Domingo de la 25ª semana de Tiempo Ordinario. – 18/09/2011

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Comentario Pastoral
LOS ÚLTIMOS IGUAL QUE LOS PRIMEROS

“Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. Esta frase, que se lee en la primera lectura de la Misa de este domingo veinticinco del tiempo ordinario, es síntesis y clave perfecta para entender el comportamiento, irracional e injusto según los esquemas económicos en uso, del propietario de la viña.

En la parábola destacan dos extremos: la contratación progresiva, a lo largo del día, de obreros para la viña, los cuales reciben por igual el mismo jornal, y la indignación polémica de los primeros, que pensaban recibir más. En la parábola se ven claramente reflejados los fariseos y justos, “los primeros”, que se escandalizan de que Jesús ofrezca la salvación también a los pecadores, “los últimos”. Esta reacción sigue siendo demasiado frecuente, incluso en la Iglesia de hoy.

De hecho, los jornaleros de la viña más que reclamar un salario mayor, lo que hacen es lamentarse fuertemente porque han sido tratados por igual los contratados al amanecer y los que llegaron a última hora. Esta reacción es similar a la del neofariseismo, que se escandaliza por la apertura y ofrecimiento de la Buena Nueva a los pobres, humildes, desheredados y pecadores.

Junto con la contraposición de “primeros y últimos”, se puede entender también la antítesis “judaísmo -universalismo”. Tratar por igual a los paganos hería ciertos privilegios y cierta lógica humana que consideraba la salvación como un bien y un patrimonio nacional. Jesús trata por igual a todos, a judíos y paganos, a justos y a pecadores. La vieja alianza basada en el derecho y en la justicia es sustituida por la nueva, fundada exclusivamente en la gracia. El Reino es un don de Dios y no un salario por las obras de la ley; la salvación no es una recompensa contractual, sino una iniciativa divina, hecha por amor, a la que el hombre es invitado a participar con alegría y sin limitaciones.

En los planes de Dios no media proporción entre el jornal celeste y la obra humana, que nos lo hace merecer. Las obras terrenas merecen salarios terrenos; el trabajo en la viña del Señor recibe un premio sin proporción con el mérito. Por eso los últimos son tratados como primeros, porque nadie los había contratado, por que permanecieron a la espera durante el día entero, atentos a la llamada. ¿Qué justicia es ésta? Justicia divina.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Isaías 55, 6-9 Sal 144, 2-3. 8-9. 17-18
san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a san Mateo 20, 1-16

Comprender la Palabra

El contexto de la primera lectura es el final del Segundo Isaías. El texto de este domingo es una de las últimas exhortaciones a participar en los bienes de la nueva alianza y a convertirse mientras es tiempo oportuno. Dios está cerca de los hombres, por tanto se le puede encontrar siempre. Esta búsqueda de Dios exige una intensa dedicación y la apertura sincera del corazón y requiere unas condiciones propicias. Hoy como ayer la urgencia y necesidad de la búsqueda de Dios sigue siendo una tarea central para la felicidad del hombre. Jesús se esconde en el Pan y en el Vino, en la palabra, en la comunidad de los hermanos, en los pobres y en los que sufren, en los acontecimientos que nos descontrolan y nos desconciertan. Los discípulos de Jesús tenemos la misión de realizarlo, vivirlo y anunciarlo para bien de la humanidad.

San Pablo está prisionero y algunos se aprovechan de esta circunstancia para hacer más dolorosa su situación. La lectura de hoy recoge los desahogos del apóstol: sale de su corazón una página inigualable en sensibilidad y sufrimiento íntimo a causa de la misión recibida. En un mundo en el que los hombres y mujeres están sujetos a profundos debates, Pablo sigue siendo un modelo de realismo y de lealtad a una misión. Hay un criterio que fue válido entonces, sigue siéndolo ahora y lo será siempre, cuando en las dudas la balanza se incline a favor del bien del otro, este criterio es válido y auténtico. Los creyentes pueden aportar un gran valor al mundo de hoy: afirmar con la palabra y con el testimonio sincero que hay un futuro seguro por delante; es una oferta al hombre moderno de incalculable valor y de importantes consecuencias para conducir la vida personal y social.

En el evangelio leemos la Parábola de los llamados a trabajar en la Viña. La Vid y la Viña eran símbolo nacional de Israel. A Jesús le gustaba desarrollar parabolas en torno a la Vid y a la Viña, pues la gente entendía que hablaba del Pueblo de Dios, de su propio Pueblo elegido por Dios para promover en todo el mundo su reinado de justicia y paz. “Trabajar en la Viña” significa dedicarse al servicio del Reino de Dios. Creer y vivir el evangelio. La parábola de hoy es un aviso a los que padecen la enfermedad espiritual de la envidia, cáncer del amor fraterno.
Los que por considerarse “primeros” en su estimación pasan a ser “últimos” en la estimación de Dios.

A nivel humano cabía discutir la conducta del propietario de la viña. Pero las parábolas del Evangelio son para transparencia de una lección religiosa. Quiere decir que Dios llama a todos a “trabajar” en su Reino, en todas las épocas de la historia y en cualquier edad de la vida.
Abraza con la misma bondad a los que entran a “última hora” (como el buen ladrón en la cruz) y a los que sirvieron desde la primera infancia. Aceptamos en comunión con su bondad a las personas, instituciones o pueblo que entren, aunque sea “a última hora”, en nuestra familia eclesial. Sin envidia, que destruye el amor y es la raíz de todas las tensiones.

La parábola de los “trabajadores de la viña” invita, pues, a reflexionar sobre algunas de las características de la historia de la Salvación, que no siempre comprendemos los hombres.
Porque los caminos de la gracia de Dios están muy por encima de nuestras medidas y criterios, como hemos visto que dice con religiosa admiración Isaías en la primera lectura. La parábola es una defensa del evangelio del perdón y de la misericordia contra los fariseos que la rechazan, rechazando a Jesús su mensajero. Una parábola que encaja perfectamente en la vida real de Jesús y que es una advertencia severa para todos los tiempos: es una llamada severa de atención contra los que se atreven a levantar la voz contra la misericordia, la paciencia, la ternura y la indulgencia de Dios.

Lo que sucedía en torno a Jesús, pasó también en la comunidad cristiana a la que Mateo dirige sus palabras. Los antiguos judeocristianos miraban como de “última hora” a los convertidos del paganismo. Y les molestaba la predilección que se tenía por ellos, en su favor el evangelista, al poner por escrito la parábola, acentuó la idea de que muchas veces los últimos pasaban a ser los primeros, sobre todo, cuando a los (que se creen) “los primeros” les falta lo único necesario: la caridad.

Ángel Fontcuberta

 

mejorar la celebración de la Eucaristía


LITURGIA DE LA PALABRA (cont.)

Aleluya.
Después todos se ponen en pie y se canta el Aleluya a otro canto, según las exigencias del tiempo litúrgico” (IGMR, 131).
La aclamación antes del evangelio tiene la finalidad de que los fieles “acojan y saluden al Señor que les va a hablar en el evangelio y profesen su fe con el canto”.
Se dan unas normas concretas para su realización. Por ejemplo, que “lo cantan todos de pie”, porque ya pertenece al evangelio, que se va a escuchar de pie. Se indica cómo se canta la aclamación o versículo oportuno cuando, como en tiempo de Cuaresma, no se dice el Aleluya (IGMR, 61).
“Si no se canta, el Aleluya o el verso antes del evangelio pueden omitirse” (IGMR, 63).
Tal vez sería bueno reservar el aleluya para las celebraciones de domingo y de fiestas.
La “secuencia, que, fuera de los días de Pascua y Pentecostés, es facultativa, se canta antes del Aleluya” (IGMR, 64).
“Mientras se canta el Aleluya u otro canto, el sacerdote, si se emplea el incienso, lo pone en el incensario y lo bendice. Luego, con las manos juntas y profundamente inclinado ante el altar, dice en secreto: Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie dignamente tu Evangelio” (IGMR, 132).

Ángel Fontcuberta

 

Para la Semana

Lunes 19:

Esdras 1,1-6. Los que pertenezcan al pueblo del Señor, que suban a Jerusalén para reconstruir el templo del Señor.

Lucas 8,16-18. El candil se pone en el candelero para que los que entran tengan luz.
Martes 20:
San Andrés Kim Taegón y San Pablo Chong Hasang, mártires de Corea a principios del siglo XIX. En este siglo hubo 103 mártires de toda edad y condición social.

Esdras 6,7 8.12b,14 -20. Terminaron la construcción del templo y celebraron la Pascua.

Lucas 8,19- 21. Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.
Miércoles 21:
San Mateo, apóstol y evangelista, cobrador de impuestos cuando Jesús le llamó.

Efesios 4,1 7.11 13. Ha constituido a unos, apóstoles; a otros, evangelistas.


Mateo 9,9 -13. Sigueme. El se levantó y le siguió.

Jueves 22:
Ageo animó a sus conciudadanos después del exilio a reconstruir el templo de Jerusalén, cuya gloria será mayor que la del primero.

Ageo 1,1-8. Construid el Templo, para que pueda complacerme.

Lucas 9,7-9. A Juan le mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?

Viernes 23:
San Pío de Pieltrecina, religioso capuchino.

Ageo 1,15b 2,9. Todavía un poco más y llenaré de gloria este Templo.

Lucas 9,18-22. Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho,
Sábado 24:
Toda la profecia de Zacarias está llena de esperanza mesiánica, que hace del nuevo templo el punto de convergencia de la salvación de todos los pueblos.

Zacarías 2,5 9.14-15a. Yo vengo a habitar dentro de ti.

Lucas 9,43h- 45. Al Hijo del hombre lo van a entregar. Les daba miedo preguntarte sobre el asunto.

 

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