¿POR QUÉ NO PUDIMOS ECHARLO NOSOTROS?

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Ayer fue uno de los días más calurosos en Madrid. Era raro no encontrarte con alguien y que no te comentase lo primero el calor que hace con expresiones como: “Esto es un infierno”, “es inaguantable”, “no hay quien lo soporte”… Tengo que reconocer que con el clima no me llevo mal, hace la temperatura que hace y ya está, en verano se suele pasar calor y en infierno frío. Esto me ha traído problemas cuando he compartido casa, no sé por qué siempre acaban comprándose radiadores eléctricos y ventiladores. Nos hemos acostumbrado, sobre todo en occidente, a controlar el clima en espacios pequeños y huimos de la calle. Me parece todo un síntoma. Como no podemos cambiar la temperatura exterior nos refugiamos en el coche, en centros comerciales o en el salón de casa con buen aire acondicionado y no salimos a la calle. Puede ser que también veamos el ambiente exterior tan frío religiosamente, tan alejado de Dios, que fuera nos sentimos desamparados y preferimos quedarnos en sitios pequeños, en nuestros grupitos, sacristías, parroquias, comunidades y nos de pereza salir al mundo para ofrecerle a Dios. Nos sentimos a gusto con “los nuestros” y huimos de encontrarnos con los que pueden rechazarnos, insultarnos o  despreciarnos. Y así no cambia nada, ni nosotros.

«¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?» Les contestó: – «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.» Seguramente proclamemos o escuchemos este Evangelio nos saldrá una sonrisa por dentro pensando “¡Qué exagerado Jesús!” o “¡bonita imagen!”. ¿Es Jesús un mentiroso? No lo creo, Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Dentro de poco comenzaremos el “año de la Fe” que ha proclamado el Papa. No podemos contentarnos con que en ese año hagamos una escuela de teología en la parroquia, leamos algo el You-Cat o hagamos tres minutos más de oración personal. No. Ya desde ahora vamos a echar el demonio del mundo, vamos a acercar a los que están lejos a Dios, vamos a pedir que el Espíritu Santo toque todos los corazones y puedan responder que sí a Dios. Vamos a pedir -y hacer para que se cumpla-, que se llenen los seminarios de jóvenes dispuestos a dar su vida por la Iglesia y por Cristo, con honradez y valentía. Vamos a pedir que se llenen los conventos de almas orantes por el mundo entero. Vamos a pedir que los jóvenes vuelvan a tener ideales altos, de entrega, de fidelidad, de alegría. Vamos a conseguir que los novios no desprecien a Dios en el don de su amor yéndose a vivir juntos antes de casarse, que la sexualidad vuelva a ser culminación del amor y no un objeto desechable. Vamos a conseguir que las familias no se rompan por el egoísmo, que los ancianos sean valorados y la vida respetada en toda ocasión. vamos a pedir que se acabe el hambre en el mundo, que no haya esclavitud y en ninguna parte haya guerras. Vamos a terminar con los corruptos y especuladores que se enriquecen a costa de los demás, vamos a hacer una sociedad donde sea más importante que somos hijos de Dios que lo que tenemos o presumimos de tener. Tenemos que echar del mundo la crítica, la maledicencia, la difamación, el cotilleo y la mentira. ¿Te parece que no se puede hacer? Pues tenemos poca fe, nunca moverás una montaña. Puedes quedarte en tu rinconcito y decorarlo a tu gusto, pero poco más.

Santa Clara no tuvo miedo a vivir la pobreza siguiendo a Cristo. Hace no demasiados años me acuerdo un invierno, en una casa anexa a un convento de Clarisas, con su calefacción y comodidades y cuando se abría el torno para pasar la comida entraba un aire gélido y la sonrisa de las religiosas. Eso valía más que todas las predicaciones. Dejemos las quejas para los que no tienen fe, nosotros vamos a dejar que Cristo cambie el mundo y lo que parece imposible será posible. “El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe”.

Dicen los exorcistas que los demonios tiemblan con solo invocar a la Virgen María. Pues seamos sus aliados y nadie ni nada podrá impedirnos vivir de fe y cambiar este mundo. ¿No vamos a poder hacerlo?

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