Domingo de la 13ª semana de Tiempo Ordinario. – 01/07/2012

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Comentario Pastoral
DIVERSOS MODOS DE ACERCARSE A CRISTO

En el Evangelio de este domingo decimotercero del tiempo ordinario se nos narran dos milagros de Cristo: la resurrección de la hija de Jairo y la curación de la mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. En cada uno de ellos vemos el modo diverso de acercarse a Cristo y la actitud interior y exterior que anima a cada protagonista.

Jairo es un hombre importante, un jefe de la sinagoga, que en el momento crucial de la enfermedad grave de una hija se olvida de todo para comportarse como un padre lleno de dolor y desconcierto ante lo que parece que no tiene remedio humano. Por encima de cualquier juicio de vecinos y de devaluadas interpretaciones de matiz religioso, cree que debe acercarse a Jesús para decirle que venga a curar a su hija.

Cuando está suplicando la curación, le comunican a Jairo que su hija ha muerto. Y en ese momento sigue al lado de Jesús, en vez de salir corriendo para comprobar cómo todo se ha acabado y su esperanza es ya inútil. Entonces escucha estas palabras: “No temas, basta que tengas fe”.

Al llegar Jesús a casa de Jairo encontró el lógico alboroto y muchos gritos y llantos de dolor. ‘La muerte es ocasión de lamentos. Sin embargo, Jesús quiere poner calma en estas circunstancias, por eso echa de la casa a todos los que causan estrépito con sus llantos. Jesús no soporta las posturas derrotistas, los lamentos puramente terrenos, las lágrimas ficticias de los que lloran por profesión o por dinero. Echa afuera a los flautistas y plañideras. que van a todos los entierros y a todas las muertes para decir palabras y tocar músicas de un dolor que no sienten por dentro.

Cristo no soporta las mentiras de la vida; quiere que exista plena correspondencia y verdad entre los signos externos y los sentimientos del corazón. Por eso es muy necesario que Cristo venga a nuestro mundo lleno de mentiras y de tantas conveniencias sociales, para barrer todo lo que es falso y volver a decir: ,”talitha qumi”, niña, levántate; hombre, levántate, vive, ama, espera, ten fe. Este es el verdadero milagro de resurrección.

En el segundo relato evangélico se nos presenta a la hemorroisa enferma, que piensa que basta con tocar el borde del vestido de Cristo, para sentirse curada. Se acercó con fe e inmediatamente notó que se secaba la fuente de sus hemorragias. Si nosotros hacemos lo mismo, sentiremos que todo lo que nos acobarda, nos mancha y nos hace sufrir, cesa de repente. Y estaremos a gusto en la cercanía de Dios.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24 Sal 29, 2 y 4. 5 6. 11 y l2a y 13b
san Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15 san Marcos 5, 21-24. 35b-43

Comprender la Palabra

El libro de la Sabiduría fue compuesto a mediados del siglo I a C. El autos de este libro, es un creyente judío alejandrino que cree en la inmortalidad y en la vida futura. La lectura de hoy está enmarcada en la reflexión sobre la sabiduría y la inmortalidad. La muerte no proviene de Dios, sino del enemigo del hombre, que provocó el pecado en el mundo. La muerte no forma parte de la estructura esencial del hombre. Esta estructura le hace sabedor de su destino a la vida y a la inmortalidad. La muerte es una invasión que le viene de fuera al hombre y la experimenta siempre como extraña y esclavizante. Éste es el fundamento de la esperanza del hombre. Quebrada la vida por el pecado (que no es humano, sino que procede del Maligno), Dios vuelve a hacerle al hombre la oferta de la vida en la experiencia de la muerte de Jesús, como expresión suprema de su amor y de su bondad; y en la experiencia de la resurrección, como expresión de su poder vivificante.

La segunda lectura está tomada, un domingo más, de la segunda Carta de San Pablo a los Corintios. Esta carta está formada, probablemente, por varias cartas de Pablo. El capítulo es un texto dedicado al tema de la colecta. Era importante esta empresa para el apóstol, puesto que significaba su profunda preocupación por mantener la unidad, también visible, de la Iglesia. Más allá del remedio y alivio que representaba para los hermanos de Jerusalén, reflejaba la unidad real de la Iglesia. El compartir los bienes era y es un importante signo visible de la comunión más honda en la fe en Jesús y en los bienes que de ella se derivan.

El contexto evangélico pone de manifiesto que Jesús es el Mesías, y lo expresa en sus palabras y en sus gestos. La lectura de hoy, contiene dos acontecimientos que se engarzan según el estilo propio de Marcos. La meta de viaje de Jesús es la casa de Jairo, donde yace moribunda su hija. El relato de la mujer que sufre flujos de sangre es introducido para llenar, narrativamente, el espacio que separa a Jesús de la casa de Jairo. Ambos relatos subrayan el poder de Jesús sobre la enfermedad y sobre la muerte.

A lo largo de la Escritura, se enseña que la fe consiste en un encuentro personal con el Dios salvador e invisible que se manifiesta al hombre, y que suscita una respuesta confiada adheriéndose a Él. Marcos enseña en este acontecimiento dos verdades fundamentales para el hombre: la vida es posible incluso más allá de la muerte; y que la vida y la liberación del hombre es integral, es decir, alcanza a todo el ser humano y no solo a su parte espiritual. Esta es la respuesta que la humanidad necesita y que ahora se le ofrece en el plano del signo, y más tarde, la oferta será real y universal.

Jesús realiza milagros siempre a favor del bienestar humano, aunque sólo son un signo y anticipo de una liberación más global y completa que sólo se realizará a través de la Cruz. Porque en la Cruz es liberado el hombre, principalmente, del miedo a la enfermedad y a la muerte, puesto que éstas son manifestaciones de la limitación y caducidad actual e histórica del hombre. Pero en la Cruz aparece con todo su esplendor el amor del Dios de la vida, que dura para siempre. Todo el itinerario terreno de Jesús está iluminado por la Cruz. No es a través del triunfalismo pasajero y efímero de los milagros cómo el hombre conseguirá su total liberación de la muerte, sino a través de la oferta permanente del amor del Dios de la vida a través de la Cruz de Jesús. Esta nueva interpretación de la historia humana, coloca al hombre en su verdadera dimensión frente a Dios, y le ofrece la definitiva respuesta al sufrimiento y a la muerte que tanto le cuesta entender.

Ángel Fontcuberta

 

al ritmo de las celebraciones


Elementos de la Plegaria Eucarística (1)

Los principales elementos de que consta la Plegaria eucarística son:

a) Acción de gracias: que se expresa sobre todo en el Prefacio. En ella el sacerdote, en nombre de todo el pueblo santo, glorifica a Dios Padre y le da las gracias por toda la obra de la salvación o por alguno de sus aspectos particulares, según las variantes del día, festividad o tiempo litúrgico.

b) Aclamación: toda la asamblea, uniéndose a las jerarquías celestiales, canta el Santo. Esta aclamación, que constituye una parte de la Plegaria eucarística, la canta o proclama todo el pueblo con el sacerdote.

c) Epíclesis: la Iglesia, por medio de determinadas invocaciones, implora la fuerza del Espíritu Santo para que los dones que han presentado los hombres queden consagrados, es decir, se conviertan en el Cuerpo y Sangre de Cristo, y para que la víctima inmaculada que se va a recibir en la Comunión sea para salvación de quienes la reciban. En este momento el sacerdote extiende las manos sobre las ofrendas.

d) Relato de la institución y consagración: con las palabras y gestos de Cristo, se realiza el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena, cuando bajo las especies de pan y vino ofreció su Cuerpo y su Sangre y se lo dio a los apóstoles en forma de comida y bebida, y les encargó perpetuar ese mismo misterio.


Ángel Fontcuberta

Para la Semana

Lunes 2:
Am 2,6-10.13.16. Revuelcan en el polvo al desvalido.

Mt 8,18-22. Sígueme.
Martes 3:
Ef 2,19-22. Estáis edificados sobre el cimiento de
los apóstoles.

Jn 20,24-29. ¡Señor mío y Dios mío!
Miércoles 4:
Amós 5,14-15.21-24. Retirad de mi presencia el estruendo del canto; fluya la justicia como arroyo perenne.

Mateo 8,28-34. ¿Has venido a atormentar a los demonios antes de tiempo?

Jueves 5:
Amós 7,10-17. Ve y profetiza a mi pueblo.

Mateo 9,1-8. La gente alaba a Dios, que da a los hombres tal potestad.
Viernes 6:

Amós 8,4-6.9-12. Enviaré hambre, no de pan, sino de escuchar la palabra del Señor.

Mateo 9,9-13. No tienen necesidad de médico los sanos; misericordia quiero y no sacrificios.
Sábado 7:

Amós 9,11-16. Haré volver los cautivos de Israel y los plantaré en su campo.

Mateo 9, 14-18. ¿Es que pueden guardar luto, mientras el novio está con ellos?

 

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