Domingo la 28ª semana de Tiempo Ordinario. – 09/10/2011

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Comentario Pastoral
INVITAR A COMER ES GESTO SIGNIFICATIVO E IMPORTANTE

Todas las culturas religiosas han dado a la comida un sentido comunitario entre los hombres, o de los hombres con la divinidad. En la Biblia el banquete es un gesto de capital importancia. La comida humana significa fiesta, hospitalidad, amistad, paz sagrada. Es signo de reconocimiento, de alegría por el retorno (parábola del hijo pródigo). Los sabios dan reglas de conducta para las comidas. En el banquete cobra especial relieve el rito previo purifícativo, la palabra, la música, la acción de gracias.

El banquete alcanza su mayor expresividad cuando viene Cristo. Se le invita a la mesa de Lázaro,a las bodas de Caná, a casa de Sim6n, come con publicanos, aprueba la hospitalidad, recomienda el último puesto en el banquete y da de comer a la multitud. Al resucitar se hace reconocer con un banquete, la comunidad cristiana revive al resucitado en la fracción del pan, en la alegría y comunión fraterna.

Interesa por tanto comprender y profundizar el significado de la parábola de los convidados a la boda del hijo del rey, que se lee en la Misa de este domingo vigésimo octavo del tiempo ordinario. Destacan dos temas: el rechazo de la invitación y el traje de fiesta.

El rechazo de la invitación que Dios hace, bajo la imagen de rey generoso, es muestra de desprecio, de autosuficiencia y de violencia; es uno de los grandes misterios de la libertad humana. Irse a las tierras propias es preferir las posesiones de aquí abajo. Refugiarse en los negocios indica la absorción total por el trabajo como bien absoluto que proporciona comodidad. Los que no agregan un barrunto de excusa y maltratan injustificadamente a los mensajeros, son quienes radicalmente rechazan cualquier oferta de gracia y de salvación.

Los primeros indignos invitados son sustituidos por los comensales encontrados en los cruces de los caminos de la vida. Uno no estaba vestido con el traje de fiesta. (Según una costumbre antigua los criados cubrían al convidado con una túnica blanca). Si el invitado del último minuto ignora quién es el que convida; si no sabe que para sentarse a la mesa del rey ha de lavarse y cubrirse con el vestido limpio de los festines nupciales, que le es ofrecido gratuitamente, entonces es arrojado a las tinieblas, porque está sucio. Las tinieblas exteriores son lo opuesto a la luz interior, que permite ver la salvación, la alegría y la paz.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 25, 6-10a Sal 22, 1-6
san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19 20 san Mateo 22, 1-14

Comprender la Palabra

La primera lectura pertenece a la sección del libro de Isaías que se ha convenido en denominar “el Apocalipsis de Isaías” (24,1-27,13). Diversas predicaciones escatológicas relativas al fin del mundo, al castigo de enemigos y al reinado universal de Dios sobre Sión y sobre el mundo. El texto que leemos hoy nos muestra un gran banquete en el monte. Sión como símbolo de la salvación conseguida y disfrutada. En la primera etapa de la historia de la Salvación, la esperanza que se promete al pueblo de Dios se centra en bienes visibles y capaces de ser compartidos. El banquete abundante es una imagen muy sugerente y descriptiva. Isaías traslada esta imagen y su sentido simbólico a un nuevo orden de esperanza “escatológica”, es decir, la definitiva esperanza que todavía es una promesa cuando el profeta ejerce su ministerio. La salvación es una realización definitiva y acabada, universal, sin fronteras ni distinción de razas y pueblos, que buscan al Señor y su salvación. La visión de Isaías, es un símbolo de la unificación de todos los pueblos que buscan a Dios y la salvación. Hoy sigue abierto el proyecto universal de la oferta de Dios a todos los hombres. El banquete de la felicidad está preparado y se ofrece a todos. Nuestro mundo necesita saber que es invitado a ese gran banquete en el que cabemos todos y que se ofrece gratuitamente.

El texto de la segunda lectura de la carta de san Pablo a los Filipenses, pertenece a la parte de la carta en que el apóstol, abriendo su corazón una vez más ante su querida comunidad, agradece la ayuda que recibió de ellos estando en la cárcel. Es necesario que los creyentes hoy demos una imagen sincera a la hora de dar testimonio del evangelio, y de un modo particular los ministros consagrados. No es fácil proclamar el evangelio desde una situación de múltiples ataduras y compromisos que nada tienen que ver con la lozanía y valoración del Reino. Y la fuerza del propio evangelio sigue tan pujante ayer, hoy y siempre. El evangelio tiene fuerza por sí mismo para dar sentido a la historia compleja y dolorosa de los hombres.

El pasaje del evangelio de Mateo contiene el texto de la parábola del “banquete de bodas”, como llamada a participar en el gozo del Reino de Dios. Los llamados son muchos, son todos. Es voluntad de Dios que la entera comunidad humana entre en su Alianza. Pero va a ser la respuesta libre de cada hombre la que determine el número real de los “escogidos”. Jesús constató que eran bien pocos. Dios sigue llamando a su banquete a todos los hombres y mujeres del mundo. Todos somos convocados. Dios nos invita en serio, pues es nuestro Padre y quiere ver la sala del banquete llena. Como Dios es Padre y Madre a la vez, tiene los sentimientos que tienen los padres y las madres, pero en grado infinito y perfecto. Es una gran esperanza para la humanidad. Hay que seguir proclamando este evangelio de la gratuidad, de la misericordia y de la delicadeza de Dios, con la palabra y con un testimonio vivo y convincente.

El don gratuito exige una respuesta adecuada y coherente. La llamada es una gracia no merecida, pero la entrada en el Reino es una armoniosa conjunción de gracia y respuesta, de don y compromiso. También este aspecto del compromiso moral que entraña la fe en el evangelio, sigue teniendo un valor singular. Los discípulos de Jesús debemos seguir los pasos del Maestro. El compromiso moral y ético en medio del mundo es una exigencia de la fe madura en Jesús y en su evangelio.

Ángel Fontcuberta

 

sugerencias litúrgicas

La presentación del pan y del vino

 

La presentación de ofrendas, mal llamado Ofertorio, es uno de los ritos que con más frecuencia se realizan en desacuerdo con la normativa establecida en el Misal de Pablo VI. Algún uso está explícitamente prohibido, como la presentación simultánea del pan y del vino. El Misal dice, explícitamente, que el pan y el vino deben presentarse separadamente y cada uno con su fórmula correspondiente (cfr. IGMR, 141 y 142). Así mismo el Misal establece que las fórmulas para la presentación del pan y del vino han de decirse en secreto (cfr. Ordinario de la Misa, 21 y 23) y, sólo como excepción, permite (liceo) decirla en voz alta (cfr. Ordinario de la Misa, 23). Subrayar demasiado estas fórmulas puede impedir que los fieles vivan con menos intensidad el verdadero sentido del Ofertorio de la Misa que es la ofrenda del Cuerpo y Sangre del Señor. Los fieles se unen a la ofrenda no en este momento, sino en los momentos de ofrecimiento dentro de la Plegaria Eucarística (“que formemos en Cristo un solo Cuerpo… que él nos transforme en ofrenda permanente” -Plegaria Eucarística III-). Éste es el verdadero ofertorio, por lo que no conviene convertir la Preparación de las ofrendas en una especie de ofertorio popular.

 

mejorar la celebración de la Eucaristía


LITURGIA DE LA PALABRA (cont.)

La profesión de fe

El Símbolo lo canta o lo recita el sacerdote juntamente con el pueblo (cfr. IGMR, 68), estando todos de pie. A las palabras: Y por obra del espíritu santo se encarnó, etc., o que fue concebido… etc. todos se inclinan profundamente: pero en las solemnidades de la Anunciación y de la Navidad del Señor, se arrodillan” (IGMR, 137).

El Credo tuvo su lugar natural en el proceso bautismal y su celebración. Fue en oriente cuando, hacía el siglo VI o VII, se introdujo en la liturgia eucarística. En España en el siglo VI y antes de la comunión y del Padrenuestro. En Roma, no entró en la Eucaristía antes del siglo XI. La fórmula que se adoptó fue la que había redactado en Concilio de Nicea, el 325.

El Credo o profesión de fe “tiende a que todo el pueblo congregado responda a la Palabra de Dios”, que ha sido también “expuesta por medio de la homilía”. Sirve también (se añade en la última versión) para que la comunidad “rememore los grandes misterios de la fe (antes se hablaba de los “normas de la fe”) y los confiese antes de comenzar su celebración en la Eucaristía” (sería mejor decir “antes de comenzar la parte sacramental de la Eucaristía”, porque lo anterior ya era “celebración eucarística”, cfr. IGMR, 67).

Se dan normas concretas para su realización y también se recuerda que este Credo se ha de decir “con la fórmula aprobada para el uso litúrgico”. En el Misal se ofrecen la fórmula larga, la nicenoconstantinopolitana, y ahora también la breve, llamada “símbolo de los apóstoles”, que ya se había incorporado a algunas ediciones del Misal en lenguas vernáculas y que ahora se incluye en la edición latina. Proviene al menos del siglo III en Roma y ahora se recomienda su recitación en los tiempos de Cuaresma y Pascua, cuando se despliega el período catecumenal. También es litúrgica la fórmula dialogada, de la Vigilia Pascual y de la celebración bautismal.


Ángel Fonrcuberta

 

Para la Semana

Lunes 10:
Santo Tomás de Villanueva (1455-1486). Arzobispo de Valencia, que sobresalió por su caridad y prudencia y celo.


Romanos 1,1 7. Por Cristo hemos recibido este don y esta misión: hacer que los gentiles respondan a la fe.

Lucas 11,29 32. A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás,

Martes 11:
Santa Soledad Torres Acosta (1826-1887), virgen, fundadora de las religiosas ‘rministras de los enfermos”.

Romanos 1,16 25. Conociendo los hombres a Dios, no le han dado la gloria que Dios se merece.

Lucas 11,37 41. Dad limosna y lo tendréis limpio todo.


Miércoles 12:
Nuestra Señora del Pilar, Reina de la Hispanidad

1 Crónicas 15,3 4.15 16.16,1 2. Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado.

Hechos 1,12 14. Se dedicaban a la oración, junto con Maria, la madre de Jesús,

Lucas 11,27 28. Dichoso el vientre que te llevó.

Jueves 13:

Romanos 3,21 30a. El hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.

Lucas 11,47 -54. Se pedirá cuenta de la sangre de los profetas, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarias.
Viernes 14:

Romanos 43- 6. Abrahán creyó a Dios y esto le valió la justificación.

Lucas 12,1-7. Hasta los pelos de la cabeza están contados.

Sábado 15:
Santa Teresa de Jesús (1515- 1582), reformadora de la vida carmelitana, fundando quince nuevos carmelos, gran escritora espiritual.

Eclesiástico 15,1 6, Lo llena de sabiduría e inteligencia.

Mateo 11,25 30. Soy manso y humilde de corazón

 

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