Archiv para 18 marzo, 2017

Por tí.

Escrito por Comentarista 10 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Hijo mío, yo no veo tu fango, te veo a tí.  Esa luz de mi ventana, la puerta abierta de la casa era por tí”.

Así podría decirle el padre al hijo pródigo de la famosa parábola que acabamos de escuchar. El padre “que sale de casa” corriendo antes de que llegue el hijo porque estaba siempre pendiente de él. ¿Cómo no pensar así de nuestro Creador? Siempre pendiente de cada criatura, de tí, de mí.  Con la puerta abierta para cuando vuelvas, con la luz de la ventana encendida para que no te dé reparo de entrar… ¡Así quiere Dios su Iglesia!

Y “sale corriendo” porque su deseo, su sueño, es tenerte en casa, tranquilo, seguro, alegre, estando unido a él. Te quiere a su lado, siempre a su lado. Ya se lo dijo Jesús al buen ladrón: “tú estarás conmigo en el Paraíso”. Para que ya no te pierdas más, para que seas tú mismo. Unido siempre a Él y unido a tus hermanos. Cualquier hijo, por pecador que sea, si viene arrepentido con el propósito de dar un giro  a su vida, Dios no lo desprecia. No le recrimina su pecado, “no ve su fango”, sólo le ve a él y su necesidad de cariño y de empezar de nuevo.

Cuando Jesús habla a los pecadores que le rodeaban, al hablarles con esta parábola llena de misericordia les estaba gritando: ¡Dios es tu Padre de verdad! ¿Lo oyes? ¡Dios, tu Padre y creador, te ama inmensamente! ¡Te ama infinitamente a tí, a tí, a tí…! No nos ama a todos como a un conjunto, nos ama a todos porque ama a cada uno personalmente. ¡El dio la vida por tí!  Y si en toda la historia de la humanidad hubiera habido sólo un pecador por el que dar la vida para redimirle, lo habría hecho. ¡Jesús muere por tí! Aunque sólo hubieras sido tú por quien llevar los pecados en su cruz.

Y gritaba de gozo el profeta Miqueas: “¿Qué Dios hay como tú que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad?”.  Y es así, que el rostro de Dios que nos ha mostrado Jesucristo es más misericordioso y lleno de compasión por el hombre que en cualquier otra revelación. Y bendices a Dios, le das alabanza y gracias. Así nos ocurre a los sacerdotes cuando tenemos el regalo de confesar alguna persona que durante muchos años se ha alejado de Dios y vuelve rendido, con los brazos abiertos, con la sed de sentir el abrazo de amor de Dios por el/ella. Más de una vez me he emocionado cuando veía las lágrimas de alegría de esa persona que  volvía a encontrarse en casa, de verdad purificada, que podía empezar de nuevo, ¡que por fin ya no estaba huérfana!.

18/03/2017 – Sábado de la 2ª semana de Cuaresma

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar
Lectura de la profecía de Miqueas 7,14-15.18-20

Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que anda solo en la espesura, en medio del bosque; que se apaciente como antes en Basán y Galaad.

Como cuando saliste de Egipto les hará ver prodigios.

¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad?

No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.

Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.

Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad como antaño prometiste a nuestros padres .

Palabra de Dios.

Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12
R. El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R.

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R.

EVANGELIO
Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:

«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:

«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:

“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.

Recapacitando entonces, se dijo:

“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

Su hijo le dijo:

“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados:

“Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”.

Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo.

Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

Este le contestó:

“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud “.

Él se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Y él replicó a su padre:

“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.”

El padre le dijo:

“Hijo, tú estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”».

Palabra del Señor.