Domingo de la 27ª semana de Tiempo Ordinario. – 02/10/2011

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Comentario Pastoral
SIMBOLISMO BíBLICO DE LA VIÑA

La viña para la Biblia es un símbolo transparente de Israel y de su historia con su trama de bien y de mal, de fe e infidelidad, El “canto con la viña” del profeta y poeta Isaías que se lee como primera lectura en este domingo vigésimo séptimo, es una de las piezas líricas antiguas más impresionantes, que conserva hoy toda su belleza y vigor. Este canto otoñal, compuesto probablemente para la fiesta de la vendimia, tiene una fuerza de expresión que hay que entender en clave matrimonial. Junto a expresiones de amor total encontramos lamentos desilusionados.

La viña tiene algo de misterioso y su fruto regocija a dioses y a hombres. La presencia de viñedos es signo de la bendición de Dios, que es presentado en muchos textos bíblicos como esposo y viñador. La viña es imagen de sabiduría, de fecundidad, de riqueza, de esperanza, de sosiego, de alegría. Por eso el israelita devoto siempre le consoló recordar que Noé, el justo, plantó una viña en una tierra que Dios prometió no volver a maldecir ni castigar.

La viña evoca siempre la esperanza. “¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?”. Las uvas que Dios espera de su pueblo, viña escogida, son frutos de justicia y no la agria vendimia de sangre derramada.

Donde se entiende perfectamente el canto de Isaías es en la parábola de Jesús sobre los viñadores homicidas. El propietario es Dios; los labradores que arriendan la viña representan al pueblo hebreo; los criados enviados son los profetas; el hijo del dueño es Cristo. La historia del pueblo elegido es una secuencia de rechazos, de negaciones, de delitos, que revela el misterio de 1 pecado y de la incredulidad humana. Pero el nuevo Israel, que es la comunidad cristiana, se identifica con los fieles hebreos, que escucharon la voz de los profetas y creyeron. Los labradores de la viña que entregan los frutos a su tiempo son los que obran con justicia y defienden el derecho sin asesinatos ni lamentos. La injusticia es la respuesta negativa que el hombre da a la esperanza y confianza que Dios ha depositado en él.

No deja de ser sorprendente que Dios mismo, propietario de la viña, haya plantado la cepa auténtica que es Jesús. Podado en la cruz, ha dado el fruto generoso de la salvación, derramando el vino de su sangre, prueba definitiva de amor. Él es la vid verdadera y sus discípulos los sarmientos fecundos que llevan fruto abundante.


Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Isaías 5, 1-7 Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20
san Pablo a los Filipenses 4, 6-9 san Mateo 21, 33-43

Comprender la Palabra

El fragmento de la carta a los Filipenses recoge hoy algunas exhortaciones concretas. Pablo insiste a sus lectores, a que nada les preocupe, y quiere que eviten toda preocupación y angustia, anticipándose a los acontecimientos. Pablo les exhorta a ocuparse sosegadamente en las tareas fundamentales del Reino y de una vida humana correcta y laboriosa. Los creyentes, también hoy, debemos insistir una y otra vez en el compromiso moral y social: haciendo posible la justicia, facilitando a todos el conocimiento de la verdad, promoviendo la paz y la solidaridad, trabajando por la dignidad y el respeto de la persona humana.

Escuchamos hoy la última de las tres “parábolas de la Viña” narradas en el evangelio de Mateo. La primera fue la de los jornaleros (Mt 20,1-16); y la segunda la de los dos hijos enviados a trabajar en la “Viña” (Mt 21,28-32).

El significativo trasfondo literario supone a un propietario que arrienda su viña a unos colonos y más tarde envía servidores a recibir el fruto que le correspondía. Los colonos se declaran una y otra vez en rebeldía violenta. Les manda a su propio hijo. Desenlace trágico. El Maestro rubrica su sentencia, y se la aplica a ellos. En esta parábola de los viñadores rebeldes transparente la dramática situación que envolvió a Jesús y a la Iglesia apostólica.
El pueblo de Israel estaba llamado a ser instrumento de la realización del Reino de Dios.
Pero los dirigentes del pueblo frustraron el plan de Dios. Algunos de ellos tramaron y consiguieron la muerte de Jesús. El grupo de los discípulos recogieron su Misión al margen del judaísmo oficial, constituyendo otro “pueblo” abierto a todo el mundo.

La misión de Jesús está llegando a su fin. Él representa la última oferta de Dios a su pueblo y a los hombres. Es necesario reaccionar con sabiduría y pronto. Es necesario la vigilancia y la decisión. Hoy esta parábola sigue siendo una denuncia a cuantos ostentan una misión de dirigentes en la sociedad y, especialmente, en la Iglesia. Es necesario leer esta parábola desde nuestra situación e interrogarnos qué estamos haciendo con el carisma y la misión recibidos a favor de los hombres y mujeres que constituyen la Iglesia, la Viña del Señor.

Ángel Fontcuberta

 

sugerencias litúrgicas

Colocación del pan y el vino sobre el altar

 

El altar nunca debe presentarse como una simple mesa funcional, sino como un elemento simbólico-sacramental que aluce a la Mesa del reino celestial. Por eso, en el centro del altar deben colocarse, como elemento destacado y dominante, únicamente, el pan y el vino que pasarán a convertirse en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Todos los demás objetos deben colocarse de manera que no oscurezcan estos elementos sacramentales del pan y del vino.
Una deficiente ubicación del pan y del vino continúa observándose en la mayoría de las celebraciones eucarísticas. El pan y el vino (¡el Cuerpo y la Sangre de Cristo!) de ninguna manera pueden aparecer entremezclados entre los objetos funcionales y festivos, caso como uno de tantos objetos situados sobre el altar, sin relieve alguno (a veces el Misal ocupa el centro del altar, encima incluso de los corporales). Para que el altar cumpla su función simbólico- sacramental, es importante que aparezca como una mesa festiva, cuyo centro está ocupado por el pan y el vino, profecía del banquete en el que el Señor nos invitará a comer y beber en la mesa de su Reino.

mejorar la celebración de la Eucaristía


LITURGIA DE LA PALABRA (cont.)

Homilía

El sacerdote, de pie en la sede o en el mismo ambón, o en otro lugar idóneo, si conviene, pronuncia la homilía ; una vez terminada, puede guardarse un tiempo de silencio” (IGMR, 136).
La homilía es parte de la liturgia (cfr. IGMR, 65): lo afirmó claramente SC 52 y lo han ido repitiendo después varios documentos eclesiales. Antes del Concilio se consideraba más o menos un paréntesis. En las Rúbricas publicadas en 1960, muy poco antes del Concilio, se consideraba muy útil la homilía, pero no se debía “sobreponer a la celebración de la Misa, impidiendo así la participación de los fieles”, sino que se debía “suspender la celebración de la Misa y no reamudarla hasta terminada la homilía”.

En esta nueva edición del Misal se recomiendo mucho, pues es “necesaria para alimentar la vida cristiana”, se describe su identidad afirmando que es “una explicación de algún aspecto particular de las lecturas de la sagrada Escritura”, aunque también se puede comentar algún otro texto del Ordinario o del Propio de la misa del día. La homilía siempre tiene que “tener presente el misterio que se celebra y las particulares necesidades de los oyentes” (IGMR, 65).
La homilía la ha de pronunciar “ordinariamente el sacerdote celebrante” (IGMR, 66), según lo indica el CIC, can. 767&1. Es lo más lógico: el que representa a Cristo Maestro en la primera parte de la celebración (y a Cristo Sacerdote en la segunda) es quien dirige su palabra a la comunidad: También puede encargarse, aunque no sea lo normal, a un sacerdote concelebrante, y también “según la oportunidad, al diácono”. Pero “nunca a un fiel laico”: se subraya, por tanto, el papel del ministro ordenado como representante de Cristo, en esta ocasión de Cristo Maestro. Menos frecuente parece la última posibilidad que se deja: que digan la homilía un obispo o un sacerdote que no concelebren, aunque asisten a la celebración (cfr. IGMR, nn. 66 y 92).

La obligatoriedad de la homilía se afirma para los domingos y fiestas de precepto, “y no se puede omitir sin causa grave”. En los días feriales “se recomienda” para los tiempos fuertes (también para las ferias de Navidad, aunque no las hombre) y para “otras fiestas y ocasiones en que el pueblo acude numeroso a la Iglesia”. “Tras la homilía es oportuno guardar un breve espacio de silencio”, esta advertencia es nueva en la última edición del Misa (cfr. IGMR, 66).

Respecto al lugar desde el que el sacerdote pronuncia la homilía se dice que: de pie en la sede o en el mismo ambón, o en otro lugar idóneo.

Puede dar lugar a dudas el que en latín se diga que hace la homilía “stans ad seden”, ¿estando de pie? ¿sentado?: en el n. 138, la misma expresión se traduce ciertamente “de pie junto a la sede”, para la oración universal, que sí pide por su naturaleza que se realice de pie; parece que lo más coherente con su oficio de presidente es que la homilía la haga sentado; por eso la introducción al leccionario dice que la homilía se tiene “en la sede, de pie o sentado” (OLM 26).


Ángel Fontcuberta

 

Para la Semana

Lunes 3:

Jonás 1,1 2,1 11. Se levantó Jonás para huir lejos del Señor.

Lucas 10,25 37. ¿Quién es mi prójimo?

Martes 4:
San Francisco de Asís

Jonás 3,1-10. Los ninivitas se convirtieron de su mala vida, y Dios se compadeció.

Lucas 10,38 -42, Marta la recibió en su casa. María ha escogido la mejor parte.
Miércoles 5:
Témporas de Acción de Gracias y de petición, que la comunidad ofrece a Dios terminadas las vacaciones y la recolección de las cosechas al reemprender la actividad habitual.

Deuteronomio 8,7-18. Dios te da la fuerza para crearte estas riquezas.

2 Corintios 5,17 21. Reconciliaos con Dios.

Mateo 7,7 11. Quien pide, recibe.
Jueves 6:
San Bruno (1035 1101), presbitero, amante de la soledad fundó la Orden de los cartujos.

Malaquias 3,13 20a. Mirad que llega el dia, ardiente como un horno.

Lucas 11,5 13. Pedid y se os dará.

Viernes 7:
Nuestra Señora la Virgen del Rosario. Fiesta instituida en 1573, en acción de gracias por la victoria de Lepanto.

Joel 11,13-15;2,1-2 El día del Señor, día de oscuridad y tinieblas.

Lucas 11,15-26 Si yo echo los demonios con el dedo de Dios,entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Sábado 8:

Joel 4,12 21, Mano a la hoz, madura está ¡a mies.

Lucas 11,27 28. ¡Dichoso el vientre que te llevó!
Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios!.

 

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