Domingo de la 20ª semana de Tiempo Ordinario. – 17/08/2014

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Comentario Pastoral
FE Y DIÁLOGO

Después de leer el evangelio de la mujer cananea y escuchar la alabanza de Jesús “Mujer ¡qué grande es tu fe!”, todos sentimos una interpelante llamada a examinar el nivel, compromiso y vivencia de nuestra fe cristiana. Porque la mujer cananea, pagana, al pedir la curación de su hija, se convierte en ejemplo y modelo de confianza en el Señor.

A todos conmueve la profundidad y constancia de la cananea, que manifiesta una creciente actitud y testimonio de fe en Jesús; primero le reconoce como Señor e Hijo de David, después le suplica compasión y pide socorro, para finalmente mendigar ser aceptada en “la casa del amo” corno un perrito que come las migajas que caen de la mesa.

Al conceder Jesús la curación de la hija de la mujer pagana, so afirma el gran principio revolucionario de que la salvación va no es resultado de la simple pertenencia a la raza de Abrahán, sino la capacidad ¿e creer en Jesús como el Señor. Viendo este comportamiento de Cristo y apoyados en él, los apóstoles se lanzan a la conquista del mundo pagano, dando la primacía de la salvación a la fe, como adhesión a Cristo, Palabra de salvación que Dios ha dicho en favor de todos los hombres.

Junto al tema de la fe, en este domingo sobresale el tema del diálogo con otras religiones. El mensaje cristiano es amor y respeto a todo hombre, no es elitista ni racista, está abierto a todos los valores de la humanidad, evitando los escollos del rigorismo integrista y del sincretismo indiferente.

El diálogo que provoca el mensaje cristiano supone paciencia y espera, reconociendo que los tiempos y los caminos de Dios a veces no son coincidentes con nosotros y nuestras impaciencias. Y es búsqueda amorosa y constante signo de humildad y de apertura interior, que permite reconocer a los otros como compañeros de viaje, si no es posible que sean compañeros de habitación.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 56, 1. 6-7 Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8
san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32 san Mateo 15, 21-28

Comprender la Palabra

La vuelta del exilio de Babilonia es ya una realidad cumplida. Estos capítulos son el último producto de la fecunda escuela isaiana. Este oráculo data probablemente del tiempo posterior a la vuelta del destierro. Fiel a la tradición universalista del Segunda Isaías, el autor de estos oráculos proclama que los prosélitos extranjeros deben ser admitidos y participar de los bienes de la comunidad de Israel. Todos pueden participar de la salvación de Dios nadie queda excluido. Todos pueden participar de la salvación de Dios que se concreta en la guarda del derecho y la práctica de la justicia. La transformación del mundo pasa, entre otros elementos, por hacer presente de forma más convincente el derecho y la justicia que proceden de la alianza con Dios y se enraízan en la intimidad de los hombres de buena voluntad.

La segunda lectura de la Carta a los Romanos habla de dos temas importantes: la cuestión de la restauración de Israel con la resurrección final de toda la humanidad en el horizonte y la esperanza firme de que Israel se convertirá y se integrará en la comunidad que nace con la misión y la obra de Cristo porque los dones de Dios son irrevocables. Sigue siendo necesario anunciar hoy a los hombres que, a pesar de las paradojas graves y desconcertantes que experimentamos en la experiencia de lo religioso y de la fe, el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo es un Dios de misericordia y fiel que espera pacientemente e interviene en la historia de los hombres amorosamente y con sumo respeto.

El relato del evangelio es exponente de un proceso que corresponde a la realidad de la Iglesia primitiva, nos ofrece a lo largo de su composición una visión muy singular de la apertura del Evangelio a los gentiles. Los judíos, como herederos de la elección y de las promesas, deben ser los primeros en recibir el ofrecimiento de la salvación mesiánica. La comunidad cristiana está formada por discípulos procedentes del judaísmo y de la gentilidad que han aceptado a Jesús y a su Evangelio. El episodio de la mujer cananea, finamente narrado, es un preludio de la invitación final a la salvación y un exponente de las dificultades de la Iglesia primitiva para desprenderse de su pasado judío y abrirse a la gentilidad y ofrecerle el Evangelio.

Ángel Fontcuberta

 

espiritualidad litúrgica


La Secuencia de Pentecostés (1)

La Secuencia es una composición literaria de las denominadas “interpoladas” que, en el medievo, lograron una gran aceptación y de las que quedan algunos vestigios.

Posteriormente, aparecerá como una composición musical formada por más de una frase melódica que se repite dos veces, o al menos debe repetirse una. Es, por así decirlo, una forma musical derivada del Tropo tipo prosa, que al evolucionar constituye una unidad musical independiente.

El texto es atribuido al arzobispo de Canterbury, Stephan Langton (1150-1228), aunque también son considerados sus autores tanto el rey de Francia Roberto II el Piadoso (970-1031) como el Papa Inocencio III
(1161-1216).

Esta Secuencia, que es una de las cuatro que aún perduran en la liturgia romana después de la reforma del Concilio de Trento, se cantaba el Domingo de Pentecostés y se repetía durante la octava, actualmente desaparecida. El Domingo de Pentecostés, (“pentecostés” procede del griego y significa quincuagésimo día), cincuenta días después del Domingo de Resurrección, cierra la Cincuentena pascual. A los cincuenta días de la Resurrección del Señor, el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles, escribiendo una ley de gracia en sus corazones y en sus inteligencias, constituyéndoles doctores de la verdad revelada e intrépidos anunciadores del Evangelio con el que renovarán la faz de la tierra.

Con esta Secuencia, cuyo texto recuerda la primera venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles en Pentecostés (cfr. Hch 2), la Iglesia pide, al inicio de su actividad, su asistencia al Espíritu Santo. El fondo histórico de esta celebración lo encontramos en la fiesta semanal judía llamada “Shabuot” (fiestas de las semanas), durante la cual se celebra el quincuagésimo día de la aparición de Dios en el Monte Sinaí, por tanto este día celebra la entrega de la Ley (mandamientos) al pueblo de Israel.

De acuerdo con la normativa litúrgica esta Secuencia es obligatoria. En caso de no poderla cantar, ha de leerse la traducción que figura en el Leccionario, antes del Aleluya, y por lo tanto estando aún sentados.

 


Ángel Fontcuberta

Para la Semana

Lunes 18:
Ezequiel 24,15-24. Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho.

Sal: Dt 32,18-21. Despreciaste la Roca que te engendró.

Mateo 19,16-22. Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, así tendrás un tesoro en el cielo.
Martes 19:
Ezequiel 28,1-10. Es hombre y no dios; te creías listo como los dioses.

Sal: Dt 32,26-28.30.35-36. Yo doy la muerte y la vida.

Mateo 19,23-30. Más fácil le es a un camello entrar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.
Miércoles 20:
San Bernardo (1090-1153)

Ezequiel 34,1-11. Libraré a mis ovejas de sus fauces para que no sean su manjar.

Sal 22. El Señor es mi pastor, nada me falta.

Mateo 20,1-6. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?
Jueves 21:
San Pío X, papa (1875-1914)

Ezequiel 30,23-28. Os daré un corazón nuevo y os infundiré mi espíritu.

Sal 50. Derramaré sobre vosotros un agua para que os purificará de todas vuestras inmundicias.

Mateo 22,1-14. A todos los que encontréis, convidadlos a la boda
Viernes 22:
Santa María Virgen Reina.

Ez 37,1-14. Huesos secos, escuchad la palabra del Señor. Os haré salir de vuestros sepulcros, casa de Israel.

Sal 106. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Mt 22,34-40. Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a tí mismo.
Sábado 23:
Ezequie1 43,1-7a. La gloria del señor entró en el templo.

Sal 84. La gloria del Señor habitará en nuestra tierra

Mateo 23,1-12. No hacen lo que dicen.


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