Archiv para 9 enero, 2017

Domingo de la 2ª semana de Tiempo Ordinario – 15/01/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral
EL CORDERO DE DIOS

Este domingo da comienzo al tiempo ordinario, es decir, a las treinta y cuatro semanas en las que no se celebra ningún misterio particular, sino el conjunto de la historia de la salvación. Estos domingos “verdes” (calificados así por el color litúrgico que se utiliza) son una celebración repetida del misterio de la Pascua.

En el evangelio que hoy se proclama aparece Juan Bautista dando testimonio de Jesús. La imagen de Juan con el brazo extendido y el dedo apuntando a Cristo (“Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”) es teológicamente más expresiva que aquella en que aparece con la concha en la mano, bautizando en las riberas del Jordán. Aquí encontramos ya un primer tema sugerente: a ejemplo de Juan, el creyente ha de ser para todos una mano amiga y un dedo indicador de lo transcendente en un mundo de tantos desorientados, donde la increencia va ganando adeptos. Juan identificó a Cristo; los bautizados tendremos que ser en medio de la masa identificadores y testimonio de fe cristiana. Juan, porque conoció antes a Cristo, lo anunció; los cristianos hemos de tener experiencia profunda de quién es Jesús, para testimoniarlo. Para poder reconocer a Cristo, antes hay que haberlo visto desde la fe.

Jesús es el Cordero, el Siervo de Dios, que quita y borra el pecado del mundo. Es todo un símbolo de paz, de silencio, de docilidad, de obediencia. Isaías define al Mesías como cordero que no abre la boca cuando lo llevan al matadero y que herido soporta el castigo que nos trae la paz. Con la muerte del Cordero inocente, que puso su vida a disposición de Dios para liberar a los hombres de la esclavitud del pecado, se inaugura la única y definitiva ofrenda grata al Padre del cielo. A imitación de Jesús, el cristiano debe ser portador de salvación y liberador de esclavitudes que matan. En la pizarra de la sociedad actual, en la que se escriben y dibujan a diario con trazos desiguales tantas situaciones injustas y violentas, la fe y el amor del creyente han de ser borrador de los pecados de los hombres. Esta capacidad de limpieza religiosa purifica los borrones de la increencia estéril, que achata la óptica existencial.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Isaías 49, 3. 5-6 Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a. Sb-9. 10
san Pablo a los Corintios 1, 1-3 Juan 1, 29-34

de la Palabra a la Vida

Claramente, las lecturas de este domingo ofrecen una continuidad con las del domingo pasado. Vuelve a aparecer el Siervo de Yahveh en la primera lectura -el domingo pasado escuchamos el primer canto del Siervo y este domingo el segundo- y vuelve a aparecer el bautismo del Señor en el evangelio -el domingo pasado como relato y este domingo como reflexión-.

Las palabras de Juan en este evangelio son explicadas por las de la profecía de Isaías. La unción espiritual que ha recibido Jesús en el bautismo ha hecho que Juan recordara la profecía de Isaías: “Mirad a mi siervo, sobre Él he puesto mi Espíritu”, siervo que restablecerá la paz siendo “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. El hebreo tiene una palabra que encontramos aquí, talya, que significa tanto siervo como cordero.

Nuevos horizontes se abren para saber quién es Jesús: El siervo de Dios es el cordero de Dios: El cordero de Dios ha recibido el Espíritu de Dios, profetizaba Isaías, y el siervo de Dios es entonces el que quita el pecado del mundo. Ahora se entiende mejor hasta dónde llega el abajamiento de Cristo, que lo va a poner al servicio de los hombres, un servicio hasta el extremo, hasta morir por ellos, para ser así “luz de las naciones”. Cristo va a comenzar su misión del Reino, y lo va a hacer siendo ya reconocido como el Ungido por Dios, el enviado del Padre para que todos sean hijos.

Y la Iglesia, que ha comenzado su tiempo ordinario, tiempo de seguimiento de Cristo, debe guardar en el corazón a quien sigue: El Ungido es el que se abaja para vivir como siervo de Dios y morir como Cordero de Dios. Ese movimiento de Cristo tiene una motivación clara: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Con la fuerza del Espíritu y la comunión con la voluntad del Padre, el Hijo lleva a cabo su misión entre los hombres. Aquellos que reconozcan a Jesús, siguiendo el ejemplo de san Juan en el evangelio, habrán de hacerlo guardando en lo profundo del corazón estos mismos elementos: que no se anuncia el evangelio por las propias fuerzas, sino por la acción del Espíritu Santo; que no se realiza esta tarea en función de nuestra visión o piedad, sino en la comunión y voluntad del Padre, siendo así discípulo del Señor.

Queda claro, entonces, lo que el Espíritu Santo hace en nosotros: nos eleva hasta Dios abajándonos entre los hombres. Solamente viviendo como siervos de Dios, anunciando su Palabra y haciendo su voluntad, poniendo ésta por encima de la nuestra, solamente aceptando una entrega de la vida como ha hecho el cordero inmaculado, el Espíritu Santo ofrecerá todo su potencial y toda su alegría en nosotros y en nuestro corazón, y nos ayudará a llevar a cabo esa misión como Cristo y con Cristo. ¿Qué esperamos nosotros del Espíritu de Dios que no sea ponernos en comunión, hacernos, a Cristo muerto y resucitado?.

El seguimiento de Cristo se hace dejando que el Espíritu del Señor nos transforme, pero nos transforma según la forma de Cristo. Él quita el pecado del mundo, lo arranca de nuestra vida, para que nuestro corazón le siga libremente. Nosotros también podemos experimentar en nuestra vida lo que Juan reconoció junto al río. Él quita el pecado del mundo. La fuerza de ese encuentro nos anima a seguirle por el camino de la vida, por el tiempo ordinario. ¿Es esa la conciencia que tenemos de la acción del Espíritu, del compromiso que recibe el que abre su corazón al don de Dios? ¿Participo en la celebración eucarística aceptando, como Cristo en el Jordán, ser siervo de Dios? ¿Acepto entonces, que cuando la muerte y resurrección se hacen presentes en mi vida son un guiño al seguimiento de Cristo? El tiempo ordinario nos marcará el camino del que seguimos y según el modelo de su entrega humilde.

Diego Figueroa

al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal…
el prefacio de la Virgen María, fuente de la salvación

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias,
Padre santo, siempre y en todo lugar,
y proclamar tu grandeza en esta celebración de la gloriosa Virgen María.
Porque ella, cubierta por la sombra del Espíritu Santo,
concibió de modo inefable a tu Palabra encarnada,
Jesucristo, fuente del agua viva,
donde los hombres apagan la sed de comunión y de amor.
También la Iglesia ofrece a todos los fieles
la fuente santa de la salvación que brota del costado de Cristo,
fuente que conserva fecunda y pura, en los sacramentos,
para que se llenen del Espíritu
y encuentren a Cristo Salvador los que con fe beben de ella.
Por él, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales
celebran tu gloria, unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo…

 


Para la Semana

Lunes 16:

Hebreos 5,1-10. A pesar de ser Hijo, aprendió a obedecer.

Sal 109. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Marcos 2,18-22. El novio está con ellos.

Martes 17:
San Antonio, abad. Memoria.

Hebreos 6,10-20. La esperanza que se nos ha ofrecido es para nosotros como ancla segura y fuerte.

Sal 110. El Señor recuerda siempre su alianza.

Marcos 2,23-28. El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.
Miércoles 18:

Hebreos 7,1-3.15-17, Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec.

Sal 109. Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.

Marcos 3,1-6. ¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?
Jueves 19:

Hebreos 7,25-8,6. Ofreció sacrificios de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

Sal 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Marcos 3,7-12. Los espíritus inmundos gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”, les prohibió que les diese a conocer.
Viernes 20:

Hebreos 7,25-8,6. Ofreció sacrificios de una vez para siempre, ofreciéndose a si mismo.

Sal 84. La misericordia y la fidelidad se encuentran.

Marcos 3,7-12. Los espíritus inmundos gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”, les prohibió que les diese a conocer.
Sábado 21:
Santa Inés, virgen y mártir. Memoria.

Hebreos 9,2-3.11-14. Usando su propia sangre ha entrado en el santuario una vez para siempre.

Sal 46. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas.

Marcos 3,20-2 1. Su familia decía que no estaba en sus cabales,


Y QUITAMOS EL BELÉN.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Estas navidades han sido tan “atropelladas” que hemos ido pasando de fiesta en fiesta sin solución de continuidad. A petición del otro sacerdote (podía haber dicho “de uno de los sacerdotes,” pero como sólo somos dos…), este año he vuelto a poner un Belén de chucherías. Casas, caminos, campos, montañas y ríos estaban hechos con caramelos, gominolas, conguitos, nubes y demás chucherías llenas de azúcar. Un cartel avisaba: “El Belén nos lo comemos el día siete…, ¡a ver si aguantamos!” Los pobres niños de la parroquia se acercaban a babosear al lado del Belén y lo han respetado bastante (excepto el huerto de melones de chicle, que era bastante asaltado). Hasta que ha llegado el día siete y este año no me ha costado nada recoger el Belén, simplemente me queda envolver las figuritas y guardarlas hasta el año que viene, además la asistencia infantil a Misa el sábado 7 aumentó bastante. Podían habérselo comido antes, pero lo respetaron, todos entendieron que en Navidad tenía que estar puesto el Belén, pero pasada la Epifanía dieron rienda suelta a su concupiscencia de azúcar. (Tengo que avisar que cambié todas las “chuches” por otras nuevas la noche del día 6, las primeras estaban duras, llenas de polvo y rancias y no quería acabar con los niños de la parroquia).

Pues ya han acabado las Navidades. Aunque quede sembrada en el alma la semilla de la alegría del nacimiento del Salvador tenemos que quitar las golosinas de las fiestas, de las comidas copiosas y de los despistes y volver a la vida ordinaria de los hijos de Dios, y así nos lo recuerda el Evangelio de hoy.

“Se ha cumplido el tiempo,” “Convertíos,” “creed,” “venid en pos de mí,” “lo siguieron”.

Se ha cumplido el tiempo: Dejemos ya el “mañana”, “en otra ocasión” el “más adelante.” Este es el tiempo de Cristo y el Espíritu Santo. Millones de bautizados no pueden andar por el mundo dejando que parezca que ha vencido el príncipe de las tinieblas por nuestra tibieza o indiferencia. Hoy es el día, no mañana ni dentro de quince años.

Convertíos: El pecado existe y por eso estamos necesitados de conversión, cada día. Algunos pretenden que no haya pecado para que no haga falta convertirse, cada cual siga con su vida, pero sin culpa ni remordimiento. Guías ciegos. No tengas miedo a reconocer tu pecado y a cambiar de vida, el hombre viejo se levantará de vez en cuando, querrá otra vez su puesto, pero tomemos en brazos al nuevo hombre -a ese Niño-Dios del que hemos celebrado su nacimiento-, y no tengamos miedo a pedir el don de la conversión y cambiar de vida.

Creed: ¡Qué fuerte es la palabra Creo! ¿Quiero creer cada día más? ¿Pido cada día al Señor que me aumente la fe? ¿Puedo mirar a Jesús a los ojos y decirle: “Yo te creo”? Hazlo, y actúa en consecuencia.

“Venid en pos de mí.” Esa invitación de Cristo se dirige a ti y a mí, (aunque valgamos poquito), no a un grupito de elegidos. Por eso si sigo a Cristo no es por mi valía, por mi grandeza, sino porque Él me ha llamado. La invitación de Cristo es la que me hace capaz de seguirle, la que me capacita para ser de Cristo. Por ello no te quedes en tus dones o capacidades, sino en las que Dios ha visto en ti, ha puesto en ti y te llama.

“Lo siguieron.” Es la respuesta a todo lo anterior para aquel que es sincero y humilde. ¿Dónde vamos a ir si sólo tú tienes palabras de vida eterna? ¿A quién estamos siguiendo hoy? Si no es a Cristo, cambia de camino.

Un precioso resumen de nuestro día a día. Según vayas a la oficina, a la universidad o a la escuela, a llevar a los niños al colegio o esperas la visita del médico en la cama del hospital comienza a caminar al paso de Cristo. Nos hemos comido el Belén, ahora hay que digerirlo y hacerlo vida.

Que María, nuestra Madre, nos ayude a decir que sí a vivir como hijos en el Hijo de Dios.

Eulogio, mártir (c. a. 800-859)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Eulogio de Córdoba, Britwaldo, obispos y mártires; Pedro, Marcelino, obispos; Basilisa, Marciana, vírgenes; Vidal, Revocato, Fortunato, Julián y Basiliso, Anastasio y Antonio, Celso y Marcionila, Epicteto, Jocundo, Segundo, Adriano, Pusilana y Favila, mártires; Adrián, abad.

09/01/2017 – Lunes de la 1ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Dios nos ha hablado por el Hijo
Comienzo de la carta a los Hebreos 1, 1-6

En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.

En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos,

Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.

Pues, ¿a qué ángel dijo jamás:

«Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar:

«Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo?»

Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».

Palabra de Dios.

Sal 96, 1 y 2b. 6 y 7c. 9
R. Adorad a Dios, todos sus ángeles.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Justicia y derecho sostienen su trono. R.

Los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Adoradlo todos sus ángeles. R.

Porque tú eres, Señor,
Altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R.

EVANGELIO
Convertíos y creed en el Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 14-20

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:

«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón. echando las redes en el mar, pues eran pescadores.

Jesús les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

Palabra del Señor.