Archiv para 20 marzo, 2017

Domingo de la 4ª semana de Cuaresma. – 26/03/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

INTERROGANTES DESDE LA EXISTENCIA DEL MAL

Ante e1 mal, ante la muerte, la enfermedad, la radical deficiencia física, muchos hacen actual la pregunta de los discípulos a Cristo, que se lee en el evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma: ¿,Quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?

Las desdichas e invalideces que sufren los hombres son un gran problema sobre el que se ha discutido mucho desde la ciencia y desde la religión. Cuando el hombre nace con taras físicas es difícil explicar el mal. Se dice que el mal es consecuencia del pecado y basta abrir los ojos para ver la prosperidad de muchos pecadores y la desgracia de personas realmente buenas. Además constatamos con frecuencia que los pecadores duermen con sueño beatífico, propio de los justos, mientras que los buenos y santos están a veces atormentados por el remordimiento y los escrúpulos. Es preciso reconocer que la razón humana se encuentra sin argumentos satisfactorios en este ámbito.

La hipótesis de que los hijos padecen el castigo de sus padres es antiguo testamentaria y tiene dificultades casi insalvables. ¿Por qué los hijos de los borrachos heredan una gran carga de miserias, mientras que el hijo del asesino está libre de ellas?

La explicación que da Cristo es la única válida: el mal y la tara de nacimiento solamente han sido autorizados por Dios para que se manifieste su gloria. El pecado del ciego de nacimiento es el de todos los hombres, el original; nacemos con limitaciones, somos ciegos.

El aparente remedio casero, y no milagro, de hacer barro con la saliva y ungir los ojos es enormemente expresivo. La saliva que proviene de la lengua es como la sustancia de la palabra, que mezclándose con el polvo de la tierra se aplica para liberar de oscuridades y producir la luz. Dice el evangelista San Juan: “La Palabra era la luz de los hombres”.

Cristo pide al ciego que vaya a lavarse a la piscina de Siloé. Es toda una enseñanza sobre el bautismo, que exige una decisión personal. El ciego se lavó y vió; y comenzó su misión de atestiguar que ve, para consternación de quienes hacen los esfuerzos más cómicos y ridículos por negar la evidencia. Cuando adquiere la segunda y más profunda visión de la fe, entonces se produce verdaderamente el milagro.

Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Samuel 16, lb. 6-7. 10-13a Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
san Pablo a los Efesios 5, 8-14 san Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

de la Palabra a la Vida

“Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Así de contundente se expresa Cristo ante el ciego de nacimiento. Ya está san Juan jugando con esos dos niveles de comprensión; la ceguera física del que han encontrado por el camino, pero todos somos ciegos de nacimiento, hemos nacido cegados por el pecado y necesitamos ser lavados para poder ver, necesitamos ser iluminados para poder no fiarnos de las apariencias, como decía Dios al profeta en la primera lectura, y reconocer la presencia de Dios que ilumina al mundo. En esa tensión y en esa intensidad se desarrolla todo este capítulo nueve. El hombre por sí mismo no puede nada, no ve nada, sólo pura apariencia. Pero la luz de la fe le permite reconocer la verdad de lo que es el mundo, reconocer la presencia poderosa de Dios.

Así, como en la samaritana del domingo pasado, en el ciego de nacimiento se representa al género humano, ciego por el pecado de Adán y Eva. Ahora, el colirio de la fe abre nuestros ojos para que recibamos la luz. Jesús realiza un signo en presencia de todos al untar los ojos del ciego con barro, signo que se acompaña de una afirmación: “Yo soy la luz del mundo”. Si “Yo soy” es el nombre de Dios en el libro del Éxodo, Jesús se está presentando ante los hombres como el Dios, el único Dios verdadero, que ha venido para iluminar a los que estábamos en tinieblas. Vuelve a aparecer como el que se hace el encontradizo, y lo hace para dar al hombre lo que por sí mismo no puede darse.

Podemos caminar por cañadas oscuras, que el Señor con su cayado nos guía hacia lugares más apacibles. Así, la luz de Cristo se convierte en la luz que nos ilumina: “Cristo será tu luz”, decía san Pablo en la segunda lectura. Quien se deja iluminar por Cristo se convierte en hijo de la luz (cf. Ef 5,8s).

Para el catecúmeno, la catequesis con este evangelio, unida al segundo de los escrutinios, era evidente, y queda totalmente expresada con el agua del bautismo, que unida al barro del que está hecho el hombre dan origen a un hombre nuevo, que puede ver con la luz de la fe. El Señor ha iluminado al que había nacido a la vida natural, para poder recibir la luz sobrenatural: ahora está en condiciones de reconocer en el mundo la presencia de Cristo, que se ha hecho el encontradizo y le ha buscado, de tal forma que pueda reconocerlo como su Señor y postrarse ante Él. La sensibilidad con la que Juan dibuja a este ciego que ha comenzado a ver, su búsqueda y defensa de Jesús le hacen ver al catecúmeno, y nos hacen ver a nosotros, cómo Dios busca al hombre.

En la Cuaresma, mientras los hijos de Adán, los hijos de Eva, avanzamos por el desierto, una luz nos guía, la luz de Cristo. En la profunda oscuridad de la noche, Cristo viene por pura misericordia a iluminarnos. ¿Puede acaso brotar del corazón del hombre otra cosa que no sea humildad y agradecimiento? ¡Qué importante es volver una y otra vez sobre el don del bautismo para no caer en el pecado y en el alejamiento de Dios! ¡Qué regalo hace la Cuaresma a la Iglesia, a cada creyente, para que no crea que puede avanzar por el camino de la vida por un lugar que no sea el que Cristo ilumina! La ceguera que el resplandor de Cristo produce se va aclarando en la vida de la Iglesia, siempre en el misterio, siempre por la palabra de Cristo y la alabanza a Cristo.

Por eso no nos hace ningún mal volver la mirada hacia los catecúmenos de la Iglesia, sino que, al contrario, ellos nos permiten a los bautizados redescubrir el poder de esa luz. ¿Queremos seguir siendo iluminados por ella? ¿Aceptamos que el Señor nos saque de la oscuridad en que vivimos a veces para iluminarnos con su luz maravillosa? Estamos preparando ya claramente la Vigilia Pascual: el agua, la luz… sólo Cristo puede ofrecerse como Vida en la vida

Diego Figueroa

 



al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal… el prefacio de la Virgen María, junto a la cruz del Señor (II)

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
Porque, para reformar al género humano
has querido, con sabiduría infinita,
que la nueva Eva estuviera junto a la cruz del nuevo Adán,
a fin de que ella,
que por obra del Espíritu Santo fue su Madre,
por un nuevo don de tu bondad, comparta su pasión;
y los dolores que no sufrió al darlo a la luz,
los padeciera, inmensos al hacernos renacer para ti.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria…

 

 

Para la Semana

Lunes 27:

Isaías 65,17-21. Ya no se oirán gemidos ni llantos.

Sal 29. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Juan 4,43-54. Anda, tu hijo está curado.

Martes 28:

Ezequiel 47,1-9.12. Vi que manaba el agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

Sal 45. El Señor del universo está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Juan 5,1-3.5-16. Al momento aquel hombre quedó sano.
Miércoles 29:

Isaías 49,8-15. He constituido alianza con el pueblo para restaurar el país.

Sal 144. El Señor es clemente y misericordioso

Juan 5,17,30. Lo mismo que el Padre resucita los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

Jueves 30:

Éxodo 32,7-14, Arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo.

Sal 105. Acuérdate de nosotros, por amor a tu pueblo.

Juan 5,31-47. Hay uno que os acusa: Moisés, en quién tenéis vuestra esperanza.
Viernes 31:

Sábado 2,1 a. 12-22. Lo condenaremos a muerte ignominiosa.

Sal 33. El Señor está cerca de los atribulados.

Juan 7,1-2.10.25-30. Intentan agarrar a Jesús el justo, para matarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Sábado 1:

Jeremías 11, 18-20. Yo, como cordero manso, llevado al matadero.

Sal 7. Señor, Dios mío, a tí me acojo.

Juan 7,40-53. ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?


San José, hombre de fe

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo”. Estas palabras de la segunda lectura se pueden aplicar de modo particular a San José, hombre justo, como nos dice el Evangelio de hoy. En la fe de San José destacan algunos rasgos particulares. Podríamos sintetizarlos en la confianza, la obediencia pronta y compatible con la responsable iniciativa.

Desposado con María, se encuentra con algo realmente desconcertante: “antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo”. Cómo explicarse semejante misterio sin dudar de la honestidad de su esposa. Sin embargo, ante lo que no comprende se abandona en Dios y le deja actuar. Porque no duda de la fidelidad de su esposa no la denuncia, pero para obedecer la ley tiene que repudiarla. Como es justo, un hombre dócil a Dios, juzga rectamente y espera ante lo que no entiende. Así, encuentra la solución, no sin la intervención del Espíritu Santo, y decide “repudiarla en secreto”. Ahora no comprende el plan de Dios, sólo después le será revelado, aunque no todo, sólo lo suficiente: “no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”. Ahora, sencillamente obedece, haciendo “lo que le había mandado el ángel del Señor”. Nos deja un ejemplo valiosísimo para nuestras vidas: ante lo que nos desconcierte y no entendamos. Si nos abandonamos en Dios, al final comprenderemos cómo Dios hace que todas las cosas confluyan para nuestro bien (cf. Rm 8, 28).

La respuesta de San José es la fe que se hace obediencia rápida para cumplir la voluntad de Dios: “cuando se despertó”. No lo dejo para más adelante, buscando un momento más propicio. Es una fe operativa: “hizo”: la fe es siempre activa, no es una virtud pasiva. Cuando es auténtica, tiene un dinamismo interior que no permite quedarse parado. Abandonarse en las manos de Dios, no es pasividad. Es confiar en que Él sabe más y que quiere hacernos instrumentos suyos. Abandono es docilidad y prontitud a la hora de poner los medios, hacer cuanto está a nuestro alcance, algo con lo que siempre cuenta Dios, porque somos en sus manos instrumentos libres. San José no se queda parado. No renuncia a pensar ni hace dejación de su responsabilidad (cuidar al Niño y a la Madre). Al contrario, pone al servicio de la fe toda su experiencia humana, todas sus cualidades. Por eso cuando vuelve de Egipto “oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, temió ir allá” y cambia el plan de viaje (cf Mt 2, 22). Ha aprendido a poner toda su capacidad, su inteligencia al servicio de la voluntad de Dios y por eso ha aprendido a moverse dentro del plan de Dios ¡Cuántas veces nosotros hacemos al revés y ponemos todas nuestras capacidades, nuestra inteligencia y buscamos todos los argumentos para hacer coincidir la voluntad de Dios con la nuestra.

Porque la fe de San José se hace obediencia, esta fe obediente pone en movimiento la esperanza. Entonces, la obediencia de la fe se convierte en esperanza, en abandono. Espera porque ama de este modo. La fe, el amor, la esperanza, se convierten en el eje de la vida de San José. La entrega de San José se llena de amor fiel, de fe amorosa, de esperanza confiada. Su fiesta es, por tanto, un buen momento para que todos renovemos nuestra entrega a la vocación de hijos de Dios. Renovar la entrega es renovar la fidelidad a lo que el Señor quiere de nosotros. Le pedimos a San José que con su ejemplo e intercesión nos ayude a renovar nuestra fidelidad y nuestra vida cristiana.

María Josefa del Sagrado Corazón de Jesús Sancho Guerra, religiosa y fundadora (1842-1912)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Nicetas, Guillermo, Leoncio, Wulfrano, Gutberto, Remigio, obispos; Martín de Dumio, abad: Pablo, Cirilo, Eugenio, José, Alejandra (Sandra), Víctor, Anatolio, Sebastián, Focio, Claudia, Eufrasia, Eufemia, Matrona, Ciriaca, mártires; Arquipo, compañero de San Pablo; Fotina, la Samaritana; Ambrosio, confesor; Heriberto, presbítero y eremita; María Josefa del Corazón de Jesús Sancho de Guerra, fundadora de las Siervas de Jesús de la Caridad.

Martín Dumiense, confesor (c. a. 515-580)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Nicetas, Guillermo, Leoncio, Wulfrano, Gutberto, Remigio, obispos; Martín de Dumio, abad: Pablo, Cirilo, Eugenio, José, Alejandra (Sandra), Víctor, Anatolio, Sebastián, Focio, Claudia, Eufrasia, Eufemia, Matrona, Ciriaca, mártires; Arquipo, compañero de San Pablo; Fotina, la Samaritana; Ambrosio, confesor; Heriberto, presbítero y eremita; María Josefa del Corazón de Jesús Sancho de Guerra, fundadora de las Siervas de Jesús de la Caridad.

20/03/2017 – Lunes de la 3ª semana de Cuaresma. Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
El Señor Dios le dará el trono de David, su padre
Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16

En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán:

«Ve y habla a mi siervo David:

“Así dice el Señor: Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino.

Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.

Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo.

Tu casa y tu reino se mantendrán siempre firmen ante mí; tu trono durará para siempre”».

Palabra de Dios.

Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29
R. Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades». R.

Él me invocará: “Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora”.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R.

SEGUNDA LECTURA
Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22

Hermanos:

No por la ley sino por la justicia de la fe recibieron Abrahán y su descendencia la promesa de que iba a ser heredero del mundo.

Por eso depende de la fe, para que sea según gracia; de este modo, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la que procede de la ley, sino también para la que procede de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros.

Según está escrito: «Te he constituido padre de muchos pueblos»; la promesa está asegurada ante aquel en quien creyó, el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe.

Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos, de acuerdo con lo que se le había dicho:

«Así será tu descendencia».

Por lo cual le fue contado como justicia.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no tengas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor.