Es cuestión de reconocer su autoridad en nuestras vidas…

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Nos encontramos hoy, otra vez, a Jesús en una disputa en público con la aristocracia sacerdotal de la época. A los sumos sacerdotes del Templo no les hace ninguna gracia la creciente popularidad y autoridad que está adquiriendo Jesús entre el pueblo. En este intercambio de preguntas y ninguna respuesta, es necesario “sintonizar el canal adecuado” para poder enterarse de lo que pasa. A mi me pasa mucho, por ejemplo, cuando estoy en una conversación con varias personas del pueblo que van con segundas o terceras intenciones, influenciadas por prejuicios o rencillas pasadas: no te enteras de la mitad de lo que están diciendo y te quedas con una idea falsa de lo conversado.

El cuestionar la autoridad de Jesús está motivado realmente porque los que no querían reconocer, ni la misión divina de Juan El Bautista, ni quién es Jesús, el mesías esperado, que habla y actúa con autoridad propia, no dada, ven peligrar su poder y privilegios. Estaban perdiendo autoridad e influencia sobre el pueblo y, principalmente sobre los humildes y débiles. Jesús, con su predicación y obras, pone en evidencia sus pecados, sus debilidades y sus muchas sombras de vida. Le pasa hoy en día también a muchas personas que conocemos. Cuestionan los Evangelios, la Iglesia o los fundamentos de nuestra fe. La verdad es que cuesta reconocer la divinidad de Jesús, porque, entonces, la autoridad de sus palabras y obras, ponen en evidencia la superficialidad, la incoherencia y la lejanía de Dios, como los que disputan en este pasaje con Él, de los que hoy quieren ser o son nuestros referentes.

Nosotros podemos caer en esta tentación. Podemos intentar hacerle preguntas trampa al Señor o ir con segundas o terceras intenciones, movidos por nuestras resistencias a aceptar la verdad de nuestra vida, su voluntad, la necesidad de purificación de nuestras intenciones, deseos, afectos. Él nos va a hacer otra pregunta para ayudarnos a darnos cuenta de ello, como a los sumos sacerdotes. ¿No responderemos? Piensa, se valiente, como Blaán en este pasaje del libro de los Números que se mantiene obediente a la voz divina ,aunque a Balac le irrite y lo expulse de su pueblo. Hoy te invito a repetir las palabras de este salmo 24 en tu oración personal, en el trabajo, en la facultad, en casa, en la capilla… Que nos ayuden a superar nuestras superficialidades, incoherencias, prejuicios, miedos, ansias de poder, distancias de los demás, distancia de Él.

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