Adorar con el corazón

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a las tradiciones de los hombres”. Una vez más el Señor dirige un reproche a los fariseos con expresiones fuertes. Lo hace así porque sin ser justos están convencidos de serlo y por ello se cierran a la salvación de Cristo, que “no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Les reprocha, por una parte, quedarse en los aspectos superficiales del culto a Dios, olvidando lo esencial. Se quedan en el cumplimiento externo de los ritos de purificación y no se fijan en lo que se pretende significar con ellos y por esto mismo critican a los discípulos de Jesús, que están siendo purificados por las palabras y enseñanzas de Cristo y no necesitan hacer como los fariseos que “no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas”.

Algo de esto nos puede suceder a nosotros. En la relación con Dios también podemos quedarnos en lo externo: en los gestos, en las palabras,… y sin embargo desentendernos del corazón, de la verdadera caridad. Ciertamente son importantes las oraciones vocales, pero si olvidamos lo que decimos y a quién lo hacemos, será una oración que no mueva el corazón, se quedará en un simple “rumiar” unas palabras. También en temas más importantes como la recepción de los sacramentos. Es importante participar en la Misa, pero podemos estar distraídos con mil cosas y, además criticar a los que no vienen. Hemos de honrar a Dios con los labios, pero sobre todo con el corazón. El papa Francisco nos recordaba en una homilía el 7 de noviembre en Santa Marta: “hay personas que de cristiano tienen solo el nombre, y su apellido es ‘mundano’. Son ‘paganos con dos pinceladas de barniz’, y nos parecen cristianos cuando los vemos en la misa del domingo. En realidad han caído poco a poco en la tentación de la mediocridad”

Con esta actitud llegan, incluso a anular “el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: honra a tu padre y a tu madre (…), en cambio vosotros decís: sin uno le dice al padre o a la madre los bienes con que podría ayudarte son corbán, es decir ofrenda sagrada, ya no le permitís hacer nada por su padre o su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición; y hacéis muchas cosas semejantes. Podemos olvidar la primacía de la caridad, del amor a Dios y al prójimo, enredados en nuestras costumbres o rutinas. Por supuesto que son importantes las manifestaciones de cariño con nuestros padres. Es buenísimo llamarles, hacerles alguna visita, ser expresivos con ellos, pero si todo es un teatro, si no ponemos el corazón, estaríamos cambiando unas costumbres personales por el mandato de “honrar padre y madre”. O bien podemos tener todos esos detalles y después desentendernos de sus necesidades materiales para socorrerles en todo lo que podamos.

Pidamos a nuestra Madre, que nos mantenga un corazón abierto al Señor, a vierto a los demás y, de ese modo, no tenga que hacernos el mismo reproche que a los fariseos.

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Comentarios (1)

  • Gema

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    Bien cierto es, que muchas veces nos quedamos con la parte externa, debemos hacer un formateo a nuestro corazón y cambiarlo de un corazón duro, a un corazón de carne.
    Muchas veces se nos llena la boca diciendo que no faltamos a Misa, incluso vamos a veces en días de labor, y otros que se dicen cristianos no, que participamos en ella; pero, si somos sinceros ¿cuántas veces estamos distraídos durante la Eucaristía?.
    Tiene mucha razón, tenemos que alabar y honrar a Dios sobre todo con el corazón, y plasmarlo en el amor a nuestros semejantes.
    MARIA, llévame a JESÚS y enséñame a amar.

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