Archiv para 12 enero, 2017

SE ACERCÓ A JESÚS UN LEPROSO.

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El sábado pasado fui a bautizar a una criatura en una de las parroquias que estuve hace años. Después, charlando con la gente, hablaba con unas chicas de unos 16 años que yo había bautizado. Como a esa edad son bastante sin-vergüenza y tomen preguntar nada una de ellas me dijo: “Padre, que me han dicho que las relaciones extra matrimoniales están mal, son pecado. No me lo puedo creer, yo ya he pecado.” “¿No lo sabías? –pregunté-, ¿nunca lo habías oído?” “Jamás, me contestó, y eso que he estudiado en un colegio de frailes y ahora soy catequista”. Desde luego te da que pensar. No es que la chica fuese más o menos ligera de conciencia, o una golfilla. Jamás se había planteado que acostarse con un chico tuviese una repercusión moral. Le gustaba, quería hacerlo y lo hizo, sin preguntarse más. Y lo más preocupante, que jamás lo había oído. Habría escuchado todo sobre comunidad, compromiso, fraternidad, solidaridad y ecología…, pero ni una palabra sobre castidad. Menos mal que algunos achacan a la Iglesia el estar todo el día pendiente del sexto mandamiento, porque en ese colegio de religiosos y en su parroquia, ni rozarlo.

“En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -«Si quieres, puedes limpiarme»”. La petición del leproso .y su curación-,surge porque se sabe leproso. Si se hubiera considerado sano no se habría acercado a Jesús, o por lo menos no de rodillas. Se habría acercado con curiosidad tal vez, porque se acercaban sus amigos, a lo mejor. Pero no hubiera suplicado, no habría sido curado, seguiría leproso.

¿Qué estamos haciendo mal para que los leprosos se consideren llenos de salud? ¿Crean normal sus pústulas y sus llagas e incluso presuman de ellas? Perder el sentido del pecado es perder el sentido de la misericordia de Dios. La misericordia, a la que tantas vueltas hemos dado estos últimos meses, no es eliminar o negar el pecado sino dejar que sea sanado por Cristo, que podamos escuchar el “quiero, queda limpio”. Cuando se endurece el corazón se deja de escuchar la voz de Dios para escuchar exclusivamente mi voz. “¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desterrar del Dios vivo”. La cara amable de Dios no es que no me condene, o que haga la vista gorda sobre mis pecados, en el fondo que no le interese mi vida. La car amable de Dios es el perdón, el abrazarme a pesar de decirle que soy un leproso ante quien todo el mundo huye, en cargar sobre sí mis pecados y sanar mis heridas. Sólo así se encuentra la verdadera alegría. El pago del pecado –por mucho que se niegue o se ignore-, es siempre la soledad, la tristeza, el engaño. Aunque uno no quiera reconocer que tiene cáncer no por eso la enfermedad deja de comerlo por dentro. Reconozcamos, pues, nuestro pecado. No es un reconocimiento humillante ni vergonzoso, pues existe el remedio, el médico, el Salvador. Si alguien no sabe reconocer su enfermedad se acaba muriendo, aunque no sepa de qué. No somos amigos de las autopsias, somos entusiastas de la medicina de Aquél que entregó a su Hijo por nuestra Salud.

Hoy mucha gente no reconoce el pecado, anda enferma por el mundo sin darse cuenta de su enfermedad y de lo contagiosa que es. Pidamos a María, nuestra Madre, su Madre del cielo, que se encuentre con cada uno y nos diga: “Hijo, no te veo buena cara. Sonríe y acércate a Aquel que puede sanarte. Y su Hijo nos dirá: “Quiero: queda limpio.

Benito Biscop, abad (629-690)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Juan, Probo, Bonet (Bonito), obispos; Taciana (Tatiana), Sátiro, Arcadio, Zótico, Rogato, Modesto, Cástulo, Tigrio, Eutropio, mártires; Cesarea, virgen; Benito, Aelredo (Alfredo), Victoriano, abades; Nazario, Martín de León, presbíteros.

12/01/2017 – Jueves de la 1ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Animaos, los unos a los otros, mientras dure este «hoy»
Lectura de la carta a los Hebreos 3, 7-14

Hermanos:

Dice el Espíritu Santo:

«Si escucháis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como cuando la rebelión, en el día de la prueba en el desierto, cuando me pusieron a prueba vuestros padres y me provocaron, a pesar de haber visto mis obras cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación, y dije: Siempre tienen el corazón extraviado; no reconocieron mis caminos, por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso».

¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar del Dios vivo.

Animaos, por el contrario, los unos a los otros, cada día, mientras dure este “hoy”, para que ninguno de vosotros se endurezca, engañado por el pecado.

En efecto, somos partícipes de Cristo, si conservamos firme hasta el final la actitud del principio.

Palabra de Dios.

Sal 94, 6-7. 8-9. 10-11
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso» R.

EVANGELIO
La lepra se la quitó y quedó limpio
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

-«Si quieres, puedes limpiarme».

Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo:

-«Quiero: queda limpio».

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente:

-«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que sirva de testimonio».

Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a el de todas partes.

Palabra del Señor.

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