Archiv para 3 Febrero, 2017

Va a depender de ti

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El Evangelio de hoy nos trae la archiconocida historia de la muerte del Bautista. Como el relato nos lo sabemos muy bien, y hasta Richard Strauss y Oscar Wilde le pusieron sus añadidos de música y ficción, prefiero referirme a la reacción de Herodes Antipas ante la persona del Señor al inicio de la lectura, es muy significativa. Ante una sorpresa tan inaudita como fue Jesucristo para los hombres de su tiempo, los contemporáneos se pusieron a encontrarle su casilla, eso se llama exactamente “encasillar. Tenía que ser un extraño espécimen espiritual o un profeta de los antiguos, como Elías. Herodes piensa que es el mismo Juan Bautista redivivo, porque en el fondo nunca pudo quitarse de la cabeza a su víctima.

Hay más personajes que aparecen en el Nuevo Testamento a quienes les llega la posibilidad de hablar de Nuestro Señor, como aquel ciego al que Jesús le hizo el milagro de ponerle barro en los ojos y pasar a la visión. Contestó así a los judíos que querían arrancarle su testimonio, “si es pecador, no lo sé; una cosa sé: que yo era ciego y ahora veo“. Es la respuesta más sensata de toda la Escritura. El ciego se remite a las pruebas que deja toda acción, en este caso las trazas de una inmensa bondad y de un inmenso poder. Pedro responderá desde la gracia de Dios al interrogatorio del Maestro, “tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo“. El pobre pescador, y aún así primer Papa de la Iglesia, se atrevió a decir tanto porque contó con la inspiración del mismo Dios. Nadie es capaz de subir tan arriba y ser tan atinado en su juicio si no existe una estrecha sintonía con el misterio de Dios.

Veamos por tanto las cartas que tenemos sobre la mesa. Herodes responde desde la insensatez, sus propios prejuicios, el atolondramiento, el desconocimiento, todo eso tan poco juicioso. El ciego desde el sentido común. Y Pedro desde la gracia. Hoy el Señor te podría hacer una propuesta, permíteme el atrevimiento de revelártela: que entres en una iglesia, la más próxima a tu casa o lugar de trabajo, y le digas mirándole más allá del sagrario quién es Él para ti. En tu respuesta se juega toda tu vinculación con el hecho cristiano. Todo va a depender de Él y de ti, de vuestras citas de reconocimiento, en las que el Señor también quiere proponer su definición de ti, “eres mi hijo, aunque te parezca que me escondo, te prometo que nunca he dejado de hablarte, no puedo mantenerme al margen de ti.

Anscario (Anskar, Óscar), obispo (c. a. 801-865)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Blas, Óscar (Anscario, Anskar), obispos; Celerino, diácono; Laurentino, Ignacio, Celerina, Hipólito, Félix, Sinfronio, mártires; Lupicino, Tigrido, Adrián, Remedio, presbíteros; Nitardo, Elinando, monjes; Azarías, profeta; Adelino, abad; Olivaria, Secundina, vírgenes y mártires; Vereburga, abadesa; Claudina Thévenet, fundadora

Blas, obispo y mártir (c. a. † 316)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Blas, Óscar (Anscario, Anskar), obispos; Celerino, diácono; Laurentino, Ignacio, Celerina, Hipólito, Félix, Sinfronio, mártires; Lupicino, Tigrido, Adrián, Remedio, presbíteros; Nitardo, Elinando, monjes; Azarías, profeta; Adelino, abad; Olivaria, Secundina, vírgenes y mártires; Vereburga, abadesa; Claudina Thévenet, fundadora

03/02/2017 – Viernes de la 4ª semana de Tiempo Ordinario

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre
Lectura de la carta a los Hebreos 13, 1-8

Hermanos:

Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, “hospedaron” a ángeles.

Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne.

Que todos respeten el matrimonio, el lecho nupcial que nadie lo mancille, porque a los impuros y adúlteros Dios los juzgará.

Vivid sin ansía de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo:

«Nunca te dejaré ni te abandonaré»; así tendremos valor para decir:

«El Señor es mi auxilio: nada temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?».

Acordaos de vuestros guías, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe.

Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre.

Palabra de Dios.

Sal 26, 1. 3. 5. 8b-9abc
R. El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mí luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca. R.

Tu rostro buscaré, Señor.
No me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches. R.

EVANGELIO
Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él.
Unos decían:

«Juan el Bautista ha resucitado, de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».

Otros decían:

«Es Elías».

Otros:

«Es un profeta como los antiguos».

Herodes, al oírlo, decía:

«Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado.

El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.

Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto.

La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.

La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:

«Pídeme lo que quieras, que te lo daré».

Y le juró:

«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».

Ella salió a preguntarle a su madre:

«¿Qué le pido?».

La madre le contestó:

«La cabeza de Juan el Bautista».

Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:

«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.

Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

Palabra del Señor

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