Buscar al Señor en la oración

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios”. Nuestro Señor no tiene ninguna necesidad de orar, sin embargo nos deja múltiples ejemplos para que oremos nosotros, pues para cada uno de nosotros sí es una necesidad. Rezar, considerar las cosas en la presencia de Dios nos permite ver las cosas con la mirada de Cristo. Él la quiere para nuestro bien, para comunicarnos su cariño, para llenarnos de alegría, de ánimo, de deseos de quererle. Somos nosotros los que necesitamos este encuentro y Él quien lo busca. Pedir al Señor el deseo, la sed de buscarle, de tratarle: “Tú le habrías pedido y él te habría dado agua viva”

Además, no son pocos los episodios en los cuales le encontramos rezando antes de acontecimientos importantes de su vida: comienzo de su vida pública (Lc 3,21), también cuando su labor era más (Mc 1,35; Lc 5,16). Antes de pedir a sus Apóstoles una profesión de fe (Lc 9,18), también antes realizar milagros como la multiplicación de los panes. Podemos afirmar que toda la vida de Cristo está animada por la oración.

“La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar. No basta sólo con saber lo que las Escrituras revelan sobre la oración: es necesario también aprender a orar.” (Catecismo de la Iglesia Católica 2650). Orar es mirarle a Él no a nosotros, y en Él vernos nosotros, aprender a ver las cosas con sus ojos, a tener en nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús ( cfr. Flp 2,5). El Santo Cura de Ars, observaba un hombre que entraba todos los días a la Iglesia, dejando en la puerta con gran ruido, los apeos de labranza,… Un día el Cura de Ars sale a su encuentro para preguntarle qué es lo que hace, la respuesta: “nada, yo entro, le miro, Él me mira, y ya está”. Esto es oración y de la buena.

El Evangelio de hoy nos dice cómo “venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados y la gente trataba de tocarlo”. Orar es hablarle y escucharle, abrirle nuestro corazón y manifestarle nuestras necesidades ¡y la necesidad de que nos cure de tantas cosas! Dios habla al corazón del hombre y muy claro, muchas veces este es el problema y abandonamos la oración porque en ella vemos claramente lo que Él nos pide y nosotros no queremos dar (o cambiar). Es lo que le sucedió a la mujer samaritana: Cristo le dice que vuelva con su marido y ella responde que no tiene, entonces Jesús pone el dedo en la llaga: “Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad.” Cristo la pone ante la verdad de su situación y ella echa “balones fuera”: “Señor, veo que eres un profeta.” “Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”.

Pidamos a nuestra Madre buscar con verdadera pasión buscar cada día un tiempo para estar a solas con quien sabemos que nos ama, como decía Santa Teresa, Maestra de oración.

 

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Comentarios (3)

  • Gema

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    Quisiera contar lo que me acaba de ocurrir. Llevo tiempo diciendo que Dios no me escucha cuando rezo, que no sé rezar, no le siento y necesito sentirle, lloro muchísimo de impotencia, tengo muchísimas dudas de todo; pues bien. La semana pasada tuve una intervención quirúrgica muy complicada, tanto que tuve que ir a otra provincia, ya que aquí no había ningún neurocirujano que se atreviera conmigo. Soy una persona extremadamente nerviosa y llevaba 2 meses cardíaca como pueden imaginar. Durante este tiempo he ido todos los días a misa para intentar que me echara una mano, pero con poca convicción en algunos momentos. La víspera de la operación estuve con un Jesuita con el cual he tenido varias conversaciones durante este tiempo, me dio la unción de enfermos, y me dijo que confiara, que aunque yo no lo hiciera, ha estado toda la congregación rezando por mi durante este tiempo, en la Eucaristía pedían por mí. Pues cuando salí de la Iglesia y estar con él, yo era otra persona, no era la Gema de unas horas antes, directamente me metí en el coche con mi familia y me fui a la clínica de León, estaba tranquila, me reía, cantaba en el viaje y todos me decían qué era lo que me ocurría, que no era normal, “me operaban al día siguiente” y podía tener consecuencias. En mi vida he sentido tanta paz interior, ni un ápice de nerviosismo, estaba feliz;preparada para todo, alucinaban conmigo, todos pensaban que fingía, pero no, en mi vida me he sentido mejor, me despedí en la habitación con un beso y una sonrisa para todos. Cuando entré en el quirófano les dije que estaba segura que todo iba a salir bien, había mucha gente rezando por mí, los Jesuítas de la Residencia de Bilbao estaban pidiendo por mí y eso no fallaba. Me miraron con cara de asombro. Mi último pensamiento antes de la anestesia fue: Jesús confío en Ti. Como podéis ver, todo ha salido bien.
    Yo pedía una señal, y creo que más señal que ésta no puede haber.
    GRACIAS DIOS MIO POR LA VIDA, ME HAS DADO OTRA OPORTUNIDAD Y LA VOY A APROVECHAR.

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  • Javier

    |

    Felicitaciones, Gema!

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  • roberto

    |

    Señor…Tú lo sabes todo…Tú sabes cuánto te amo. Madre, Intercede. Amén

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