Archiv para enero, 2017

¿De dónde saca todo eso?

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Un periodista busca como un poseso las fuentes de un hecho, porque los cuentos no le valen. Una fuente no sirve, con dos se podría dar con cautela la información, con tres la fiabilidad es máxima, es la hora de la publicación. Todos llevamos guardada en algún rincón un olfato de periodista, queremos conocer la verdad de las cosas, los rumores no nos satisfacen, las verdades a medias nos dejan justamente así, a medias. Por eso al Señor, que estuvo cosido a la vida de familia durante su vida oculta, se le miraba con sospecha. Nadie podía entender esa sabiduría que le nacía de sí mismo. Dice Carlos de Foucauld que en la humilde casa de Nazaret vivía del trabajo de sus manos, humildemente, “la sabiduría divina oculta bajo la apariencia de un pobre”. No salió de su pueblo y parecía que conocía el alma humana como si hubiera viajado por continentes inexplorados.

Conocer la vida del Señor, conocerle a a Él a fondo, es inexcusable para un cristiano. Él se pronunció a sí mismo como camino, verdad y vida. Verdad es un término que el ciudadano contemporáneo entiende como agresivo y mira con recelo, porque el ciudadano está acostumbrado a consensos, a elecciones y primarias. Es normal, la vida secular tiene sus reglas. Pero el Señor dijo de sí mismo que su persona era una fuente preclara, y sus obras delataban cuanto decía. Cristo es el lugar donde toda alma de periodista bebe sin confusión, donde el enamorado sabe que tiene su corazón correspondido, donde el hombre que sufre recibe todo su consuelo.

A veces te entrará el veneno de la sospecha, “Dios entero no puede estar en un círculo de pan inerte”, “acaba de morir mi padre entre estertores, ¿por qué Dios se esconde?”, ” Dios no me oye, estoy seco, mi oración es un monólogo triste donde me escabullo ente mis pensamientos”. Al Señor no le incomodan nuestras vacilaciones, es más, cuenta con ellas. Que no te quepa la menor duda de que tus dudas no le hacen a Dios dudar de ti. El secreto de reconocer al Señor en el mundo, es mantener firme el amor hacia Él en medio de la incertidumbre. Si te sirves del silencio, de la oscuridad, del no saber, nacerá en ti esa posibilidad que se llama “la verdad de Dios”. Dejarás de sospechar, como hacían sus contemporáneos, y en vez de valerte de tus conclusiones, dejarías tus empresas cotidianas en sus manos.

¿De dónde sacaba el Señor cuanto decía y hacía?, de un corazón divino enamorado del hombre

Deprisa, deprisa

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El jefe de la sinagoga no puede más, se le está muriendo su hijita, por eso se echa a los pies de Cristo, se ha convertido en una criatura inconsolable,  una niña en agonía produce una tristeza que hace temblar a los árboles. Pocas cosas producen una sombra tan alargada. Quien se encuentra en un trance así, es capaz de lo que sea, los niños deberían vivir siempre, es más, alguien tendría que impedir que crecieran, porque los niños miran la realidad de esa manera divina que los adultos acaban por olvidar. Llevan en los ojos un punto de agradecimiento y asombro recién nacido. La ardilla que sube al árbol es la apoteosis de la belleza, nada les es ajeno, no juzgan lo que existe, lo veneran, saben intuitivamente que todo lleva noticias de un padre que juega a esconderse.

Por eso, una niña que se muere es un escándalo. El Señor se pone en marcha inmediatamente, al Maestro no le cuesta servir, ponerse en camino es la definición más propia de Dios. Cristo dirá más adelante, “para esto he salido“. La segunda persona de la Trinidad salió del Padre y ha venido al mundo para salir en busca del hombre, y si hay alguien que sufre o muere, la salida es aún más urgente. Esta puntualidad de nuestro Señor ante el dolor de quienes sufren es recurrente en los Evangelios.

A ti que lees estas líneas, te vendría bien una disponibilidad en salida tan acusada. Porque solemos ocupar nuestro tiempo en remolonear. Cuando tenemos algún enfermo de nuestra familia, que pide unos minutos de atención en el hospital, solemos organizarnos el día. Introducimos la visita en nuestro horario, cuando el enfermo debería ser la prioridad sobre la que girase el resto de la jornada. Nadie vive tan desatendido como el enfermo. Por mucho que las enfermeras rodeen su cama con visitas frecuentes, la desatención del enfermo se refiere a su alma, desea que alguien le explique qué le ocurre, capaz de regalarle tiempo para llevar a medias su desvalimiento.

El Señor va hacia la niña que se muere, el autor de la vida no puede dejar escapar la ocasión de mostrar que ha venido a traer vida y vida en abundancia. Y lo que resulta aún más novedoso es saber que a nosotros también nos ha regalado la facultad de poner vida donde la gente anda muriéndose, sólo quien ha aprendido a rezar sabe que la muerte se quiebra con la oración. Aún nos faltan los dos instrumentos básicos para vivir en verdad: la fe y la urgencia por servir. Hoy seguro que tienes a alguien que espera tu consuelo, no dejes que la tristeza le ronde, sé como el Maestro, deprisa, deprisa.

Juan Bosco, fundador (1815-1888)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Juan Bosco, Patrono de aprendices, cinema e ilusionismo, confesor y fundador; Geminiano, obispo; Ciro, Metrano y Juan, Tarsicio, Saturnino, Tirso y Víctor, Zótico, Ciriaco, Trifena, Sergio, Domingo Sarraceno, Eusebio, mártires; Julio, Martín, Adamnán, presbíteros; Marcela, Luisa Albertonia, viudas; Francisco Javier María Bianchi, confesor.

31/01/2017 – Martes de la 4ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca.
Lectura de la carta a los Hebreos 12, 1-4

Hermanos:

Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.

Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Palabra de Dios.

Sal 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32
R. Te alabarán, Señor, los que te buscan.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan.
¡Viva su corazón por siempre! R.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán los que duermen en al tierra,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.

Mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
«Todo lo que hizo el Señor». R.

EVANGELIO
Contigo hablo, niña, levántate
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al mar.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:

«Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacia doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con sólo tocarle el manto curaré».

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente y preguntaba:

«¿Quién me ha tocado el manto?».

Los discípulos le contestaron:

«Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado? “».

Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.

Él le dice:

«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:

«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:

«No temas; basta que tengas fe».

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encontra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo:

«¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida».

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:

-«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor.

Domingo de la 5ª semana de Tiempo Ordinario – 05/02/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
EL SABOR Y LA LUMINOSIDAD CRISTIANA

La sal y la luz, el sabor y la luminosidad transforman respectivamente la masa de una comida y la espesura de las tinieblas. Desde el Evangelio de este quinto domingo ordinario a los creyentes se nos recuerda que debemos conservar el sabor genuino del Credo sin atenuarlo en la indiferencia; y que nuestro empeño misionero debe ser brillante sin ocultaciones cobardes.

La sal se aplica a las heridas, en una medicina rudimentaria, para cauterizarlas o desinfectarlas; eliminando los microbios, preserva los alimentos de la descomposición. Si el creyente es la sal de la tierra debe poseer esta inalterada fuerza de transformación y de purificación que conduce a la humanidad a las esencias y valores genuinos, pues aporta al mundo el sabor de fe, la purificación de esperanza, la fuerza del amor transformante.

La sal es sustancia que no se puede comer por si sola, pero que da gusto a los alimentos y solo es menester una pequeña cantidad para hacer agradable toda la comida. Su gusto es irreemplazable, por eso si pierde su sabor nada existe que pueda dar a la sal el gusto salado. De ahí que sea fácil concluir que el discípulo de Jesús ha de dejarse impregnar de la sal del Evangelio para encontrar el gusto por la vida y el sabor de la eternidad. ¿Qué es la sal sin sabor? Es el hombre que ignora los ‘porqués’ fundamentales de la existencia humana, el cristiano que ha perdido la sabiduría (sabor) del Evangelio. Hay que recuperar siempre el sabor del saber cristiano.

El simbolismo de la luz es de importancia capital en el lenguaje religioso y bíblico. Pensemos, nada más abrir el primer libro de la Biblia, que la separación de la luz de las tinieblas fue el primer acto del Dios creador, que tenía la luz como vestido y se manifestaba entre el brillo cegador de relámpàgos y fuego.

Hoy vuelve a cobrar actualidad el pasaje de lsaías: “El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz grande; habitaban tierras de sombras y una luz les brilló”. Desde que la luz de Dios habita entre nosotros, desde la iluminación que estalló en la noche de Belén, todos los caminos de los hombres se han iluminado. Ya no hay que dar pasos titubeantes por sendas tenebrosas. Si nacer es “ver la luz del mundo, renacer en el bautismo es haber visto la luz de Dios”.

La misión y obra de Cristo es iluminadora. Él es la luz del mundo y su palabra es claridad. En este mundo tecnificado, en que se encienden y apagan tantas luces, en medio de la ciudad que brilla con la luz inventada por los hombres, paradójicamente se multiplican muchas oscuridades y no se logra disipar sombras y tinieblas interiores. Para poder contemplar los colores del mundo hay que tener la luz de los “hijos de Dios”. Solamente Cristo reanima nuestros titubeantes resplandores y su palabra nos permite vivir en la claridad de su cercanía.

Andrés Pardo

 

Palabra de Dios:

Isaías 58, 7-10 Sal 111, 4-5. 6-7. 8a y 9
san Pablo a los Corintios 2, 1-5 Mateo 5, 13-16

de la Palabra a la Vida

El discurso de las bienaventuranzas continúa con esta breve advertencia que escuchamos en el evangelio de hoy, y que advierte de la necesidad de que los discípulos no dejen de ser lo que son si no quieren que su misión cambie y los resultados no sean los que Dios espera: La sal no puede desvirtuarse. La sal es la fe que Jesús ha infundido en los discípulos, y si esta se pierde… entonces «ser arrojado fuera» es una expresión que hace referencia al juicio de Dios, a aquel que no ha hecho lo que Dios esperaba. El discípulo tiene que acoger en el corazón que, en adelante, vive para llevar a cabo la misión de Jesús en beneficio de los hombres. Como la sal sirve para otros alimentos, los discípulos tendrán que hacer frente a una misión para bien de la humanidad.

Por eso, todas las obras que el discípulo realice en su vida tienen influencia a estos efectos: salan la ofrenda de la vida, es decir, la convierten en una ofrenda no fugaz sino duradera. Es la fe en el Señor el condimento que hace que nuestras decisiones y acciones, que nuestros pensamientos y palabras, puedan presentarse delante del Señor para que Él las bendiga y las haga agradables al Padre. Nuestras acciones, entonces, se vuelven cruciales si el discípulo en ellas apuesta por el Señor. Ya la primera lectura nos presentaba esta sabiduría divina: si partes tu pan, si hospedas, si vistes… es decir, ante determinadas acciones, “romperá tu luz como la aurora”. Cuando destierres, cuando partas, cuando sacies… harás visible la fe invisible que tienes en Dios. “El justo brilla en las tinieblas como una luz”, que la Iglesia repite en el Salmo, es el reconocimiento de la enseñanza de Cristo. La luz de Cristo se ha comunicado a los discípulos, ha iluminado sus corazones, pero para que esa luz pueda “verse” es necesario obrar siguiendo la enseñanza del Maestro, obrar desde la fe.

Así, lo que aplicaba la Palabra de Dios a la sal, lo aplica también para la luz. La creación, que comienza con la luz que se hace visible en la tiniebla, continúa avanzando en cada acción creyente de la humanidad. El discípulo se convierte en creador cuando obra con fe, con fe en Jesucristo, pero en realidad está siendo partícipe en una creación nueva, según la fe, según Cristo. Toma un valor decisivo en la vida del discípulo el enfrentamiento contra la omisión: cuando dejamos de hacer algo que la fe ha iluminado en nuestro corazón, la creación se detiene, la tiniebla avanza, la oscuridad nos vence y nos atemoriza hasta conseguir que no hagamos. Hemos ocultado la luz bajo el celemín y no hemos permitido, no ya nuestro buen obrar, sino tampoco que alumbre a otros, que otros puedan ver.

Podemos pensar en muchos momentos que al no hacer algo bueno que Dios dicta a nuestro corazón “no pasa nada”. En realidad, no pasa nada… bueno. No olvidemos aquello que el amo reprocha al siervo que ha escondido su talento, en la parábola acerca del final de los tiempos (cf. Mt 25,25). Cuando uno deja de dar luz, deja de ser luz. Es así como la fe se apaga en nosotros. La fe que hemos recibido, que estamos contentos y convencidos de tener, se alimenta de buenas acciones, de actos de fe que nos mueven a obrar como Dios quiere, siendo luz en el mundo y sal de la tierra. La liturgia de la Iglesia nos mueve a obrar según nuestra fe.

Celebrar la misa, participar en la oración de las horas, anima a que nuestra vida elija ser sal y luz. Es para eso. ¿Soy consciente de que algo se mueve en mí para obrar según Dios? ¿Acepto esa vocación de discípulo que puede dar alegría a mi corazón, o reniego de esas buenas obras y dejo que se vaya apagando mi fe? En realidad, aquel que es consciente de que sus acciones iluminan a otros, sólo puede humildemente dar gracias a Dios por tanta generosidad, por compartir la tarea de la creación con nosotros en nuestra vida.

Diego Figueroa

 

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal…
el prefacio de la Virgen María, madre y medianera de la gracia

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien, verdadero Dios y verdadero hombre,
constituiste único Mediador, viviente siempre para interceder por nosotros.
En tu inefable bondad
has hecho también a la Virgen María Madre y colaboradora del Redentor,
para ejercer una función maternal en la Iglesia:
de intercesión y de gracia, de súplica y de perdón,
de reconciliación y de paz.
Su generosa entrega de amor de madre
depende de la única mediación de Cristo y en ella reside toda su fuerza.
En la Virgen María se refugian los fieles que están rodeados de angustias y peligros,
invocándola como madre de misericordia y dispensadora de la gracia.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…

 

 

Para la Semana

Lunes 6:

Génesis 1,1-19. Dijo Dios, y así fue.

Sal 103. El Señor goce con sus obras.

Marcos 6,53-56. Los que le tocaban se ponían sanos.

Martes 7:

Génesis 1,20-2,4. Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.

Sal 8. ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Marcos 7,1-13. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferrarnos a la tradición de los hombres,
Miércoles 8:

Gn 2,4b-9.15-17. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén.

Sal 103. Bendice, alma mía, al Señor.

Mc 7,14-23. Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.
Jueves 9:

Gn 2,18-25. Dios presentó la mujer al hombre. Y serán los dos una sola carne.

Sal 127. Dichosos los que temen al Señor.

Mc 7,24-30. Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.
Viernes 10:
Santa Escolástica, virgen. Memoria.

Gn 3,1-8. Seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal.

Sal 31. Dichoso el que está absuelto de su culpa.

Mc 7,31-37. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Sábado 11:

Gn 3,9-24. El Señor lo expulsó del jardín del Edén, para que labrase el suelo.

Sal 89. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Mc 8,1-10. La gente comió hasta quedar satisfecha

 

Columba Marmión, abad benedictino (1858-1923)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Martina, virgen; Matías, Armentario, Barsén, Barsés, obispos; Hipólito, presbítero; Feliciano, Filapiano, Alejandro, mártires; David Galván Bermudes, sacerdote y mártir; Sabina, Habrilia, vírgenes; Lesmes, Columba Marmión, abades; Aldegunda, Jacinta de Mariscotti, Tiadilde, abadesas; Gerardo, Adelelmo, confesores

David Galván Bermudes, sacerdote y mártir (1881-1915)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Martina, virgen; Matías, Armentario, Barsén, Barsés, obispos; Hipólito, presbítero; Feliciano, Filapiano, Alejandro, mártires; David Galván Bermudes, sacerdote y mártir; Sabina, Habrilia, vírgenes; Lesmes, Columba Marmión, abades; Aldegunda, Jacinta de Mariscotti, Tiadilde, abadesas; Gerardo, Adelelmo, confesores

Lesmes, abad y patrón de Burgos (1035-1097)

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Santos: Martina, virgen; Matías, Armentario, Barsén, Barsés, obispos; Hipólito, presbítero; Feliciano, Filapiano, Alejandro, mártires; David Galván Bermudes, sacerdote y mártir; Sabina, Habrilia, vírgenes; Lesmes, Columba Marmión, abades; Aldegunda, Jacinta de Mariscotti, Tiadilde, abadesas; Gerardo, Adelelmo, confesores

Jacinta de Mariscotti, abadesa (1585-1640)

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Santos: Martina, virgen; Matías, Armentario, Barsén, Barsés, obispos; Hipólito, presbítero; Feliciano, Filapiano, Alejandro, mártires; David Galván Bermudes, sacerdote y mártir; Sabina, Habrilia, vírgenes; Lesmes, Columba Marmión, abades; Aldegunda, Jacinta de Mariscotti, Tiadilde, abadesas; Gerardo, Adelelmo, confesores

30/01/2017 – Lunes de la 4ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Por fe, conquistaron reinos. Dios tendrá preparado algo mejor a favor nuestro
Lectura de la carta a los Hebreos 11, 32-40

Hermanos:

¿Para qué seguir? No me da tiempo de referir la historia de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; estos, por fe, conquistaron reinos, administraron justicia, vieron promesas cumplidas, cerraron fauces de leones, apagaron hogueras voraces, esquivaron el filo de la espada, se curaron de enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros; hubo mujeres que recobraron resucitados a sus muertos.

Pero otros fueron torturados hasta la muerte, rechazando el rescate, para obtener una resurrección mejor. Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados; el mundo no era digno de ellos: vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra.

Y todos éstos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido; porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección.

Palabra de Dios.

Sal 30, 20. 21. 22. 23. 24
R. Sed valientes de corazón los que esperáis en en Señor.

Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para los que te temen,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos. R.

En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras. R.

Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada. R.

Yo decía en mí ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»;
pero tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba. R.

Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios les paga con creces. R.

EVANGELIO
Espíritu inmundo, sal de este hombre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 5, 1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.

Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente:

«¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes».

Porque Jesús le estaba diciendo:

«Espíritu inmundo, sal de este hombre».

Y le preguntó:

«¿Cómo te llamas?».

Él respondió:

«Me llamo Legión, porque somos muchos».

Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.

Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron:

«Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».

Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.

Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.

Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron.

Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca.

Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo:

-«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti».

El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Palabra del Señor.