Domingo Octava de Navidad. Santa María, Madre de Dios – 01/01/2012

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Comentario Pastoral
SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

Hoy la Iglesia venera a la Virgen Santa María, Madre de Dios. El hijo que la Virgen ha dado a luz es el mismo Hijo de Dios. Proclamar a la Virgen como Madre de Dios es manifestar nuestra firme convicción de que el Hijo de sus entrañas es el Hijo de Dios, nacido en la carne. La Virgen, por haber dado a luz a la fuente de la gracia, es Madre de la Iglesia y símbolo de la comunidad cristiana, en cuyo seno encontramos a Cristo los creyentes.

Se abre el año civil bajo el signo eficaz de la bendición de Dios, tal como se lee en la primera lectura. Dios siempre ha bendecido a la humanidad, pero con el envío y nacimiento de su Hijo entre nosotros adquirió la bendición el carácter irrevocable del amor divino. Gracias a Cristo podemos llamar Padre a Dios, pues somos hijos en el Hijo. Por eso las horas, los días, los meses de los años discurrirán ante la mirada de Dios, que irradia luz y paz.

El Hijo de Dios, nacido de mujer y bajo la ley, se ha hecho vecino del hombre, para transformarlo en hermano suyo y en hijo adoptivo del Padre. Por eso el nacimiento de Cristo celebra la nueva religiosidad basada en el amor, en la filiación, en el abandono confiado en el Padre.

La Virgen María, en el evangelio de hoy, por ser la bendita entre todas las mujeres, se convierte en fuente de bendición para todos. Es el gran ejemplo de quien medita en su corazón el misterio de Cristo, el misterio del Enmanuel.

El primer día del año es jornada tradicionalmente dedicada a la paz, a reflexionar sobre el compromiso de todos los creyentes de ser constructores y mensajeros de paz. La bendición de Dios es paz para el hombre.

Andrés Pardo

Palabra de Dios:

Números 6. 22-27 Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8
San Pablo a los Gálatas 4, 4-7 San Lucas 2, 16-21

Comprender la Palabra

La primera lectura, centrada en la bendición solemne que Dios, a través de Moisés transmite a Aarón y a sus hijos para que la impartan al pueblo, orienta la reflexión hacia una realidad muy importante en la tradición bíblica. La bendición es un tesoro que los patriarcas reciben de Dios: Dios bendijo a nuestros primeros padres (cfr. Gn 3); bendijo a Abrahán y en él serían bendecidas todas las naciones (cfr. Gn 12). Y esta misma bendición la han de transmitir a la hora de la muerte como una herencia al primogénito, como parte central del testamento (cfr. Gn 27). Resume todos los favores y bienes que Dios concede a los hombres, recordando la benevolencia de Dios hacia su pueblo. Para el creyente, Cristo mismo es la bendición. De ahí, la tarea de llevar al mundo la seguridad del favor divino; y, en consecuencia, orientar la vida con esperanza.

El fragmento de la carta de Pablo a los Gálatas forma parte de la sección que se ocupa de la salvación que nos llega por la fe. En la plenitud de los tiempos, Dios cumple su plan y proyecto expresados en la Palabra. El fruto y la expresión principal de la salvación es la filiación divina, a la que no conduce la observancia de la ley, sino que fue necesario que el propio Hijo de Dios se hiciera hombre para hacernos a todos hijos de Dios. La encarnación tiene como finalidad conseguir para los hombres este don gratuito y desbordante. Aunque Pablo no menciona en ninguno de sus escritos el nombre de María, afirma de ella su privilegio y actuación principal: todos recibimos el don gratuito de la filiación divina por medio de Jesús, Hijo de Dios y de María. Al celebrar la maternidad divina de María es una buena oportunidad para proclamar ante el mundo que para Dios todos somos iguales, importantes y realmente hermanos.

El relato evangélico recuerda la vuelta de los pastores a sus majadas. Los pastores cuentan por todas partes lo que han visto y oído causando la admiración de todos. Estos pastores son un anticipo de la tarea evangelizadora de la Iglesia. María comienza su camino de meditación y búsqueda de sentido en la vida de Jesús que la caracterizará toda su vida.

María es llamada a cumplir la singular e irrepetible misión de ser la Madre de Dios (Is 1,35). De este don arrancan todas las demás prerrogativas. María es dichosa, también, porque escuchó la Palabra de Dios y la cumplió. De ahí la necesidad de que al celebrar esta solemnidad de María, imitemos el ejemplo de su respuesta permanente y fiel a la voluntad de Dios.

A los ocho días cumplen con Jesús el rito que desde Abrahán (cfr. Gn 15,23-27), los judíos practicaban como signo de la Alianza con Dios. Jesús quiso ser uno de tantos y pasar por un hombre cualquiera (cfr. Flp 2,7) en todo menos en el pecado (cfr. Hb 4,15), por eso cumplió con el rito de la circuncisión. Pero en este momento, lo importante es que se impone el nombre de Jesús como lo había indicado el ángel tanto en la anunciación a María (cfr. Lc 1,31) como a José (cfr. Mt 1,21). Es necesario que la Iglesia aparezca ante el mundo, mediante gestos y palabras, como la servidora de todos, al nivel de todos para llevar el mensaje de Jesús a todos.

Ángel Fontcuberta

 

al ritmo de la semana


Epifanía

Epifanía es una palabra griega que significa: “manifestación espléndida”. La celebración litúrgica de la Epifanía tiene su origen en las Iglesias orientales. Ya en el siglo II aparece en Egipto,pasando a Jerusalén y Siria en el siglo IV. San Epifanio de Salamina menciona el día 6 de enero la conmemoración del nacimiento del Señor, para los cristianos de Egipto. Esta fiesta celebra la manifestación del Señor, relacionada probablemente con una fiesta del sol, cuando la duración del día empieza a triunfar sobre la noche. De ahí que se le dé también el nombre de “fiesta de las luces”. Cristo, el nuevo Sol, es la luz que triunfa sobre la oscuridad, dando sentido al transcurso del tiempo y del año.

La reforma litúrgica posconciiar, fiel a la tradición occidental, contempla el misterio de la manifestación del Señor. Y así como en la solemnidad de Navidad celebra la revelación de la gloria infinita del Hijo unigénito del Padre; la solemnidad de la Epifanía pone de manifiesto la llamada universal de todos los pueblos a la salvación de Cristo.

El “Rey de reyes y Señor de señores” (Ap 19,16) viene, como corresponde a su dignidad regia, precedido de una estrella (cfr. Mt 2,1-12). Los Magos, son los reyes anunciados por el Salmo 72, y le ofrecen oro e incienso, como ya profetizó Isaías (cfr. 60,1-6). Es signficativo el simbolismo de los dones ofrecidos: oro como Rey, incienso como Dios. A estos dones el pueblo cristiano añadirá la mirra como hombre, porque esta resina perfumada aparece en la pasión (cfr. Mc 15,23; Jn 19,39). Los Magos no sólo reconocen a Jesús como al Rey-Mesías que buscaban, sino que también adoran al Dios que se les manifestó.

Esta manifestación de la divinidad de Rey-Mesías es también revelación de la salvación destinada a todos los hombres: “Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo por el evangelio” (Ef 3,2-3.5-6).

La colecta de la Misa lo afirma también: “Señor, tú en este dia revelaste a tu Hijo unigénito, por medio de una estrella, a los pueblos gentiles”; mientras el Prefacio da gracias por ello. “Porque hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación, pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal, los hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad”.


Ángel Fontcuberta

Para la Semana

Lunes 3:
San Basilio y S. Gregorio
Nacianceno. Memoria.

1Jn 2,22-28. Lo que habéis oído desde el principio
permanezca en vosotros.

Jn 1,19-28. En medio de vosotros hay uno que no
conocéis.
Martes 4:

1Jn 2,29-3,6. Todo el que permanece en Dios no
peca.

Jn 1,29-34. Éste es el Cordero de Dios.
Miércoles 5:

1 Jn 3,7-10. el que ha nacido de Dios no comete
pecado.

Jn 1,35-42. Hemos encontrado al Mesías.
Jueves 6:

1 Jn 3,11-21. Hemos pasado de la muerte a la vida,
porque amamos a los hermanos.

Jn 1,43-51. “Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel”.
Viernes 7:
La Epifanía del Señor. Solemnidad.

Is 60,1-6. La gloria del Señor amanece sobre tí.

Ef. 3,2-3a.5-6. Ahora ha sido revelado que también
los gentiles somos coherederos de la promesa.

Mt 2,1-12. Venimos de Oriente a adorar al Rey.
Sábado 8:

1Jn 3,22-4,6. Examinad si los espíritus vienen de Dios.

Mt 4,12-17.23-25. Está cerca el reino de los cielos.

 

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