1Corintios 15, 12-20

Sal 16, 1. 6-7. 8 y 15 

san Lucas 8, 1-3

“Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él habla curado de malos espíritus y enfermedades.” Jesús va acompañado. Tal vez no sea un séquito real a los ojos de los hombres, algunas mujeres y doce personajes de dudosa reputación algunas. Pero es la compañía que sigue a Jesús, que escucha sus palabras, que contempla sus milagros, que descansa con Él, que ríe con Él, que llora con Él. Eso es lo que hacemos, en síntesis, cuando rezamos el rosario, acompañar a Jesús con María para poder acompañarle en la vida ordinaria.

El cristiano so sigue una ideología, ni tiene unos conocimientos gnósticos, ni ha llegado a una pureza ritual inalcanzable. El cristiano simplemente camina con Cristo, unidos en la Iglesia. Caminando con cansaremos, tendremos ganas de volvernos atrás, tendremos días llenos de ánimo y otros en que Jesús nos asombrará una vez más. No es seguir las ideas de un muerto ni una imagen de un fantasma, “porque, si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.” El que se sigue a sí mismo acaba dando vueltas y perdido. El que sigue a Cristo resucitado, llega al cielo.

En el rezo del rosario contemplamos momentos gozosos, dolorosos, gloriosos y otros que iluminan nuestra vida. A algunos les puede parecer repetitivo, pero es la misma repetición de dar un paso detrás de otro, de un día que sucede al anterior, de un latido del corazón que se sucede a otro. El rosario es como el bastón que nos ayuda a caminar, a veces nos podrá parecer un peso innecesario, pero cuando llega la cuesta arriba nos sirve de apoyo y ciando pretendemos correr cuesta abajo nos sirve de freno.

Ojalá cuidemos más el rezo del rosario, lo recemos en familia, enseñemos a otros a rezarlo y tenga un buen momento en medio de todas las actividades de nuestro día.

Con María, caminamos con Jesús.