Hoy Cristo sigue enseñando

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Un sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar”. ¡Qué suerte poder escuchar la enseñanza de labios de Jesús! Sin embargo, estos hombres no son capaces de apreciar su suerte. El Señor se encuentra un auditorio poco receptivo “estaban al acecho para ver si curaba en sábado y encontrar de qué acusarlo”, nos dice el texto evangélico. La disposición de estos hombres no era la mejor. No tienen ningún interés en escuchar a Jesús porque ellos tienen su propia “sabiduría” ¡y la de Jesús no coincide con ella, les resulta incómoda! ¡Si tuviéramos esa misma oportunidad! Si tu y yo supiéramos, ahora mismo, dónde haría esto mismo Jesús, seguro que dejábamos todo para escucharle, asimilar sus enseñanzas y poder preguntar las dudas y dificultades. Hoy el Señor continua haciéndonos llegar su voz, sigue enseñando, en la Sagrada Escritura, en la enseñanza de la Iglesia, en la vida de sus santos (los canonizados y los no canonizados), en el diálogo personal en la oración y meditación ¿Acudimos a escucharle, a dejarnos enseñar en esas “sinagogas”? ¿Nos dejamos enseñar?

El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda cómo “la Iglesia recomienda insistentemente todos sus fieles… la lectura asidua de la Escritura para que adquieran ‘la ciencia suprema de Jesucristo’ (Flp 3,8)… Recuerden que a la lectura de la Santa Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues ‘a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras’ (San Ambrosio, off. 1, 88)” (DV 25)” (nº 2653). Vale la pena hacer el propósito de leer cada día, aunque sólo sean unos minutos la Sagrada Escritura. En esa lectura meditada el Espíritu Santo nos irá enseñando la “lección” para cada día. Esa es la sinagoga en la que Jesús nos espera cada día. Como San Juan Pablo II nos enseñaba la lectura asidua de la Sagrada Escritura es instrumento para que el Señor vaya conformando una mentalidad cada vez más parecida a la suya: “vale para todos la invitación a escuchar y meditar la palabra de Dios con espíritu contemplativo, a fin de alimentar con ella tanto la inteligencia como el corazón. Eso favorece la formación de una mentalidad, de un modo de contemplar el mundo con sabiduría, (…). Juzgar los acontecimientos a la luz del Evangelio. En eso estriba la sabiduría sobrenatural, sobre todo como don del Espíritu Santo. (…) La sabiduría se convierte así en la principal ayuda para pensar, juzgar y valorar como Cristo todas las cosas, tanto las grandes como las pequeñas. (…) A esa meta se puede llegar dejándose guiar por el Espíritu Santo en la meditación del Evangelio, que favorece la profundización de la unión con Cristo, ayuda a entrar cada vez más en el pensamiento del maestro”. (Juan Pablo II, Catequesis sobre el presbiterado. Audiencia general 2 – VI – 1993, nº 4)

Dejarnos enseñar por Cristo en el Evangelio implica la docilidad para no defendernos, de alguna manera, de cuanto nos dice. Porque podría pasarnos lo mismo que a quienes le escuchan en el Evangelio de hoy. Vale la pena preguntarnos, ante las enseñanzas del Señor de quien me fío más: de Él o de mis gustos, de Él o de mis sentimientos y deseos,…

Que como María nos fiemos completamente de la Palabra de su Hijo.

 

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