Domingo de la 15ª semana de Tiempo Ordinario. – 13/07/2014

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Comentario Pastoral
LO IMPORTANTE ES SEMBRAR

Jesús fue un predicador fascinante por la elementalidad de los símbolos y la espontaneidad de las referencias a la naturaleza y al trabajo palestino. En la parábola del sembrador, que se lee en este decimoquinto domingo del tiempo ordinario, encontramos una semejanza incomprensible a primera vista para la mentalidad actual, que consideraría insensato a un agricultor que siembre a lo largo del camino, entre piedras y entre espinas. En realidad, en la antigua Palestina este procedimiento era habitual: se sembraba no después, sino antes de la “arada”, que tenía como finalidad quitar los obstáculos y enterrar la semilla. A pesar de todas las adversidades, la cosecha será abundante allí donde la semilla ha crecido. Lo mismo sucederá al final con el Reino de Dios.

La explicación de la parábola del sembrador es como una homilía, que pasa el acento desde Dios al hombre, de la semilla al terreno, de la contemplación de fe al empeño moral y existencial. El tema central de esta interpretación está ligado al binomio “escuchar comprender”, es decir, a la adhesión y aceptación de la Palabra de Dios y del Reino.

Los pájaros que devoran la simiente manifiestan un corazón poseído por el maligno, que arranca todo lo que ha sido sembrado. El terreno pedregoso que sólo permite que brote un tallo débil hace referencia a los inconstantes y débiles, que se abaten en la primera prueba. Las espinas son el símbolo de los superficiales y de los inestables, atados al bienestar y al orgullo. Los que se convierten a la Palabra de Dios son terreno fértil y fructífero.

En la parábola se sugiere un contraste duro entre la acción de Dios (semilla y sembrador) y el fallo humano (terrenos improductivos). La Palabra tiene como suerte más común el rechazo. La historia de la siembra es una alegoría de la libertad humana y de la eficacia del Reino, que es acogido en el corazón de unos “pocos”. El pequeño grupo de los creyentes es el fermento que ayuda al mundo y a la entera humanidad a liberarse de los desequilibrios y a orientarse según los planes que Dios ha trazado. El cristiano debe acogerse y dejarse invadir por la semilla fecunda de la Palabra de Dios.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Isaías 55, 10-11 Sal 64, 10. 11. 12-13. 14
san Pablo a los Romanos 8, 18-23 san Mateo 13, 1-23

Comprender la Palabra

La primera lectura corresponde al epílogo final del Segundo Isaías donde su autor recurre a la realidad de la sementera y de la caída gratuita de la lluvia para expresar otras realidades. Cuando el autor describe las bondades de la tierra prometida afirma que Dios la riega él mismo y no es necesario el duro trabajo de llevar el agua para regar la tierra. Se subraya en esta imagen, por una parte, la gratuidad procedente de lo alto, y por otra, la necesidad de la lluvia para que la tierra germine y produzca sus frutos. La lluvia que empapa la tierra la hace fecunda por sí misma. La Palabra de Dios es eficaz por sí misma y transmite toda la fuerza creadora y generadora de Dios, que es de donde procede. Lleva en su propia entraña la fuerza de vida y de liberación. La Palabra de Dios no vuelve a él vacía, cumple su encargo, realiza su proyecto, ya cuando se trata de denuncias proféticas, ya cuando se trata de una palabra consoladora.

Este domingo seguimos proclamando el capítulo octavo de la Carta a los Romanos. Pablo insiste en la magnitud del premio que esperamos y que con toda seguridad conseguiremos si realizamos el proyecto de Dios con fidelidad y coherencia, pero sobre todo, guiados por el Espíritu. La experiencia cristiana es una experiencia en tensión sin tregua. El propio Pablo ofrece su experiencia de sufrimiento. La esclavitud de la creación depende de la esclavitud del hombre. Este fue creado para dominar todas las cosas como su señor (relato de la creación). La experiencia humana desmiente ahora esta realidad. La creación ha sido sometida a esclavitud en contra de su voluntad. La esperanza cristiana responderá a la realidad y a los anhelos del hombre históricamente limitado, pero con un deseo incontrolable de vida y de bienestar sin fin.

El capítulo trece del evangelio de Mateo se va a proclamar, en fragmentos sucesivos, durante los tres domingos siguientes, contiene siete parábolas proclamadas por Jesús en diferentes ocasiones, parábolas que quieren describir el itinerario del reino entre los hombres: nacimiento (sembrador); coexistencia de buenos y malos en la etapa actual del reino (el trigo y la cizaña); crecimiento silencioso pero pujante (la mostaza y la levadura); exigencias del reino (el tesoro y la perla); la consumación (la red barredera).

El sembrador siembra generosamente, abundantemente. No siembra granito tras granito. Esta realidad narrativa ayuda a la comprensión del talante del sembrador. Se arriesga a perder mucha semilla, pero se arriesga generosamente.

Jesús sale al mundo a predicar a todos sin distinciones y sin exclusiones. Y los primeros que responden a su Evangelio de la gracia son los pequeños, los marginados, los postergados de la sociedad. Jesús siembra generosamente, movido por una gran esperanza: se producirá una gran cosecha, y se hará presente el Reino de Dios. Los hombres son invitados a adherirse a este evangelio de la libertad y de la gracia que es el único que puede cambiar radicalmente a la humanidad. Incansable e impertérrito sigue sembrando el sembrador. Esa es la puerta de entrada al Reino y hay que abrirla de par en par porque ese es el designio del Padre.

El Evangelio debe llegar al corazón de los hombres y han de ser los discípulos los que han de sembrarlo. Los seguidores de Jesús han de fijar su atención en Él y en la autenticidad de la semilla cuidadosamente atendida y generosamente sembrada. ¡Ya crecerá cuando, donde y como Dios quiera y el hombre responda!

Ángel Fontcuberta

 

al ritmo de las celebraciones


El Tiempo Ordinario (III)

El Tiempo Ordinario tiene dos Leccionarios: el dominical y el ferial. El dominical consta de un triple ciclo: A, B y C, como en los tiempos fuertes. A cada ciclo le corresponde un Evangelio sinóptico: al Año A, Mateo, al año B, Marcos; y al Año C, Lucas. Cada domingo tiene asignadas tres lecturas por este orden: Antiguo Testamento, Apóstol y Evangelio.

Las lecturas del Antiguo Testamento han sido elegidas según el criterio de armonización con la temática presentada por el Evangelio de cada domingo. Se han seleccionado aquellas lecturas más representativas de la historia de la salvación para que, en el ciclo de tres años, los fieles tengan una visión de las etapas más importantes de la historia salvífica.

Las lecturas apostólicas, salvo alguna excepción, no se armonizan ni con el Evangelio ni con la Primera Lectura. A lo largo de los tres ciclos se ofrece de una forma casi semicontinuada los pasajes más importantes de las Cartas de san Pablo y Santiago. En los ciclos B y C se lee también la Carta a los Hebreos.

El Leccionario ferial ha sido sin duda uno de los mayores logros de la reforma litúrgica posconciliar. Las treinta y cuatro semanas de que consta el Tiempo Ordinario, han dado lugar a crear un leccionario propio con su estructura propia. Las lecturas se han ordenado de tal forma para ser proclamadas de una forma continua o semicontinua. Es bienal para la Primera Lectura y se alterna según el año par o impar. Por lo general, es una lectura continua o semicontinuada de un libro del Antiguo Testamento o del Nuevo Testamento durante un periodo de tiempo. En cambio, la lectura evangélica sinóptica se proclama la misma para cada año. El ciclo ferial de lecturas mantiene viva la Palabra de Dios en la comunidad cristiana para ser meditada, orada, conservada en el corazón y testimoniada en obras.


Ángel Fontcuberta

 

Para la Semana

Lunes 14:
Isaías 1,10-17. Lavaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones.

Sal 49. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

Mateo 10,34-11,1. No he venido a sembrar paz, sino espadas.
Martes 15:
Isaías 7,1-9. Si no creéis, no subsistiréis.

Sal 47. Dios ha fundado su ciudad para siempre

Mateo 12,46-50. Señalando a los discípulos, dijo:” son mi madre y mis hermanos”.
Miércoles 16:
Nuestra Señora del Carmen. Advocación popular de la Virgen. Recuerda el Monte Carmelo en Palestina, donde nació la Orden Carmelita.

Isaías 10,5-7.13-16. ¿Se envanece el hacha contra quien la blande?

Sal 93. El Señor no rechaza a su pueblo.

Mateo 11 ,25-27. Has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a la gente sencilla.
Jueves 17:
Isaías 26,7-9.12.16-19. Despertarán jubilosos los que habitan en el polvo.

Sal 101. El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra.

Mateo 11,28-30. Soy manso y humilde de corazón
Viernes 18:
Isaías 38,1-6.21-22.7-8. He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas.

Sal: Is 38,10-12.16. Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía

Mateo 12,1-8. El Hijo del Hombre es Señor del sábado.
Sábado 19:
Miqueas 2,1-5. Codician los campos y se apoderan de las casas.

Sal 9. No te olvides de los humildes, Señor.

Mateo 12,14-21. Les mandó que no le descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta.

 

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