Semana de oración por la unidad de los cristianos: llenarse de Cristo para unir

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Jesús se retira con sus discípulos, pero la muchedumbre empeñada en estar con él le siguen. En varias ocasiones recogen esto los evangelistas. Quizás el Espíritu Santo quiera enseñarnos la necesidad de buscarle y fomentar el deseo de estar con Él, dejarle que nos enseñe con sus palabras, que nos llene de esperanza y nos consuele. Paralelamente, también es una escena repetida en los Evangelios, busca la colaboración de sus discípulos para poder llegar a todos y que no se “estrujen” e impidan a más personas oír su voz y ver su rostro.

Le pedimos, ahora, al Espíritu Santo que suscite en cada uno ese deseo de verle y oírle, de “tocarle”. Esto último no es una exageración, cada vez que comemos su Cuerpo y bebemos su Sangre en la Comunión, hacemos mucho más. Así, del trato de intimidad con Jesús, seremos verdaderos instrumentos de unidad en todos los ambientes en que nos movamos, porque el autor de tal unidad es Dios mismo. Como nos recuerda San Juan Pablo II, “la comunión de los cristianos no es más que la manifestación en ellos de la gracia por medio de la cual Dios nos hace partícipes de su propia comunión, que es su vida eterna” (Encíclica Ut unum sint número 9).

“Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros. (…) No ruego sólo por éstos, sino por los que han de creer en mí por su palabra: que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno. Yo en ellos y Tú en mí, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que Tú me has enviado y los has amado como me amaste a mí” (Jn 17, 11.14.20-23). La unidad es don de Dios, fruto de la oración de Cristo, que pide al Padre: “guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros”, “que sean uno como nosotros somos uno. Yo en ellos y Tú en mí”. Don que debemos pedir y disponernos a acogerlo.

Vale la pena buscar en cada jornada unos minutos para “oír” a Cristo en la lectura meditada del Evangelio. Si lo hacemos habitualmente va conformando en nosotros una mentalidad. San Juan Pablo II nos recordaba a los sacerdotes , pero “vale para todos la invitación a escuchar y meditar la palabra de Dios con espíritu contemplativo, a fin de alimentar con ella tanto la inteligencia como el corazón. Eso favorece en el sacerdote la formación de una mentalidad, de un modo de contemplar el mundo con sabiduría (…). La sabiduría se convierte así en la principal ayuda para pensar, juzgar y valorar como Cristo todas las cosas, tanto las grandes como las pequeñas. (…) Favorece la profundización de la unión con Cristo, ayuda a entrar cada vez más en el pensamiento del maestro y afianza la adhesión a él de persona a persona” (“Catequesis sobre el presbiterado. Audiencia general 2 – VI – 1993, nº 4 ).

Encomendémonos a María, la criatura que mejor a sabido tratar a su Hijo, para alcanzar una confianza e intimidad cada vez mayor con Él.

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Comentarios (2)

  • José Mª. Martín Sánchez.

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    Hay un error de imprenta en la penúltima línea del comentario de hoy
    21-01-16, falta la h en HA SABIDO.

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  • José Mª. Martín Sánchez.

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    El comentaio es que hay esa falta ortográfica. Gracias por los comentarios, que me gustan y leo con frecuencia.

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