Archiv para 21 marzo, 2017

Porque me lo pediste

Escrito por webmaster el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Esto no es normal, no por infrecuente, sino por imposible. Me refiero a un perdón incondicional tan desmesurado. Un perdón que nace de la solicitud del agraviador, y el agraviado inmediatamente lo indulta. Eso es lo que hace exactamente el rey del Evangelio de hoy con uno de sus empleados. “Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste”. Léase de nuevo, sencillamente te perdoné “porque me lo pediste”. Es como si el Banco Central Europeo le dijera a Tsipras, “mira toda la deuda que habéis acumulado os la perdonamos porque nos lo habéis expuesto y, oye, nos ha parecido bien. En las procelosas aguas del cara a cara personal, tampoco la cosa funciona así. Los perdones, si es que llegan, han recorrido todo un itinerario de pruebas que ni los trabajos de Hércules. Hace falta que el agraviador baje el pico y se someta a la tortura que le exige la parte afectada. En Dios el perdón nace de la petición, y basta. Por eso el Evangelio es la solicitud permanente de Cristo por cumplir los deseos de los que ni se atreven a hablar, los ciegos, los leprosos, “¿qué quieres que haga por ti?, porque cuanto salga de tu boca estoy dispuesto a llevarlo a cabo”.

Leo estos días el celebérrimo diario de Cesare Pavese “El oficio de vivir”. El itinerario creativo y personal que dejó por escrito durante los últimos 15 años de vida. El escritor jamás llegó a perdonarse que la chica de la que estaba enamorado se casara con otro. Ni se lo perdonó a ella ni se lo perdonó a sí mismo. Tan es así, que se supo desgraciado desde entonces, marcado, agraviado, como perdido. Así lo escribe de una forma bella pero tristísima, “he sido juzgado y declarado indigno de continuar. Ya nunca será capaz de templarse. “Sólo así se explica mi vida actual de suicida”, y es lo que ocurrió a la postre. Pavese, catorce años antes de quitarse la vida, ya adelanta que vivirá la estéril prolongación de un dolor no superado.

Pero todo el que busca perdón lo encuentra, el que pide recibe, el que insinúa una necesidad, Dios lo oye. No existe una vida condenada de antemano por el mal de ojo. A nosotros, que siempre hacemos las cosas a medias y somos vencidos por el desánimo y la aspereza, saber que se nos promete un perdón garantizado por el amor, es ya una salvación en vida. No hace falta hacer más méritos en lo ordinario que ponerse a amar mucho. “Porque me lo pediste me volqué sobre ti, y recuerda que mi medida será siempre colmada, rebosante, remecida”

21/03/2017 – Martes de la 3ª semana de Cuaresma

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde
Lectura de la profecía de Daniel 3, 25. 34-43

En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzo la voz en medio del fuego y dijo:

«Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados.

Que este sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor;trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia.

Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor».

Palabra de Dios.

Sal 24, 4-5ab. 6 y 7bc. 8-9
R. Señor, recuerda tu misericordia.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R.

EVANGELIO
Si cada cual no perdona de a su hermano, tampoco el Padre os perdonará
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18,21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El criado,arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.”

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:

“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.”

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Palabra del Señor