Dios quiere es que el pueblo le ame con todo el corazón y que le sirva, esto es, que guarde sus mandamientos. Pero, para que entienda el pueblo el fundamento de las enseñanzas Moisés recuerda algunas cosas.

En primer lugar señala: “Del Señor son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y cuanto la habita”. Con estas palabras se señala el señorío de Dios sobre toda la creación. Quizás una de las dificultades mayores de nuestro tiempo es la de reconocernos como criaturas. Nos olvidamos de que no nos hemos dado la existencia sino que esta nos ha sido comunicada por Dios. Él es el autor de todo. En cuanto creaturas somos dependientes. Ciertamente en Cristo hemos sido constituidos como hijos de Dios. Pero con anterioridad somos creaturas. Por tanto a nosotros nos corresponde, en primer lugar, reconocer ese hecho: Dios me ha dado la existencia. Él me conoce mejor que yo a mí mismo. De hecho, existo porque Él me mantiene en la existencia.

Tras este primer hecho Moisés señala otro. De todos los pueblos de la tierra Dios amó con especial predilección a Israel. Por eso dice que “sólo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia o escogió a vosotros de entre todos los pueblos”. Ese hecho singular de Israel, el ser el pueblo elegido, se reproduce con todos nosotros. También podemos decir que Dios se ha fijado de una manera especial en cada uno y nos ha llamado a formar parte dela Iglesia.Deuna manera singular nos ha elegido y por el bautismo entramos a formar parte de su pueblo.

Si nos fijamos en el texto del Deuteronomio vemos que Moisés extrae importantes enseñanzas. Para orientar la vida hemos de mirar al Dios que nos ha creado y nos ha elegido. De ahí que él empieza señalando como es Dios en su actuar: “no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al forastero, dándole pan y vestido”. Con esos términos describe Moisés la bondad de Dios y su misericordia. No lo define con atributos sino mostrando su modo de comportarse, que define su ser.

Si Dios es de esa manera (bueno y misericordioso), quienes han sido elegidos por Él han de obrar de la misma manera. De ahí que en la historia de Israel continuamente se haga memoria de los bienes que Dios ha obrado. Si por una parte ello es fuente de consuelo y hasta de cierto orgullo, por otra es el indicador constante de cómo comportarse. De ahí la conclusión de que hay que tratar bien a los forasteros porque ellos lo fueron en Egipto.

Para nosotros esta lectura nos indica que siempre hemos de comportarnos recordando el amor que Dios nos ha tenido primero. Esa memoria de los beneficios que hemos recibido del Señor ha de sostenernos para ser constantes en la práctica del bien, especialmente ayudando a las demás personas. Moisés nos señala que todo nuestro corazón ha de ser para Dios y que ello comporta un verdadero amor a las personas necesitadas que hay en nuestro entorno. Y siempre habremos de reconocer, ante ellos, que Dios hizo obras grandes por nosotros, al sacarnos del pecado y ofrecernos la salvación.

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