Archiv para 10 Febrero, 2017

abrir el oído a la Palabra de Dios

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano”. A una palabra de Cristo “effeta”, “se le abrieron los oídos y se le soltó la lengua y hablaba correctamente”. En nosotros hay sorderas que necesitan ser curadas por la acción y la palabra de Cristo ¿Cuántas veces ante las necesidades de nuestro prójimo nos hacemos los sordos? ¿Cuántas veces ante la petición de un favor lo damos por no oído?… Necesitamos abrir el oído a Cristo para después hablar correctamente, para saber dar una palabra de aliento y esperanza a quienes no encuentran el sentido de su vida, para pedir y ofrecer perdón cuando las sordera han creado dureza en las relaciones,…

Abrir el oído a Cristo es abrirlo a la Palabra de Dios. “La Iglesia “recomienda insistentemente todos sus fieles (…) la lectura asidua de la Escritura para que adquieran ‘la ciencia suprema de Jesucristo’ (Flp 3,8) (…) Recuerden que a la lectura de la Santa Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues ‘a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras’ (San Ambrosio, off. 1, 88)” (DV 25)”. (Catecismo de la Iglesia Católica nº 2653). Está bien escuchar la Palabra de Dios en la Misa cada día, pero esto basta para tener esa familiaridad con ella y que nos ayude a ir formando una mentalidad, una manera de mirar al mundo y a nosotros mismos. No conformarnos con un trato superficial, hemos de permitir que vaya moldeando nuestro corazón, que alimente nuestra inteligencia, como decía San Juan Pablo II, eso permite “la formación de una mentalidad, de un modo de contemplar el mundo con sabiduría, en la perspectiva del fin supremo: Dios y su plan de salvación. Juzgar los acontecimientos a la luz del Evangelio. En eso estriba la sabiduría sobrenatural, sobre todo como don del Espíritu Santo, que permite juzgar bien a la luz de las razones últimas, de las cosas eternas. La sabiduría se convierte así en la principal ayuda para pensar, juzgar y valorar como Cristo todas las cosas, tanto las grandes como las pequeñas. (…) A esa meta se puede llegar dejándose guiar por el Espíritu Santo en la meditación del Evangelio, que favorece la profundización de la unión con Cristo, ayuda a entrar cada vez más en el pensamiento del maestro y afianza la adhesión a él de persona a persona” (Audiencia general 2 – VI – 1993, nº 4)

No podremos ser curados de nuestras sorderas si no nos alimentamos de la Palabra de Dios. Es para nosotros un privilegio y un deber, una necesidad para conocer a Cristo. “Cumplo con mi deber, obedeciendo los preceptos de Cristo, que dice Estudiad las Escrituras, y también: Buscad y encontraréis, para que no tenga que decirme, como a los judíos: Estáis muy equivocados, porque no comprendéis las Escrituras ni el poder de Dios. (…) Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo. – San Jerónimo, Comentario de Isaías, cfr. Oficio de Lecturas, 30 de septiembre –

María, como decía San Agustín, ha acogido la Palabra en su seno porque antes lo ha hecho en su corazón. Aprendamos de Ella para abrirnos nosotros también a Palabra de Dios.

Escolástica, virgen (c. a. 480-543)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Escolástica, Austreberta, Sotera, Clara de Rímini, vírgenes; Zótimo, Ireneo, Jacinto y Amancio, mártires; Bruno, Silvano, Tumna, obispos; Guillermo, ermitaño; Lorenzo, Leonardo, monjes; Arnoldo, abad.

10/02/2017 – Viernes de la 5ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.
Lectura del Génesis 3.1-8

La serpiente era el más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:

«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».

La mujer contestó a la serpiente:

«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».

La serpiente replicó a la mujer:

«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».

Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.

Se le abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Cuando oyeron la voz del Señor Dios que se pasaba por el jardín a la hora de la brisa, Adán y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.

Palabra de Dios.

Sal 31, 1-2. 5.6.7
R. Dichoso el que está absuelto de su culpa

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito
y en cuyo espíritu no hay engaño. R.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: “Confesaré al Señor mi culpa”,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
o lo alcanzará. R.

Tú eres mi refugio,
me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R.

EVANGELIO
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31 37

En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.

Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:

«Effetá» (esto es: «ábrete»).

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.

Y en el colmo del asombro decían:

«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Palabra del Señor.

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