Domingo de la 32ª semana de Tiempo Ordinario – 06/11/2011

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Comentario Pastoral
LA VIGILIA DE LA SENSATEZ Y EL SUEÑO DE LA NECEDAD

Según el uso matrimonial palestinense, en el último día de los festejos antecedentes, a la puesta del sol, el novio era llevado por sus amigos a la residencia de la desposada, que le esperaba vestida de juventud y virginidad. El grupo de las “doncellas” estaba pendiente de oír los primeros ecos de las voces en la lejanía y de que brillasen las luces rosadas del cortejo del esposo para salir al encuentro. Mas un extraño y largo retraso puede provocar que el sueño aflore y que el nerviosismo y la preocupación impidan la previsión del aceite necesario para alimentar la lámpara.

Todo lo antecedente es necesario conocerlo para poder entender la parábola que hoy se lee en la misa de este domingo trigésimo segundo del tiempo ordinario.

La parábola de las doncellas necias y sensatas es muy elocuente y está cargada de simbolismos, que merece la pena analizar.

Mantenerse en estado de vigilia es signo de prontitud, de tensión serena, de amor eficaz, de inteligencia y sensatez, Por el contrario, el sueño hace referencia a la torpeza espiritual, a la indiferencia, a la falta de la conveniente actitud. La antítesis “sueño vigilia” tiene como atmósfera de fondo el símbolo de la “noche”, momento de prueba y de espera del alba, y el símbolo de la “luz”, signo de vida y de alegría por el encuentro del esposo.

El aceite es signo de la cordial hospitalidad oriental, de la alegría y de la intimidad, del mesianismo y de la consagración sagrada.

La sensatez, y la necedad es la antítesis que resume y desarrolla toda la teología sapiencial, reflejada con vivacidad en la colección de reflexiones que contiene el libro de los Proverbios.

La virginidad es muestra de donación, de cercanía a las bodas, de madurez humana y religiosa.

El retraso del esposo es una invitación a escrutar los signos misteriosos de la lógica de Dios, para que vivamos siempre en el día de bodas y en la expectativa de lo inminente de la salvación total.

La puerta cerrada es una pequeña parábola que tiene su mejor interpretación en la gélica respuesta “no os conozco”. Detrás de ella se celebra el banquete nupcial de la salvación mesiánica ofrecida a los sensatos vigilantes.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Sabiduría 6, 12-16 Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8
san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18 san Mateo 25, 1-13

Comprender la Palabra

El contexto de la primera lectura del libro de la Sabiduría es la sección 25 del libro que reflexiona sobre Salomón y la búsqueda de la sabiduría. Este libro está escrito en el siglo I a.C., y el recurso a Salomón es un recurso frecuente y habitual tanto en Israel como en el mundo cultural circundante. En la Escritura encontramos con frecuencia la exhortación a la búsqueda de Dios, que se ha complacido en poner en el Templo su gloria y su nombre. La sabiduría es, ahora, la que invita a la misma actitud: es necesaria buscarla con interés y con perseverancia para que Dios la conceda. La búsqueda, por tanto, forma parte importante de la pedagogía divina. Dios no impone sino que propone su palabra para que la reciban los que la desean sinceramente. Y este deseo sincero se manifiesta de modo especial en la búsqueda.

La lectura apostólica pertenece a la sección de la carta a los Tesalonicenses dedicada a clarificar la suerte de los muertos y los vivos en el día del Señor. Pablo recuerda con frecuencia en sus cartas que el apoyo de la esperanza de los hombres está en Cristo Jesús que pasó por la muerte, que ha resucitado y que ha abierto el camino de la vida para todos los hombres. Nosotros creemos en el poder de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos y tiene poder para resucitarnos a todos con él. Es necesario que los discípulos de Jesús transmitan al mundo, por la palabra y el testimonio, que hay camino abierto a la vida futura. La garantía está en alguien que ha compartido realmente nuestra experiencia de muerte para enseñarnos a todos que no es el final. El final, más bien, es la vida feliz y gozosa en el Reino donde espera Jesús a toda la humanidad de la que participó plenamente, menos en el pecado. Los hombres y mujeres de nuestro tiempo necesitan este mensaje presentado de modo inteligente y convincente.

La parábola que leemos en el evangelio forma parte del “Sermón escatológico” según san Mateo. Este largo y difícil Sermón, se puede resumir en tres afirmaciones: 1ª) al término de la historia, vendrá el Señor; 2ª) pero nadie sabe el día ni la hora; 3ª) por tanto, hay que estar siempre a punto para recibirle. Jesús insta a sus discípulos a la esperanza firme contra todas las dificultades porque el final es seguro y glorioso; una exhortación insistente a la vigilancia sin cansancio porque el Señor volverá como un ladrón en medio de la noche, o como un esposo también a cualquier hora de la noche; un programa vigoroso con las preguntas finales necesarias para entrar en el Reino.

El Nuevo Testamento insiste en la actitud de vigilancia. La primera comunidad cristiana vivía en la convicción de que el Señor volvería pronto, muy pronto. Este deseo intenso se refleja en la fórmula utilizada por la primitiva liturgia cristiana: Marâ tha (¡Ven, Señor!). No se trata de un simple deseo, sino de una imperosa urgencia. El Señor volverá, con toda certeza; pero hay que estar vigilantes en la experiencia de la esperanza paciente y perseverante. La esperanza evangélica, acompañada por una intensa vigilancia, es la moraleja central de esta hermosa parábola. “Por tanto, velad…”. Es la recomendación final y hacia donde apunta todo el relato parabólico. Es necesario insistir en este aspecto porque así lo hace Jesús y es recogido muy bien por el evangelista. El creyente en Jesús, tiene por delante la doble tarea del compromiso temporal y la espera del Reino final y glorioso. Los hombres de nuestro tiempo necesitan los signos auténticos de la esperanza cristiana.

Ángel Fontcuberta

sugerencias litúrgicas

Jerarquizar las diversas partes de la liturgia eucarística

Para lograr una celebración de la Eucaristía plenamente fiel al mandato del Señor es necesario velar para que las cinco acciones imprescindibles o de institución divina (tomar pan y vino; pronunciar la acción de gracias; recitar sacramentalmente las palabras de la institución; romper el pan y distribuir a los fieles su Cuerpo y su Sangre) no solamente se realicen, sino que tengan un verdadero relieve en el conjunto de las acciones de la celebración, sin que ninguno de los ritos secundarios anulen en la práctica los cinco gestos fundamentales antes mencionados, cosa que pocas veces se da en la práctica. Ello acontece, por ejemplo: a) cuando los gestos de la presentación del pan y del vino, tienen más relieve que la acción de tomar el pan y el vino durante el relato de la Institución; b) cuando la oración sobre las ofrendas se pone al mismo nivel que el diálogo y texto del Prefacio; c) cuando las palabras consagratorias se pronuncian de manera de simple relato y no con pausa y solemnidad; d) cuando a la elevación del Cuerpo y Sangre del Señor se le da más relieve que a los gestos y palabras de la consagración; e) cuando el gesto de la paz se sobrepone al rito de la fracción del pan; f) cuando el celebrante se une a la asamblea en el canto de comunión, en lugar de decir “el Cuerpo de Cristo”, o cuando el comulgante olvida su “Amén” y, en lugar de esta profesion, se une al canto de la asamblea

 

mejorar la celebración de la Eucaristía


Liturgia Eucarística

El Ofertorio (2).
La historia del Ofertorio

La evolución que ha sufrido a lo largo de la historia este primer espacio de la celebración eucarística que ahora llamamos “preparación de los dones”, va desde la sencillez más escueta hasta un desarrollo prolongado y solemne.
En el principio se trataba sólo de que los diáconos traían al altar el pan, el vino y el agua para la celebración, sin oraciones ni ritos. Es el testimonio de san Justino en el siglo II, que en su Apología I dice: “seguidamente (después de la paz) se presenta al que preside sobre los hermanos pan y una copa de agua y vino mezclado: cuando lo ha recibido, eleva al Padre de todas las cosas alabanzas y gloria…”

El hecho de traer el pan y el vino al altar se prestaba fácilmente a un sentido simbólico, bien en la dirección de representar la pasión, que es el sentido que prevalece en la liturgia y escritos orientales; o bien, en el sentido de simbolizar los dones de los fieles y su ofrecimiento espiritual a Dios junto con la oblación de Cristo, que será la idea de los Padres occidentales desarrollan más.

No sabemos con certeza las etapas evolutivas que llevó al “ofertorio” desde su sencillez hasta el rito tan solemne que describe para la misa papal el Ordus Romanus I, con procesión de dones que llevan los fieles y recogen los presbíteros y los diáconos, y con un canto de acompañamiento, que ya atestigua san Agustín (cfr. Confesiones V,9). El pan y el vino se depositan en el altar, mientras los otros dones se recogen en otro lugar.

Hasta el s. VIII se había añadido una única oración al final de esta procesión de dones: la “oración sobre las ofrendas” que luego, sin saber bien por qué, se empezó a decir en secreto y fue llamada “secreta”. A partir del s. IX se fueron añadiendo aquí, como en otros momentos de la Misa, diversas oraciones privadas o “apologías”, de carácter penitencial, en las que el sacerdote manifestaba su indignidad para acceder al sacramento y realizar su ministerio.


Ángel Fontcuberta

Para la Semana

Lunes 7:

Sabiduría 1, 1 7. La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres: el espíritu del Señor llena la tierra.

Lucas 17,1 6. Si siete veces vuelve a decirte: “lo siento” lo perdonarás.

Martes 8:
En Madrid. La Dedicación de la Basilica de Letrán, dedicada a Cristo Salvador, Iglesia madre de la cristiandad occidental.

Ezequiel 47,1 2.8 9.12. Vi que manaba agua del lado derecho del templo y habrá vida donde quiera que llegue la corriente.

1 Corititios 3,9c 11. 16 17. Sois templos de Dios.

Juan 2,13 22, Hablaba del templo de su cuerpo.
Miércoles 9:
En Madrid. Nuestra Señora de la Almudena, patrona de la Archidiócesis de Madrid, unida a la historia cristiana de la Villa de Madrid.

Zacarías 2,14 17. Alégrate y goza, hija de Sión, que yo vengo.

Apocalipsis 21,3 5a. Vi la nueva Jerusalén, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.


Juan 19,25 27. Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre.
Jueves 10:
San León Magno (+461), papa, defensor de la unidad de la Iglesia, doctor.

Sabiduría 7,22 8,1. La sabiduría es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios.

Lucas 17,20 25. El Reino de Dios está dentro de vosotros.
Viernes 11:
San Martín de Tours (316 397), recibido el bautismo abandonó las armas, obispo, formó al clero, evangelizó a los pobres,

Sabiduría 13,1 9. Si lograron averiguar el principio del cosmos, ¿cómo no descubrieron a su Dueño?

Lucas 17,26 37. El día que se manifieste el Hijo del Hombre.
Sábado 12:
San Josalat (1580 1623), obispo y mártir, trabajó por la unidad de la Iglesia.

Sabiduría 18, 14 16; 19,6 9. Se vio el mar Rojo convertido en camino practicable, y triscaban como corderos.

Lucas 18,1 8. Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan.

 

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