Tiene el encargo de Cristo de cuidarnos

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

En Madrid celebramos la solemnidad de nuestra Patrona, Nuestra Señora de la Almudena. En esta advocación, el pueblo de Madrid ha encontrado desde 1085, la protección de la Virgen. La humanidad entera, y cada uno, estamos particularmente encomendados al cuidado maternal de María. Como nos recordaba San Juan Pablo II, en la entrega de Juan a María está entregándonos a todos a su cuidado maternal, es como si dijera: cuídales como me cuidaste a mí y, también, nos dice a nosotros quiérela como la quiero yo. (Cf. Catequesis sobre el Credo, 23-XI-1988). El reconocimiento de esta particular providencia de la Virgen nos mueve a un especial agradecimiento ¡Cada uno podemos decir, sin equivocarnos, que María me cuida, como cuidó a su Hijo! Cada uno hemos de amarla con el corazón de Cristo. En ese mismo texto el Papa nos dice cómo el amor y la devoción a la Virgen María no es algo que se le haya ocurrido a una persona particularmente piadosa, sino al mismo Cristo. Así, podemos decir que no se puede ser de Cristo sin ser muy de María.

Ella es la “morada de Dios con los hombres” (Ap 21,3). Ella es la imagen de la nueva Jerusalén, arreglada como una novia para su esposo, ciudad en la que “ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado” (Ap 21,4). Ella es fuente de esperanza. Hemos de pedirle que nos enseñe a “meter” a Nuestra Madre en todos los asuntos de nuestra vida, para buscar ahí su ayuda, su consuelo, las luces para hacer todas las cosas como su Hijo espera.

Es emocionante cómo San Juan Diego relata los encuentros con la Virgen de Guadalupe, recogidos en el Nican Mopohua, y que muestran la naturalidad y cariño en el trato. Te transcribo algún párrafo para que te animes a leer el texto entero. En la cuarta aparición, San Juan Diego llevaba prisa para avisar a un sacerdote y pudiera atender a su tío que estaba a punto de morir. Decide ir por otro lugar para, en caso de aparecersele la Señora, no le entretuviera en la búsqueda del sacerdote. La Señora se aparece y Juan Diego justifica la prisa y le pide perdón por no poder atenderla. “Después de oír la plática de Juan Diego, respondió la piadosísima Virgen: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro que ya sanó”.

Ninguna otra criatura vivió tan cerca de nuestra Madre como San José, ninguna criatura supo quererla y tratarla mejor. Pidámosle ayuda a S. José para imítale en el trato a María.

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Comentarios (3)

  • Mayte

    |

    Muchas gracias por tan hermosa reflexión !!!
    Mi corazón saltó de alegría al leer parte del texto Nican Mopohua de mi Morenita de Guadalupe.
    Bendiciones y Saludos desde Monterrey, NL México.

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  • Covadonga

    |

    Muy emocionante el relato, gracias!!
    Al final siempre nuestro modelo La Sagrada familia.

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  • sergio

    |

    Nuestra Señora de la Almudena ruega por nosotros. Amén

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