BASTA QUE LO DIGAS DE PALABRA.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

No es broma, estoy sordo como una tapia del oído izquierdo. Espero que el miércoles el otorrino lo pueda arreglar, que le hecho caso en lo de tomar medicinas y cada día oigo menos. En la parroquia ya saben que si me apoyo con la mano tapándome la oreja derecha es que no me interesa nada lo que me están contando y estoy pensando en mis cosas. Es un problema pues me molesta cuando hablan varios alrededor, y también molesta el silencio pues escucho una mezcla de zumbido-pitido constante. Pero también es una ventaja pues cuando te interesa lo que te están contando tienes que poner mucha más atención.

«Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.» En ocasiones podemos pensar que Dios ha dejado de hablarnos, que ya no dice nada…, y en muchos casos hemos dejado de escucharle.

Desde luego el “mundo” –por llamarlo así-, ha dejado de escuchar a Dios. Lo que mueve a las naciones no es la Palabra de Dios que “él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas,” y así respetar a cada persona como hijo de Dios, la justa retribución de los bienes, el cuidado de la naturaleza, etc. El mundo se guía por la economía, el interés y el poder. Podemos “globalizar” el mundo y ver las hambrunas, enfermedades, guerras, violencias, desiertos donde antes había vida, pobreza en nuestra calles: Dios nos habla y no le escuchamos. Nadie dice. “Acabemos con esto” y es tomado en serio. En seguida nos dicen: ¿Sabes lo que costaría? Y seguimos mirando para otro lado.

El “mundo” se compone de personas y muchas personas han dejado de escuchar a Dios o no le dejan hablar. Nos bastamos a nosotros mismos y cuando caemos en la cuenta de nuestro vacío intentamos llenarlo de cosas que no llenan pero que creemos que no nos complican la vida. Se puede mirar lo grande: la droga, la prostitución, el tráfico y abuso de personas, la dependencia sexual … o lo que creemos pequeño como es la soledad, la indiferencia o el hastío en que están muchos corazones.

Y esas personas formamos la Iglesia terrena, que muchas veces hacemos que Dios no hable o decimos que ha dicho lo que nosotros queremos que diga. Esta querida Iglesia que a veces vemos envuelta en banderías, divisiones, pecados, murmuraciones, personalismos y demás estupideces que desgarran el Cuerpo de Cristo. Ojalá llegue el día en que en la iglesia podamos decir: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios.» Pero a veces da más miedo ir a otra parroquia o congregación religiosa que a la sede del partido Maoísta.

Comenzando el Adviento volvemos nuestra vista, corazón y oído a María, preparando ya la fiesta de la Inmaculada. Y le decimos al Señor : “Hágase en mí según tu Palabra.” Dediquemos este Adviento en nuestras parroquias y comunidades tiempo para escuchar la voz de Dios. Basta que Él lo diga de Palabra y su criado quedará sano. Basta que cada uno hagamos lo que Dios quiere de nosotros (no suelen ser cosas imposibles ni dificilísimas), para que el mundo cambie. Pidamos este Adviento una Iglesia Santa, como Santo es Dios. Y una Iglesia Santa hará que las personas de su entorno cambien y así el mundo cambiará. No es un imposible ni es un deseo inalcanzable, basta que lo creas: “Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe.” ¿Por qué va a ser este un Adviento más? ¿Por qué nos vamos a resignar a una Navidad de hermosos envoltorios y corazones vacíos? Créelo. Aunque las cosas estén muy mal, aunque hayas pensado en tirar la toalla y dedicarte sólo a lo tuyo el Señor te envía a pedir por otros. Ten la fe del centurión. Antes de comulgar repetirás sus palabras y tendrás a Dios dentro de ti. Si sucede ese milagro ¿No sucederán otros mucho menores? El mundo puede cambiar pero hacen falta intercesores que escuchen. De la mano de María es posible, aférrate a ella. Y no pases por el mundo con indiferencia. «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho.» Que te duela el mundo y te hará ser un alma reparadora.

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