Archiv para 9 Febrero, 2017

Apolonia, virgen y mártir († c. a. 249)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Apolonia, Alejandro, Ammonio, Nicéforo, Primo y Donato, diáconos y mártires; Marta, María y Licarión, mártires; Sabino, Reinaldo, Nebrido, Odeberto, obispo; Ansberto, abad y obispo; Miguel Febres, fundador de las Escuelas Cristianas; Emiliano, eremita; Sisebuto, abad; Conrado, Silvestre, Pedro Urcéolo, Aberardo, monjes.

Oración confiada

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

La mujer del evangelio, que procede de la gentilidad, sale al encuentro de Cristo – ¡y se echó a sus pies! – para rogarle por la curación de su hija. La respuesta del Señor a la petición de esta mujer sirio fenicia podría desconcertar a cualquiera: “deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”. Pero el amor a su hija, que “estaba poseída por un espíritu impuro” le lleva a no echarse atrás e insistir: “Señor, también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños”.

Comentando este evangelio en una homilía del 13 de febrero de 2014, no decía: “La mujer de lengua griega y de origen sirio fenicio fue a buscar a Jesús. No tuvo vergüenza de la mirada de los apóstoles. Y se acercó a Jesús para suplicarle que ayudara a su hija. No respondió a Jesús con su inteligencia, sino con sus entrañas de madre, con su amor: pero también los perros debajo de la mesa comen las migajas que tiran los niños. Dame de esas migajas a mi. Impresionado por su fe en Señor hizo un milagro (…) Su camino es el de una persona de buena voluntad que busca Dios y lo encuentra. Cada día en la iglesia del Señor hay personas que recorren este camino silenciosamente para encontrar al Señor precisamente porque se dejan conducir por el espíritu Santo”.

Esta mujer nos deja varias lecciones. Una de ellas es la perseverancia en la oración. Cuántos de nosotros dejamos de insistirle al Señor al tardar en concedernos lo que pedimos. Incluso, en ocasiones, nos “enfadamos” con Dios porque lejos de concedernos lo aquello por lo que rogamos parece que las cosas se ponen peor. Es un poco lo que le pasó a esta mujer. Como ella hemos de ser humildes y, confiados, volver a insistirle al Señor. Ella, lejos de enfadarse se dirige de nuevo a Cristo. Muchas veces, como a esta mujer, Dios parece retrasar la concesión a lo pedido para ayudarnos a fomentar la confianza en la providencia de Dios. Él nos escucha siempre, pero no siempre nosotros sabemos sintonizar con los tiempos de Dios. Tener la paciencia que permite insistir. Jesús, con su respuesta quiere ayudar a su fe – y la nuestra -, por eso parece ponerle pegas, pero en el fondo está permitiendo que, además del amor a su hija, sea una fe grande la que le mueva a pedir la intervención de Dios. Toda petición debería terminar con un profundo acto de abandono en la Dios Padre, como hizo Jesucristo en la Oración en el huerto. Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya (Lc 22, 42).

María es maestra y modelo de oración confiada y abandonada en Dios. Madre nuestra, concedemos la fe y la humildad de esta mujer para no desistir en nuestra oración.

09/02/2017 – Jueves de la 5ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Se la presentó a Adán. Y serán los dos una sola carne
Lectura del libro del Génesis 2, 18-25

El Señor Dios se dijo:

«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude».

Entonces el Señor Dios modeló de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó a Adán, para ver que nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera.

Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él que lo ayudase.

Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne.

Y el Señor Dios formó, de la costilla que le había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán.

Adán dijo:

«¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será “mujer”, porque ha salido del varón».

Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Los dos estaban desnudos, Adán y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro.

Palabra de Dios.

Sal 127, 1-2. 3. 4-5
R. Dichosos los que temen al Señor.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.

EVANGELIO
Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro.

Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.

Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.

La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.

Él le dijo:

«Deja que coman primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella replicó:

«Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».

Él le contestó:

«Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».

Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor.

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