San Benito

Escrito por Comentarista 9 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En la regla de san Benito se contiene una enseñanza que se ha hecho célebre: “Ora et labora” (reza y trabaja). Cuando san Benito funda el primer monasterio, el Imperio Romano se hundía a causa de las invasiones bárbaras y nadie sabía que iba a suceder. No se podía prever la influencia que tendría este hombre que elige para sí y sus discípulos una vida retirada. De hecho los monasterios se convirtieron en centros de educación y configuraron cultural y espiritualmente a nuestro continente.

Un monasterio es una afirmación del misterio de la Encarnación. El monje se retira para dedicarse a Dios, pero no abandona este mundo. Por eso los monasterios acogían a los huéspedes, promovían el trabajo, especialmente agrícola, y también fundaron escuelas, preservaron la cultura antigua realizando copias de las grandes obras y fundando bibliotecas… Los historiadores reconocen que muchas mejoras técnicas nacieron en los monasterios y, sin embargo, aquellos hombres estaban dedicados a Dios.

Ora et labora” enseñaba a vivir en este mundo sin perder de vista nuestra vocación divina. Lo que sucedió con la encarnación, la entrada de Dios en nuestra historia, no era un mero acontecimiento histórico sino que tenía grandes consecuencias. Toda la realidad era salvada. San Benito nos recuerda que Dios no disminuye en nada nuestra humanidad sino que, por el contrario la conduce a su plenitud. Por eso los monasterios, a partir del siglo V, se convirtieron en focos que sanaban al hombre y con él su entorno. En el monasterio se visibiliza la acción transformadora de la gracia. Eso no significa que todos tengamos esa vocación, pero nos sirve de recordatorio.

Hoy veneramos a san Benito como Padre de Europa. Lo hacemos en un momento en que nuestros políticos se resisten a reconocer sus raíces cristianas. Algunos ven a Dios como un rival que impediría construir un proyecto humano. La mirada a la historia demuestra justo lo contrario. Lo que eran tierras desoladas volvieron a ser fecundas y el amor que se vivía en aquellos monasterios hizo que pueblos y comarcas enteras recuperaran la esperanza y afrontaran sus retos diarios de una manera nueva.

 En la vida de san Benito se realiza lo que anuncia el evangelio de hoy. Cuando Pedro le pregunta a Jesús que obtendrán ellos por dejarlo todo y seguirle éste le responde: “El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará vida eterna”. Reconocer la primacía de Dios nos llena de felicidad pero también, cuando la fe penetra verdaderamente en un pueblo, sana su cultura. San Benito nos invita a realizar nuestros trabajos y a considerar todas nuestras actividades en relación con Dios. La oración nos une con el Señor y fecunda la obra de nuestras manos.

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