Domingo de la 3ª semana de Pascua – 14/04/2013

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Comentario Pastoral
RECONOCER AL RESUCITADO

Prosigue el gozo de la Pascua. “La tierra entera aclama al Señor, la Iglesia canta himnos a su gloria, el pueblo fiel exulta al verse renovado en el espíritu y al haber recobrado la adopción filial”. La figura central de las tres lecturas bíblicas de este domingo es Cristo resucitado, que se aparece a los apóstoles, mientras están pescando, y dispone la comida en la playa a su regreso. Es un Evangelio rico en matices, de significados y reacciones.

A la indicación de Simón Pedro, el pescador fuerte, los apóstoles van a pescar quizás por necesidad, o por desahogo de instinto profesional o por querencia y reclamo del mar. Ellos, en otro tiempo tan expertos, se pasan toda la noche sin coger nada; ni un solo pez compensa su vigilia y agotamiento. Y al amanecer, la voz de un desconocido les llega desde la playa indicándoles que echen la red a la derecha. ¡Pero si se han pasado toda la noche echándola por todas partes! ¿Son palabras de ayuda o de burla? Y sin embargo, echan la red a la derecha. ¡Cuántas noches y días de esfuerzo vano y de trabajo estéril pasamos todos! Si sabemos llegar vigilantes al alba y escuchamos la voz amiga y obedecemos sus indicaciones, lograremos también una pesca abundante.

Me impresiona fuertemente la docilidad de los apóstoles, avezados y curtidos pescadores, que dejando a un lado su experiencia profesional siguen limpiamente la indicación que les hace el desconocido de la playa. Es una lección permanente para saber recibir y obedecer la Palabra nueva del Resucitado, no obrar solamente guiados por nuestro propio saber.

Al ver el milagro reconocen al Señor. Pedro, con tantos esfuerzos para sacar la red, no se había dado cuenta de quién le hablaba. Es necesario que su amigo Juan le indique: “es el Señor”, y entonces va el primero a su encuentro, ya que no ha sido el primero en identificarlo. A nosotros nos puede pasar lo mismo ante los afanes de este mundo y los esfuerzos por lo inmediato. No descubrimos al Señor presente, a Cristo resucitado, al Hijo de Dios que está a nuestro lado. A Dios lo pensamos y figuramos demasiado lejano, demasiado celeste; y sin embargo, está a la orilla de cada empresa o trabajo, para darnos su pan, el alimento de la eternidad, y examinarnos del amor.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 5, 27b-32. 40b-41 Sal 29, 2 y 4. 5 y 6. 11 y l2a y 13b
Apocalipsis 5, 11-14 San Juan 21, 1-14

Comprender la Palabra

La lectura de los Hechos de los Apóstoles recoge el momento crítico de la segunda intervención formal del Sanedrín (supremo consejo del pueblo judío) para controlar o impedir la predicación de los apóstoles. Éstos afirman, a precio de sangre y oprobio, su inquebrantable obediencia a una Misión divina, que los hace superiores a cualquier sanedrín. Jesús y su Evangelio son la última oferta salvadora y liberadora de Dios. Hoy, como ayer, se producen situaciones de conflicto entre el Evangelio y otras instancias, y los discípulos de Jesús somos invitados a adoptar la posición de los apóstoles. El Evangelio no se contrapone ni destruye ningún proyecto que fomente la verdadera humanización de las personas; todo lo contrario, la favorece. Jesús ofrece la única liberación definitiva que hace al hombre verdaderamente libre y sinceramente feliz.

En la segunda lectura del Apocalipsis, leemos las últimas líneas de una contemplación teológica del Universo. Como en una “ekklesía” infinita, armónicamente estructurada en círculos concéntricos, todos y todo canta la Gloria de Dios y de Cristo inmolado, Señor de la historia. El acontecimiento pascual provoca un cántico de alabanza universal, prestando también a las criaturas la voz silenciosa y perceptible a la vez. En nuestro mundo es necesario volver una y otra vez a estas verdades en las que queda englobada toda la Creación. Ya desde ahora debemos compartir con la Creación entera y aprender de ella a bendecir a Dios. Nuestro mundo necesita entonar con frecuencia el cántico de todas las criaturas que encontramos en Daniel (3,57-88) o en los Salmos 103 y 150.

El texto evangélico narra tres escenas: los apóstoles deciden ir a pescar y Jesús se les aparece, con la consiguiente pesca milagrosa y su reconocimiento; el diálogo de Jesús con Pedro a quien encomienda la misión de pastorear a su Iglesia; el destino de Pedro y del discípulo amado.

El autor contempla la aparición del Resucitado a través de su propia experiencia de más de medio siglo de historia de la Iglesia. Esta experiencia le hace comprender la seriedad de algunas lecciones del Señor. Presenta a los grandes dirigentes de la Iglesia, tan diversos entre sí, trabajando en fraternal colaboración. Insiste en destacar la unificante principalidad de uno de ellos; principalidad que le confió el propio Jesús. Subraya la ineficacia de la misión cristiana cuando se cierra a sí misma en el área del esfuerzo y la técnica personal; en contraste con su inexplicable fecundidad cuando actúa por instinto de pura fe, bajo la Palabra del Señor.

Es necesario anunciar a Cristo vivo que sale al encuentro de los hombres y les ofrece la esperanza que puede dar sentido a sus vidas. Real es la resurrección, como real fue su muerte en cruz. Real es la cruz de la humanidad y real es la esperanza que se le ofrece en el acontecimiento pascual, que alcanza las vidas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo en su realidad humana, así como los anhelos de sus corazones. El ejercicio de la autoridad en la Iglesia, en todos sus planos y manifestaciones, ha de estar dirigido por el amor como lo entiende san Juan: una disponibilidad total para servir a los demás hasta el don de la vida. Y sólo es posible el ejercicio de este amor pastoral, si se ha experimentado perfectamente al amor de Dios revelado en la persona, vida y muerte de Jesús. Hoy es necesario recordar y restaurar constantemente este programa ofrecido por Jesús a Pedro.

Ángel Fontcuberta

 

al ritmo de las celebraciones


EL TIEMPO PASCUAL (1)

Las lecturas bíblicas del tiempo pascual.

En el tiempo pascual se leen casi de una manera continua tanto el libro de los Hechos de los Apóstoles como el Evangelio de san Juan. Estos textos ayudan a la comunidad cristiana, en el Misterio de la Pascua de Cristo, para que llegue a influir en sus vidas.

El espíritu de la Pascua no queda marcado sólo por las lecturas dominicales, el ritmo diario de las eucaristías pascuales, y sobre todo sus lecturas, son una escuela óptima para el crecimiento de la fe. Las lecturas feriales pascuales suponen, por su número, un ritmo más completo que el de las dominicales para mantener a los creyentes en sintonía con la Pascua de Cristo Jesús.

En la comunidad cristiana el Señor resucitado sigue presente y activo a través del Espíritu y de la comunidad, y así prolonga en el mundo su misión y su fuerza salvadora. Es una comunidad evangelizada y evangelizadora, celebrante y misionera.

El libro de los Hechos de los Apóstoles es como un espejo en el que puede mirarse toda comunidad cristiana. No es que la comunidad primera fuera modélica y no tuviera tensiones y defectos, pero desde su debilidad interna y las dificultades externas siguió fiel a Cristo y a su Espíritu. Es una comunidad que nos da ejemplo de “vida pascual”.

Los textos evangélicos que se leen, tanto los domingos como los días feriales, presentan las páginas que podría denominarse más “pascuales” y “sacramentales”, las que se refieren a la vida pascual de la comunidad cristiana, centrada primero en el Señor Resucitado y luego en su Espíritu: sobre el bautismo y la fe, el nacimiento “por el agua y el Espíritu” (Jn 3: coloquio de Jesús con Nicodemo); sobre la Eucaristía (Jn 6: discurso del pan de vida); Jesús puerta y alimento de la comunidad (Jn 10: discurso sobre el Buen Pastor); la promesa del Espíritu y la perspectiva de la vida pospascual que el Señor propone a los suyos (Jn 14-17; discurso de despedida y Oración en la Última Cena).

 


Ángel Fontcuberta

Para la Semana

Lunes 15:
Hechos 6,8.15. No lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Sal 118. Dichoso el que camina en la ley del Señor.

Juan 6,22-29. Trabajando no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna.
Martes 16:
Hechos 7,51-8,la. Señor Jesús, recibe mi espíritu.

Sal 30. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Juan 6,30.35. No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo.
Miércoles 17:
Hecho 8,1b-8. Al ir de un lugar a otro iban difundiendo el Evangelio.

Sal 65. Aclamad al Señor, tierra entera

Juan 6,35-40. Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al hijo tenga vida eterna.
Jueves 18:
Hecho 8,26-40. Siguió su viaje lleno de alegría.

Sal 65. Aclamad al Señor, tierra entera

Juan 6,44-51. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.
Viernes 19:
Hechos 9,1-20. Es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a los pueblos.

Sal 116. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Juan 6,52-59. Mi carne es verdadera comida, y mi Sangre es verdadera bebida.
Sábado 20:
Hechos 9,31 -42. La Iglesia se iba construyendo y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

Sal 115. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me a hecho?

Juan 6,60-69. ¿A quien vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

 

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