En el corazón del hombre se gesta lo bueno y lo malo

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Nada que entre de fuera hace impuro al hombre. Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”. El Señor continua su enseñanza sobre la verdadera pureza del hombre, que no viene del exterior, por eso los ritos de purificación son inútiles si no son expresión de una conversión del corazón. La verdadera impureza no procede del exterior del hombre sino de su corazón. “Nada que entre de fuera hace impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina (con esto declaraba puros todos los alimentos)”. Lo que realmente impuro al hombre es el pecado que brota de un corazón torcido. “Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.

Los pecados concretos comienzan en el interior. Todo acto de violencia comienza por gestarse en el interior, donde se deja crecer el rencor, la envidia, donde la imaginación va haciendo que los agravios recibidos crezcan hasta llegar a tomar una decisión que lleve al acto de violencia. No se mata si antes no se odia. No se llega al adulterio si antes no se ha dejado crecer el deseo en el corazón. No insultaremos si antes no juzgamos intenciones. Por ello hemos de vigilar el corazón, las intenciones y deseos que tenemos. Hemos de rectificar nuestra intención con frecuencia, buscando en todo lo que le agrada a Dios, lo perfecto, para que no crezcan en nosotros esas actitudes y deseos que constituyen verdaderos pecados interiores.

De la interioridad sale lo bueno y lo malo de la actuación de los hombres. “Por el fruto se conoce el árbol. Raza de víboras, ¿cómo podéis decir cosas buenas, siendo malos? Pues de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno del buen tesoro saca cosas buenas, pero el hombre malo del tesoro malo saca cosas malas” (Mt 12, 33-35). Fomentar en el interior de cada uno la caridad, promover deseos de bien para los demás, nos llevará a realizar actos dignos del hombre, acordes a la santidad a la que somos llamados. Apenas nos demos cuenta que el rencor, la envidia, los malos pensamientos contra el prójimo, empiezan a hacerse presentes, debemos pedir ayuda al Señor, tratar de poner nuestra atención en lo que de positivo tienen esas personas, poner empeño en rezar por ellas, así acabaremos mirando de otro modo y el odio no tomará forma.

Le pedimos al Señor, por intercesión de María, “que nuestra caridad crezca cada vez más en perfecto conocimiento y en plena sensatez, para que sepáis discernir lo mejor, a fin de que seáis puros y sin falta hasta el día de Cristo, llenos de los frutos de justicia que proceden de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Flp 1, 9-11).

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