DENTRO DE UN POCO.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Ayer celebré la Santa Misa en el Hospital. Una amiga de una enferma era todo el pueblo que tenía delante. Preparé las cosas, registré los libros y empezamos la Misa. En el hospital casi todo es viejo, de la época en que las Madres Mercedarias lo atendían (y a las que los antiguos echan de menos). El leccionario es de los más antiguos y las lecturas del día estaban escritas en un papel a máquina de escribir a doble espacio (los que no sepan lo que es una máquina de escribir es como el Word pero sin enchufe), y pegado delicadamente al libro. Leí las lecturas, pero no me sonaban a las lecturas de hoy, el Evangelio tampoco, pero supuse que era por ser un libro antiguo (me había asegurado varias veces que estábamos en la sexta semana de pascua). Se lo comenté a la feligresa, continué la Misa y dando gracias después de la comunión me di cuenta del por qué. Efectivamente estábamos en la sexta semana de pascua, pero ayer era miércoles y celebré la Misa del jueves. Siempre he sido un adelantado a mi tiempo. Como sólo quedaban unas catorce horas para el día siguiente avisé a la señora que ya había estado en Misa de hoy y de mañana. Total ¿Qué es una diferencia de unas pocas horas?

«¿Estáis discutiendo de eso que os he dicho: “Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver”? Pues sí, os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.» Con el Señor sí que podemos adelantar un poco las cosas. Es cierto que las cosas están difíciles, que creer se hace en ocasiones “cuesta arriba” en un mundo tan secularizado como el nuestro y que parecerían las cosas más fáciles si no nos hubiéramos encontrado con Cristo. Pero yo creo que a Dios no le importa que adelantemos un poco nuestro reloj y, de vez en cuando, convirtamos nuestra tristeza en alegría.

Aunque muchas personas sigan sin creer en Dios ni convertir su vida podremos decir con San Pablo: «Vosotros sois responsables de lo que os ocurra, yo no tengo culpa. En adelante me voy con los gentiles.» Y si hay muchos que dicen que no a Dios ese acabará siendo su problema el día que se encuentren ante el Cordero que dio su vida por nosotros. Nosotros podremos alentarlos, arengarlos, rezar por ellos, llorar y mortificarnos. Dios les podrá dar su gracia, tocarles el alma, mandarles apóstoles y profetas…, pero si siguen diciendo que no son muy libres de mantenerse en su no, con todas sus consecuencias. Siempre habrá quienes se resistan a Dios, incluso habrá partes de nuestra vida que nos costará más entregar y Dios está dispuesto a servirse de instrumentos torpes e ineptos e incluso en gran inferioridad numérica para seguir tocando el alma de cada persona. Pero será nuestra libertad la que diga al final sí o no.

Por eso podemos permitirnos la alegría. Si entregamos nuestra vida con generosidad Dios dará y sobreabundará. Tal vez tengamos tristezas y ocupaciones, pero al final Dios aceptará nuestra vida. El que diga que no ni aunque se le aparezcan Moises y los profetas querrá creer.

Que María nuestra Madre nos ayude a adelantarnos a la alegría y, aunque nos duela el mundo, amemos mucho más la libertad. Dentro de un poco estaremos cara a cara con Dios, si decimos que sí.

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