the-lovers-picasso-pablo-cubism-oil-on-canvas-genre-terminartors-1372640170_bEl Evangelio de hoy es el kilómetro cero de donde arranca el significado del matrimonio. Dice el Señor que es “para quienes han recibido este don”. Es decir, que la relación entre hombre y mujer empieza desde una altura divina. Muchos matrimonios dicen que la convivencia desgasta y que es capaz de llevarse por delante una relación. Pues claro que desgasta, lo extraño sería que no dejara huella. Es una evidencia, la “criatura”, toda criatura, es incapaz de regalar una vida para siempre.

El escritor David Foster Wallace en un libro ácido y ligero sobre las desventajas de hacer un crucero (“Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”), dice que el espectáculo de ir en barco no es el más saludable para un turista que busca una experiencia deslumbrante, ya que la sal del mar es corrosiva y va comiéndose la quilla del barco sin que él lo sepa. La sal, el hierro, la madera y el hombre, tienen en común su condición de criatura, su temporalidad. Por mucho que nos empeñemos en lanzar una piedra sobre el océano, más pronto o más tarde el ímpetu del impulso se relajará, hasta que venza la fuerza de la gravedad y la piedra caiga en las aguas. ¿Cómo no va a ocurrir lo mismo en la relación tú a tú?

Si el Señor se hizo hombre fue para rescatarnos de la tiranía de la oxidación y la herrumbre. La promesa del Señor descansa sobre aquellas palabras que dijo a la samaritana, “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. El matrimonio “por la Iglesia” no es meramente la inclusión del contrato natural dentro de un marco litúrgico, es la posibilidad de hacer de la promesa humana una experiencia de Dios. Las relaciones humanas ya no quedan reducidas a los aspectos más cambiantes, a los sentimientos o a los estados de ánimo, sino que llevan una dirección y, en los acontecimientos más pedestres, habita una presencia sobrenatural.