Domingo de la 17ª semana de Tiempo Ordinario – 27/07/2014

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Comentario Pastoral
SABIOS PARA LO ESENCIAL

Alcanzar la verdadera sabiduría ha sido y es un empeño constante del hombre gobernante y del creyente auténtico. Salomón es prototipo perfecto de hombre sabio y de monarca que al comienzo de su reinado pidió a Dios el discernimiento para escuchar y gobernar. La fama de Salomón cundió de tal modo que todos deseaban aproximarse a él para comprobar la sabiduría que Dios había puesto en su corazón, dándole autoridad en temas sociales, en problemas políticos y en el vasto campo filosófico y teológico.

La sabiduría es discernimiento en el juicio, distinción clara entre lo bueno y lo malo. En un mundo como el de hoy, con tantas confusiones ideológicas y oscuridad de criterios, se hace urgente y casi imprescindible alcanzar la recta sabiduría, superadora de necesidades fáciles que desembocan en una vida sin esfuerzo. La sabiduría que proviene del Espíritu que nos ha dado y que es fruto de las enseñanzas del evangelio, vuelve dócil e inteligente al corazón. Así el creyente alcanza madurez humana y talla espiritual, libertad de decisión e inteligencia crítica para descubrir los valores caducos.

Las dos primeras mini parábolas del evangelio sobre el tesoro escondido y la perla del gran valor hacen referencia a lo que en la opinión popular se considera como más deseable y precioso; para conseguirlo se deben sacrificar todas las otras cosas con prontitud y habilidad financiera.

Descubrir un fabuloso tesoro escondido es encontrar el Reino de Dios, que se nos es ofrecido como ocasión única. Para no perderla, si es necesario, se deben empeñar todos los medios y posibilidades que están a nuestra disposición. La sabiduría que nos propone Jesús es ser capaces de subordinar todo el nuevo tesoro descubierto desde la fe, que supera todo bien efímero y hace superfluo lo restante.

El esfuerzo de la elección de lo esencial no defrauda y comunica una gran alegría. Optar por el Reino de Dios exige inteligencia y no sólo coraje, e implica tener la simplicidad de la paloma y la astucia de la serpiente. Los verdaderos sabios son los que al final son salvados por el juicio divino y no según esquemas humanos.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Reyes 3, 5. 7-12 Sal 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130
san Pablo a los Romanos 8, 28-30 san Mateo 13, 44-52

Comprender la Palabra

La primera lectura del primer Libro de los Reyes contiene la oración que Salomón dirige a Dios al comienzo de su reinado. Salomón ora a Dios desde su juventud e inexperiencia para gobernar el dilatado reino que ha heredado del magnífico rey David, su padre y dirige a Dios esta oración. El autor quiere poner de manifiesto el valor de la sabiduría.

Dios vela por su pueblo y ofrece a Salomón su ayuda para gobernarlo y conducirlo por el camino que posibilite su tarea y su misión. El hombre dispone de muchas posibilidades, cada día más, y por eso necesita el discernimiento y el acierto. Necesita la sabiduría de Dios que alcanza a la vida cotidiana de todos y descubre la voluntad de Dios que indica al hombre dónde se encuentra la verdadera realización humana y, en consecuencia, la plenitud y felicidad humanas. Nuestro mundo necesita que se le proclame esta palabra: la sabiduría que procede de Dios para conducir sagazmente la vida es el valor más importante.

Un domingo más seguimos leyendo la Carta a los Romanos. Pablo sale al paso de quienes desconfían de Dios porque no interviene puntualmente y según sus deseos y responde a la impaciencia con la necesidad de la esperanza y sus colaboradoras: constancia, paciencia, perseverancia, longanimidad y duro aguante en medio de las persecuciones y dificultades. Perseverancia en el bien comenzado; constancia en lo adverso; longanimidad que corrige la impaciencia; paciencia que corrige la precipitación. Dios realizará plenamente, en la consumación, el proyecto preparado para quienes quieran abrirse a su obra. A pesar de los avatares y dificultades de la historia y del camino, el destino final es una realidad firme y segura. Este proyecto sigue siendo válido hoy en nuestro mundo que necesita apoyarse en realidades firmes que le permitan seguir adelante en la esperanza.

En el Evangelio de Mateo sigue el discurso parabólico. La moraleja de la parábola del tesoro escondido es sencilla: es necesario venderlo todo para comprar el campo donde está el tesoro. Sólo así podrá llegara a poseerlo. Otro tanto ocurre en el terreno religioso: el reino de Dios es un tesoro que exige una decisión rápida, radical y ponerlo todo en venta. Las exigencias del reino no admiten recortes ni demoras. Pero también ofrecen un don desbordante: un inmenso tesoro. El Evangelio es exigente, pero es un don gratuito y desbordante.

El problema que el evangelio quiere dilucidar con la parábola del comerciante en perlas finas es que es necesario vender todo lo que se posee y comprarla. Es necesario, en primer lugar, el riego, luego se podrá disfrutar del valor admirable de la perla preciosa. Espléndido es el valor de la perla, pero exigentes son las condiciones. Más excelente es el don conquistado si se toma la decisión. ¡Jesús es así! Ofrece y propone, nunca impone ni fuerza. Don gratuito y respuesta comprometida.

Ángel Fontcuberta

 

al ritmo de las celebraciones


La celebración de los santos en el tiempo ordinario

En las ferias del Tiempo Ordinario, siempre es posible celebrar la Misa de cualquiera de los Santos inscritos en el Martirologio en dichos días.
La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II ha pretendido, además, devolver a las Iglesias locales y a las familias religiosas, el culto de sus santos. Dejando la celebración en toda la Iglesia de aquellos hombres y mujeres santos cuyo mensaje tiene dimensiones universales, tanto por la fama de virtud, como por el tipo de santidad que encarnaron, sin olvidar tampoco la representatividad geográfica e incluso de estados de vida. Las disposiciones de la Santa Sede en la constitución apostólica Divinus perfectionis Magister, del 25 de enero de1983, buscan facilitar el proceso a la santidad de aquellos que no tienen quien promueva su causa.

La celebración de un santo en su dies natalis (día de su muerte) o en cualquier otra fecha, reonoce que en esta persona se ha cumplido de manera sobresaliente el misterio pascual. Esto supone, implícitamente al menos, que celebración de un santo redunde en el honor y la alabanza de Dios Padre por la obra de la salvación realizada por Cristo: “las fiestas de los santos proclaman las maravillas de Cristo en sus servidores” (SC 111; cf. LG 50).

La liturgia actual emplea la siguiente terminología para señalar la categoría litúrgica de la celebración:

SOLEMNIDAD: Son días que prevalecen sobre otros, a excepción de algunos domingos y fiestas del Señor. Tienen Misa y Oficio propio, Gloria, Credo y Lecturas propias.

FIESTAS: Son días que cuentan con un relieve especial. Las celebraciones tienen, la mayoría de las veces, textos propios. Tienen Gloria y lecturas propias en la Misa. Sin embargo no pueden prevalecer sobre los domingos.

MEMORIA: Es la forma habitual de la celebración de los Santos. Pueden ser Memorias obligatorias o libres. Las Memorias obligatorias cuentan , normalmente, con las tres oraciones propias de la Misa, así como la lectura patrística o hagiográfica del Oficio de la Liturgia de las Horas. Las memorias libres cuentan con la colecta propia, las demás oraciones se toman de común correspondiente o de feria. Las lecturas son siempre de feria. Hay cierto grupo de santos que tienen el mérito de haber sido “los testigos oculares” de los acontecimientos de salvación revelados en el Nuevo Testamento y son mencionados, especialmente, en los evangelios. En estos casos es obligatorio leer las lecturas bíblicas propuestas para su Fiesta o su Memoria.


Ángel Fontcuberta

Para la Semana

Lunes 28:
S. Pedro Poveda Castroverde, pbr. ymr. Memoria.

Jeremías 13,1-11. El pueblo será como ese cinturón que ya no sirve para nada.

Sal: Dt 32,18-21. Despreciaste a la Roca que te engendró.

Mateo 13,31-38. El grano de mostaza se hace un arbusto, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Martes 29:
Santa Marta.

Jeremías 14,17-22. Recuerda, Señor, y no rompas tu alianza con nosotros.

Sal 78. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.

Lucas 10-28-42. Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas.
Miércoles 30:
Jeremías 15,10.16-21, ¿Por qué se ha vuelto crónica mi llaga? Si vuelves estarás en mi presencia.

Sal 58. Dios es mi refugio en el peligro.

Mateo 13.44-46. Vende todo lo que tiene y compra el campo.
Jueves 31:
San Ignacio de Loyola (1491-1556).

Jeremías 16,1-6. Como está el barro en manos del alfarero, así estáis vosotros en mis manos.

Sal 145. Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob.

Mateo 13,47-53. Reúnen los buenos en cestas y los malos los tiran.
Viernes 1:
San Alfonso María Ligorio (1696-1787), obispo, doctor, fundador de los Redentoristas, maestro de teología moral.

Jeremías 26,1-9. El pueblo se juntó contra Jeremías en el templo del Señor.

Sal 68. Que me escuche tu gran bondad, Señor

Mateo 13,54-58. ¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?
Sábado 2:
Jeremías 26,11-16.24. Ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros, a predicar estas palabras.

Sal 68. Escúchame, Señor, el día de tu favor

Mateo 14,1-2. Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos fueron a contárselo a Jesús.


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