EL CESAR NO ES DIOS

Escrito por Comentarista 8 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Isaías 45, 1. 4-6

Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y e 

San Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

San Mateo 22, 15-21

He estado leyendo estos días algunas de las “Actas de los mártires” de los primeros siglos. Parece que en la Iglesia hemos perdido el sentido martirial, como si fuese algo de los primeros siglos, cuando la gente era muy bestia y alimentaba a los leones con cristianos. En una sociedad refinada y delicada como la nuestra no se pueden repetir esas historias. (Sin embargo cada año hay mártires en la Iglesia, víctimas de la violencia contra la fe y también víctimas que pierden su trabajo, su reputación, sus posibilidades por vivir su fe). Los mártires de los primeros siglos eran entregados a las torturas por no ofrecer sacrificios a los ídolos o a los emperadores. En todo el nuevo testamento y en los escritos de los padres de la Iglesia no encontramos un solo texto que pida por la caída de los gobernantes, todo lo contrario, nos ruegan que pidamos por ellos para que realicen bien su labor. Pero jamás trataría al poder como si fuera Dios, ya que los poderosos habían recibido “ese poder de lo alto”.

“«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: -«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. » Le presentaron un denario. Él les preguntó: -«¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: -«Del César.» Entonces les replicó: -«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»” Esta era una pregunta capciosa desde el principio y sigue siéndolo aún hoy. Muchos citan este texto para decir que la Iglesia no se meta en política, pero nunca para decir que los gobernantes están pidiendo lo que no les corresponde, se están arrogando el derecho de ser dioses. Es muy difícil tener poder en la tierra y ser humilde. No queremos darnos cuenta que no tenemos nada que no hayamos recibido. Así le dice el Señor a Ciro: “ Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mi, no hay dios.” Cuanto mayor sea tu responsabilidad ante los hombres deberíamos ser más humildes. Ni el párroco, ni el Obispo, ni el Gobernador, ni el Presidente, ni el Científico, ni el Jurista, ni el … (los he escrito con mayúsculas pues todos se creen muy importantes), están para mandar, sino para servir. No podemos convertirnos en tiranos de aquellos que se ha puesto bajo nuestra responsabilidad. Ni debemos decidir quien vive y quien muere. Eso no nos corresponde a nosotros. Sin embargo, cada vez a uno le dan un nombramiento, vuelve a parecer Satanás para decir al oído: “Seréis como dioses.” Y entonces nos creemos importantes y dejamos de servir para servirnos.

Los cristianos rezamos por nuestros gobernantes. Pedimos por ellos para que acierten en su gestión y busquen el bien común. Los cristianos que ejercen la política deberían buscar entregarse a mejorar la sociedad según los dones que les han sido dados. Ojalá fuera siempre así, pero qué difícil es descubrirlo. Lo que nunca podemos hacer los cristianos es darle al Cesar lo que es de Dios. Cuantos ante unas siglas, una ideología o por rechazo a un gobernante se olvidan de defender la vida, de no odiar, de colaborar con sus impuestos al bien común, de participar en la vida pública. Entonces no están dando ni a Dios lo que es de Dios ni al Cesar lo que es del Cesar.

Cada cristiano (aunque sea Obispo), cada ciudadano (eso es muy francés), tiene derecho a participar en la vida pública y denunciar lo que está mal. La Iglesia no dejará de recordarle a los gobernantes que tienen que servir a la sociedad y a cada persona, especialmente a los más pobres e indefensos. Si no les gusta, que se dediquen a jugar al Trivial, pero no a jugar a ser dioses.

La Virgen María está al lado de su Hijo, y está para servir. A ella encomendamos a tantos que tienen poder y lo usan mal.

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