Archiv para 11 febrero, 2017

Pedro de Jesús Maldonado Lucero, sacerdote y mártir (1892-1937)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

11 febrero

Santos: Pedro Jesús Maldonado Lucero, sacerdote y mártir; Lucio, Deseado y Desiderio, Calocero, Castrense, Lázaro y Secundino, Adolfo, Ecián, obispos; Saturnino, Dativo y Félix, Ampleio, mártires; Jonás, Pedro de Guarda, Cedmón, monjes; Gregorio II y Pascual, papas; Severino, abad; Eloísa y Teodora, emperatriz.

Nuestra Señora de Lourdes

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Santos: Pedro Jesús Maldonado Lucero, sacerdote y mártir; Lucio, Deseado y Desiderio, Calocero, Castrense, Lázaro y Secundino, Adolfo, Ecián, obispos; Saturnino, Dativo y Félix, Ampleio, mártires; Jonás, Pedro de Guarda, Cedmón, monjes; Gregorio II y Pascual, papas; Severino, abad; Eloísa y Teodora, emperatriz.

Jornada Mundial del Enfermo

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hoy celebramos en toda la Iglesia la Jornada Mundial del Enfermo. Instituida hace 25 años por San Juan Pablo II el 11 de febrero de 1992, en el día de la Virgen de Lourdes. Por tanto es un día para pedir especialmente por los enfermos y cuantos les cuidan: familiares, voluntarios, capellanes y personal sanitario. Dios cuenta con nosotros para hacerse presente. En el Evangelio que podemos leer hoy de las bodas de Caná, la Virgen se dirige a los sirvientes para indicarles: “haced lo que Él os diga”. “Naturalmente el milagro tiene lugar por obra de Cristo; sin embargo, Él quiere servirse de la ayuda humana para realizar el prodigio. Habría podido hacer aparecer directamente el vino en las tinajas. Pero quiere contar con la colaboración humana, y pide a los sirvientes que las llenen de agua. ¡Cómo es precioso y   agradable a Dios ser servidores de los demás! Esto más que otras cosas nos hace semejantes a Jesús, el cual «no ha venido para ser servido sino a servir» (Mc 10,45). Estos personajes anónimos del Evangelio nos enseñan mucho. No sólo obedecen, sino que obedecen generosamente: llenaron las tinajas hasta el borde (cfr Jn 2,7). Se fían de la Madre, y de inmediato hacen bien lo que se les pide, sin lamentarse, sin hacer cálculos” (Papa Francisco, Mensaje de la JME 2016). Como nos invita el Papa, hemos de ser generosos, llenar las tinajas hasta el borde.

María, Madre de Misericordia, no se queda en mero compadecerse, atenta siempre a las dificultades que surgen, las hace suyas y se anticipa. Antes de que los invitados pueda descubrir que se ha terminado el vino, María se da cuenta y pone “manos a la obra”. “María descubre la dificultad, en cierto sentido la hace suya y, con discreción, actúa rápidamente. No se limita a mirar, y menos aún se detiene a hacer juicios, sino que se dirige a Jesús y le presenta el problema tal cual es: «No tienen vino» (Jn 2,3). Y cuando Jesús le hace presente que aún no ha llegado el momento para que Él se revele (cfr v. 4), dice a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga» (v. 5). Entonces Jesús realiza el milagro, transformando una gran cantidad de agua en vino, en un vino que aparece de inmediato como el mejor de toda la fiesta” (Papa Francisco, Mensaje de la JME 2016). Hemos de hacer esto mismo presentando al Señor las necesidades: “Señor, que está solo”, “Señor, que no encuentra consuelo, “Señor, que está triste”,… Así, nos hacemos portadores de la Misericordia y esta es nuestra paga, nuestro gozo, nuestra alegría.

Para ser signo eficaz de la Misericordia del Padre hemos de tener la mirada fija en la misericordia, en el Hijo de María. “La mirada de María, Consoladora de los afligidos, ilumina el rostro de la Iglesia en su compromiso diario en favor de los necesitados y los que sufren. Los frutos maravillosos de esta solicitud de la Iglesia hacia el mundo del sufrimiento y la enfermedad son motivo de agradecimiento al Señor Jesús, que se hizo solidario con nosotros, en obediencia a la voluntad del Padre y hasta la muerte en la cruz, para que la humanidad fuera redimida. La solidaridad de Cristo, Hijo de Dios nacido de María, es la expresión de la omnipotencia misericordiosa de Dios que se manifiesta en nuestras vidas ―especialmente cuando es frágil, herida, humillada, marginada, sufriente―, infundiendo en ella la fuerza de la esperanza que nos ayuda a levantarnos y nos sostiene” (Papa Francisco, mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo 2017).

Que María, Salud de los enfermos, interceda por todos los enfermos y cuantos les cuidan.

11/02/2017 – Sábado de la 5ª semana de Tiempo Ordinario.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El Señor lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo
Lectura del libro del Génesis 3, 9-24

El Señor Dios llamó al hombre y le dijo:

«¿Dónde estás?».

Él contestó:

«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».

El Señor Dios le replicó:

«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».

Adán respondió:

«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».

El Señor dijo a la mujer:

«¿Qué has hecho?».

La mujer respondió:

«La serpiente me sedujo y comí».

El Señor Dios dijo a la serpiente:

«Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; ella te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».

A la mujer le dijo:

«Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará».

A Adán le dijo:

«Por haber hecho caso a tu mujer y haber comido del árbol del que te prohibí, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo.

Comerás el pan con sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado; pues eres polvo y al polvo volverás».

Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

El Señor Dios hizo túnicas de piel para Adán y su mujer, y los vistió.

Y el Señor Dios dijo:

«He aquí que el hombre se ha hecho como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal; no vaya ahora a alargar su mano y tome también del árbol de la vida, coma de él, coma y viva para siempre».

Y el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado.

Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y una espada llameante que brillaba, para cerrar el camino del árbol de la vida. Palabra de Dios.

Sal 89, 2. 3-4. 5-6. 12-13
R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes,
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R.

Tu reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó,
una vela nocturna. R.

Si tú lo retiras
son como un sueño
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R.

EVANGELIO
La gente comió hasta quedar saciada
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 1-10

Por aquellos días, como de nuevo se había reunido mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos»

Le replicaron sus discípulos:

«¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para saciar a tantos?».

Él les preguntó:

«¿Cuántos panes tenéis?».

Ellos contestaron:

«Siete».

Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomando los siete panes, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

Tenían también unos cuantos peces; Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y mandó que los sirvieran también.

La gente comió hasta quedar saciada y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil y los despidió; y enseguida montó en la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Palabra del Señor.

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