Domingo de la 30ª semana de Tiempo Ordinario – 28/10/2012

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Comentario Pastoral
VER DESDE LA FE

La curación del ciego Bartimeo se sitúa en la larga lista de los milagros obrados por Jesús con invidentes, y es expresión de un claro mensaje teológico: Israel tiene los ojos ciegos, incapaces de ver los signos de los tiempos y la acción de Dios en la historia. Pero cuando aparezca la figura mesiánica, misteriosa del Siervo del Señor, se abrirán los ojos de los ciegos.

Por encima de la curación física de Bartimeo hay un signo profundo y mesiánico. La ceguera interior va a ser cancelada. y es el mismo Jesús el que declara que la fe de este pobre abandonado al borde del camino es la que le ha curado. y Bartimeo deja manto y caminos, y sigue el itinerario de Jesús y lo acompaña en su destino de muerte y gloria. La historia de este milagro es la historia de una llamada a la fe y al discipulado.

Cristo es el sacerdote y el mediador perfecto que nos libra de nuestra ceguera, enfermedad más simbólica que real, porque manifiesta la ausencia de la luz. La curación de la ceguera es signo de salvación interior. Los seguidores de Jesús son una comunidad de salvados y curados, los pobres, los ciegos, los cojos; los que se levantan ante la llamada del Señor, los que se acercan a él con confianza, los que piden con humildad y sin exigencias.

Hay una interacción mutua entre fe y realidad salvadora. La fe es causa de salvación y la salvación aumenta la fe. La esperanza de liberación que anima a Israel provoca esa misma salvación. La alegría con que se celebra es una alegría anticipada y anticipadora.

Tener fe es ver a Dios como Padre y descubrir el camino de Jesús como camino de salvación.

Andrés Pardo

Palabra de Dios:

Jeremías 31, 7-9 Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
Hebreos 5, 1-6 san Marcos 10,46-52

Comprender la Palabra

La primera lectura propone un oráculo de consolación, con perspectiva mesiánica, tomado del libro de Jeremías. Describe el cortejo del pueblo de Dios, que admite en sí a los pobres ciegos y cojos, en un éxodo de liberación de su cautividad y en ruta hacia la patria regenerada. Éxodo y vuelta del exilio, marcan y jalonan la historia de la salvación del Antiguo Testamento. Y ambos se apoyan en la debilidad humana extrema y la manifestación del poder de Dios. Es la tónica de la historia salvífica como expresión de la pedagogía de Dios. Historia humana y mensaje de Dios se entrecruzan constantemente. Una historia real, muchas veces pobre y débil, pero que, aprovechada por el poder de Dios, se convierte en un paradigma para los hombres. También hoy se entremezclan todos esos elementos en nuestra Iglesia en medio del mundo: debilidad del hombre y poder de Dios. Este poder ha sido manifestado en la realización del proyecto salvador.

La Carta a los Hebreos enfoca su tema central: el sacerdocio de Cristo, como punto de apoyo de la perseverancia en la fidelidad cristiana. Las primeras líneas esbozan la figura ideal del pontífice. Situado entre Dios y los hombres, en sintonía afectuosa con ambas partes. Especializado por dedicación en su oficio sacral y reconciliador. Designado por iniciativa no humana, sino del mismo Dios. En las últimas líneas comienza una larga aplicación de estos rasgos generales a la figura concreta de Jesucristo, sumo, único y eterno sacerdote.

San Marcos, en el texto evangélico de hoy, describe la curación de un ciego en Jericó. Obra de misericordia característica del Mesías. Signo de salvación. Imagen del proceso en la fe de los discípulos. Lección de seguimiento por el camino de Jesús. Preludio de la entrada en Jerusalén.

Esta narración marcada, tiene un especial relieve querido por el autor. Escuchamos los grandes gritos del ciego mendigo en el camino, en los que resuena por dos veces la invocación “Hijo de David”. Fuera de la mención sobre la filiación davídica del Mesías (cf. Mc 12,35-37), es la única vez que encontramos en el evangelio de Marcos esta designación judía del Mesías. Y Jesús la permite.

Jesús alaba la fe del ciego que le sigue por el camino. La gente no alcanza a creer en Jesús. El ciego Bartimeo, por el contrario, cree en él como Hijo de David y como Mesías de manera firme e inconmovible, aunque las gentes se lo recriminan. Cree en la bondad y en el poder de Jesús, en quien se acerca la ayuda de Dios. Para los lectores cristianos, el ciego pasa a ser modelo del creyente y discípulo, que ante nada retrocede y que sigue a Jesús en su camino hacia la muerte. Jesús acepta esta confesión en su camino hacia la Pasión, donde se revelará la plenitud de lo que significa ser el Mesías. El ciego sigue hablando a los hombres y mujeres de hoy que pertenecen a la comunidad de Jesús. En medio de las dificultades -su grave situación y el rechazo de los que rodean a Jesús-, él sigue firme en su actitud y en su petición. Cree y lo proclama con su palabra y con sus gestos. Y consigue la visión. Son necesarios en nuestro mundo, testigos de la fe en Jesús en medio de las dificultades, porque Jesús sigue ofreciendo lo que los hombres necesitan: ver realmente su situación y destino. Recibir, como el ciego, la luz que orienta la vida. La verdad y la luz son elementos necesarios para el hombre.

Ángel Fontcuberta

 

al ritmo de las celebraciones


La Celebración de la Eucaristía: Rito de Conclusión

Se describe el rito de conclusión con los varios elementos que le integran: los avisos, la bendición, la despedida y el saludo al altar.

Sobre los avisos, se indican que se han de ser breves y darlos si realmente son necesarios. Se han de dar después de la “oración después de la comunión” (nunca antes). Sólo se han de dar si son realmente necesarios y significativos para la vida de la comunidad.

El saludo y bendición del sacerdote. La bendición algunos días y ocasiones se amplía y enriquece ya sea con la “oración sobre el pueblo” o con una fórmula más solemne de bendición. En la edición anterior del Misal había 26 fórmulas de “oración sobre el pueblo”, junto con otras tantas bendiciones. Ahora la “oratio super populum”, se ha enriquecido con nuevos textos, ofreciendo un formulario para cada día de la Cuaresma. Tanto si se emplea la oración sobre el pueblo o la bendición solemne, el diácono si lo hay, dice: “Inclinaos para recibir la bendición”. Una vez dada la bendición por el sacerdote, el diácono o el mismo celebrante despide al pueblo, diciendo con las manos juntas y vuelto hacia el pueblo: “Podéis ir en paz”.

La despedida del pueblo por parte del sacerdote o del diácono se realiza a fin de que “cada uno regrese a sus honestos quehaceres y bendiciendo a Dios” (OGMR, 90).

Luego del beso del altar por parte del celebrante y del diácono y después una inclinación profunda del sacerdote, del diácono y de los ministros, se retiran en el mismo orden en que habían llegado.

Ángel Fontcuberta

 

Para la Semana

Lunes 29:
Efesios 4,32-5,8. Vivid en el amor como Cristo.

Lucas 13,10-17. A ésta, que es hija de Abrahán, ¿no había que soltarla en sábado’?
Martes 30:
Efesios 5.21-33. Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Lucas 13,18-21. Crece el grano y se hace un arbusto.
Miércoles 31:
Efesios 6,1-9. No como quien sirve a hombres, sino como esclavos de Cristo.

Lc 13,22-30. Vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Después de nona: Misa vespertina de Todos los Santos.
Jueves 1:
Todos los Santos. Fiesta que se celebra desde el siglo VIII. “Estos son los que buscan al Señor”.

Apocalipsis 7,2-4.9-14. Apareció en la visión una muchedumbre inmensa. que nadie podía contar, de toda nación, raza, pueblos y lenguas.

1 Juan 3.1-6. Veremos a Dios tal cual es.

Mateo 5.1-12a. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa es grande en el cielo.
Viernes 2:
Conmemoración de todos los fieles Difuntos. Es una idea santa y piadosa rezar por los difuntos para que sean liberados del pecado.

Lamentaciones 3,17-26. Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Romanos 6,3-9. Andemos en una vida nueva.

Juan 14,1-6. En la casa de mi Padre hay muchas estancias.
Sábado 3:
San Carlos Borromeo (1538-1584), cardenal muy joven. arzobispo de Milán, pastor solícito de su grey.

Filipenses 1,18b-26. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir.

Lucas 14.1.7-11. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

 

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