Domingo de la 24ª semana de Tiempo Ordinario. – 11/09/2011

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Comentario Pastoral
PERDONAR SIN LÍMITES

Al hermano se le debe corregir, pero “¿cuántas veces le tengo que perdonar?’. Pregunta importante, que siempre es actual por su difícil aplicación. Algunos textos bíblicos conceden el perdón hasta tres veces; el apóstol Pedro, a fuerza de magnánimo, se atreve a doblar la aplicación hasta siete veces; pero Jesús desconcierta con su respuesta exigiendo un perdón sin límites hasta “setenta veces siete”.

La parábola que se lee en el evangelio de la misa de este domingo es muy clara; está estructurada en tres escenas con dos protagonistas: rey y empleado; empleado y compañero; señor y siervo. Sobresalen los contrastes, la oposición de los comportamientos. Un gesto de buena voluntad alcanza el perdón inmediato de una gran deuda de quien posteriormente es incapaz e implacable para condonar el exiguo crédito de un compañero. Dios tiene infinita misericordia, mientras el hombre perdonado se muestra mezquino, tirano e intolerable para prolongar el perdón recibido.

El perdón siempre debe ser alegre, ilimitado, generoso. La parábola de referencia señala el paso de una concepción cuantitativa a una visión cualitativa del perdón. Perdonar es tener piedad y amor, superar las leyes de una justicia rígida o de un rigor inflexible. No existen límites ni casos cuando se juzga con amor.

Hoy somos invitados a romper la lógica de la venganza, la cadena del odio, la prisión del rencor y de la ira. Hoy se nos convoca al reencuentro del amor y de la magnanimidad. El corazón grande se manifiesta en el perdón, que es victoria sobre la venganza, propia de espíritus pequeños. El que perdona vence dos veces; por eso es laudable cantar la victoria del perdón sin límites frente a las derrotas de los que dicen que perdonan pero no olvidan. Quien no es capaz de perdonar totalmente a otros rompe el puente por donde puede venir el perdón que él necesita.

Es preciso coincidir en que es humano amar, pero que es más humano y cristiano perdonar. En el dilema de opciones por la virtud de la justicia o por la virtud del perdón sin límites, el discípulo de Jesús debe escoger siempre el perdón. Es cristiano aquél que no sabe odiar y manifiesta en toda ocasión el perdón, más fácil a los enemigos y siempre difícil a los amigos. Estamos todos tan necesitados de perdón que debemos reconocer como asignatura pendiente la indulgencia.

Andrés Pardo

Palabra de Dios:

Eclesiástico 27, 33-28, 9 Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12
san Pablo a los Romanos 14, 7-9 san Mateo 18, 21-35

Comprender la Palabra

En la primera lectura el autor del Eclesiástico, Ben Sirá, prepara muy de cerca la lección del evangelio del perdón: ¿cómo va a pedir misericordia y perdón a Dios el que es vengativo con su prójimo?. El fragmento de hoy pertenece a la sección de reflexiones sobre la compasión y el rencor, presentándolos como dos fuerzas antagónicas en el corazón del hombre. Mientras la venganza era algo habitual en las culturas antiguas, se introduce en la legislación judía la “ley del talión”: “ojo por ojo y diente por diente”, que representa una mitigación muy considerable y relevante de la venganza en aquella época. Israel irá avanzando pedagógicamente en esta mitigación, hasta que desaparezca con la predicación de Jesús, como nos muestra en el Sermón de la Montaña: “se os dijo, pero yo os digo”. La Escritura nos enseña que la venganza del hombre atrae la venganza de Dios. La tendencia a eliminar la venganza y sus consecuencias sigue siendo un mensaje con rigor actualmente. Aunque parezca que nuestra sociedad está muy lejos de aquellas costumbres primitivas, la realidad en que permanecen latentes en el corazón de los hombres modernos. Sólo la desaparición real de la venganza tanto en el corazón humano como en las relaciones internacionales, será posible construir una sociedad en justicia, paz y respeto sincero por todas las personas.

Termina este domingo la serie de fragmentos de la carta a los Romanos. En las líneas precedentes a las de hoy, Pablo da consejos de comprensión a propósito de ciertas curiosas divergencias que habían surgido dentro de la comunidad de Roma. Sabiendo muy bien que los problemas a ras de suelo apenas sirven para dividir, les exhorta a sentirse unidos en el más alto ideal: todo por Cristo. El que ama, trabaja y está dispuesto a morir por servir a Cristo, no tiene porque incomodarse con otros hermanos que también, a su legítima manera, aman y sirven al mismo único Señor.

La página del evangelio que leemos hoy termina la lectura del capítulo 18 de san Mateo, que contiene la conversación del Maestro con sus discípulos en la casita de Cafarnaún. Después de inculcarles el espíritu cristiano de la humildad y una predilección a favor de los niños, los débiles y pecadores, ahora concluye con el mandamiento del perdón fraterno, el más realista ejercicio del amor. La Iglesia y cada una de las comunidades cristianas, será familia de hermanos mientras sepamos pedir perdón y perdonar sin límites. El perdón siempre, en toda circunstancia y sin condiciones, encaja mal en nuestra mentalidad moderna. Por esta causa y por otras, muchos de nuestros contemporáneos tienen la impresión de que el Evangelio necesita siempre de una viva actuación seria. Pero la solución no es cambiar el evangelio de Jesús por otro, y todavía menos porque moleste al modo de entender la vida, las personas y las múltiples y complicadas relaciones humanas. El evangelio fue y es la expresión de lo que el hombre necesita de verdad para ser solidario, feliz y realizado.

La condición para el perdón es que ha de ser de corazón. Dios, en su misericordia, perdona al hombre en su interioridad. En coherencia con la actitud del Padre celestial, el hombre ha de perdonar desde su corazón. Allí donde alcanzó el perdón del Padre (corazón) es desde donde ha de partir el perdón para el hermano. Tiene, por tanto, el perdón dos condiciones imprescindibles: que proceda de la intimidad alcanzada por Dios y que se extienda a todas las ofensas y para siempre. Dios no concede el perdón con condiciones y quiere que sus hijos se perdonen mutuamente sin condiciones. Dios cuando perdona, olvida. Y lo mismo han de hacer los discípulos de Jesús, su Hijo.

Ángel Fontcuberta

 

sugerencias litúrgicas

Homilía y avisos a los fieles

 

La homilía es la alocución más importante que el celebrante dirige a la asamblea de fieles (por encima está, ciertamente, la lectura evangélica, pero ésta de por sí corresponde al diácono). De ahí que haya que poner especial cuidado en que los avisos que se dan a los fieles – tanto los “prácticos” como los “doctrinales”- no invadan el campo de la homilía ni se confunda con ella. La finalidad de la homilía es exclusivamente el “comentario contemplativo y orante” (no puramente exegético) de las lecturas y del sentido de la celebración o de algunas de sus oraciones en vistas a la oración y contemplación de los divinos misterios.
Dar avisos a los fieles en el mismo momento de la homilía o inmediatamente antes o después de la misma (peor aún si se mezcla con ella o la suplantan comentando la Jornada que se celebre) desvirtúa el carácter propio de la predicación. Para evitar este riesgo, el Misal de Pablo VI, sitúa estos avisos al final de la celebración, antes de despedir a la asamblea. (cfr. IGMR, 166 y 184; Ordinario de la Misa, 154).

 

mejorar la celebración de la Eucaristía


La Liturgia de la Palabra (cont.)

Salmo responsorial

“Después, el salmista o el mismo lector recita los versículos del salmo, y el pueblo va diciendo
la respuesta del modo acostumbrado” (IGMR, 129).

El salmo responsorial tiene la finalidad de “favorecer la meditación de la Palabra de Dios”.

En el caso de que no se pueda cantar, “se recita según el modo que más favorezca la meditación de la Palabra de Dios”.

El salmista o cantor del salmo proclama sus estrofas desde el ambón o desde otro sitio oportuno, mientras toda la asamblea escucha sentada y participa con su respuesta, a no ser que el salmo se pronuncie de modo directo, o sea, sin el versículo de respuesta. Con el fin de que el pueblo pueda decir más fácilmente la respuesta sálmica, pueden emplearse algunos de los textos de respuestas y de salmos que se han seleccionado según los diversos tiempos del año o según los distintos grupos de Santos, en lugar de los textos correspondientes a la lectura, cada vez que se canta el salmo. Si el salmo no puede cantarse, se recita según el modo que más favorezca la meditación (IGMR, 61).

“Si hay una segunda lectura antes del Evangelio, el lector la proclama desde el ambón, mientras todos escuchan, y al final se responde a la aclamación como se indica más arriba (IGMR, 128). Luego, si se ve oportuno, puede guardarse un breve tiempo de silencio” (IGMR, 130).

Ángel Fontcuberta

 

Para la Semana

Lunes 12:
Santísimo Nombre de María

1 Timoteo 2,1 8. Que se hagan oraciones por todos los hombres a Dios, que quiere que todos se salven.

Lucas 7, 1 10. Ni en Israel he encontrado tanta fe.

Martes 13:
San Juan Crisóstomo (349 407), obispo de Constantinopla, doctor, se esforzó por restaurar fielmente las costumbres del clero y del pueblo.

1 Timoteo 3,1 13. El obispo tiene que ser ineprochable; también los diáconos han de conservar la fe revelada con una conciencia limpia.

Lucas 7,11 17. ¡Muchacho, a ti te digo, levántate!

Miércoles 14:
La Exaltación de la Santa Cruz. La Cruz: de Jesucristo es el punto de referencia de nuestra fe y esperanza.

Números 21,4 9. Los mordidos quedaron sanos al mirarla.

Juan 3,13 17. Tiene que ser elevado el Hijo del Hombre.
Jueves 15:
Nuestra Señora, la Virgen de los  Dolores. Maria ha seguido los pasos de su Hijo. Firme al pie de la cmz, es modelo de fidelidad para todos los creyentes.


Hebreos 5,7-9. Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna.

Juan 19,25-27. Triste contemplaba y dolorosa miraba al Hijo amado la pena.
Viernes 16:
Santos Cornelio, papa y Cipriano obispo, mártires en el destierro, el primero en el 253 y el otro en la persecución de Valeriano en el 258.

1 Timoteo 6,2c 12. Tú, en cambio, hombre de Dios, practica la justicia.

Lucas 8, 1 -3, Algunas mujeres acompañaban a Jesús y lo ayudaban con sus bienes.
Sábado 17:
San Roberto Belarmino (s. XVI), jesuita, obispo de Capua, cardenal, doctor, célebre por sus disputas en defensa de la fe católica

1 Timoteo 6,13- 16. Guarda el mandamiento sin mancha hasta la manifestación del Señor.

Lucas 8,4-15. Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.

 

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