Archiv para 28 marzo, 2017

¿QUIERES QUEDAR SANO?

Escrito por Comentarista 1 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Uno de los sacerdotes que había antes en la parroquia (y al que han cambiado al hacerle párroco de otro lugar), solía decir a los penitentes que se acercaban al confesionario: “¿Tú quieres ser santo? ¿Quieres ir al cielo?”. A bastantes les impresionaba una pregunta tan directa y, como eran personas con buenas intenciones que se acercaban al confesionario, respondían positivamente y procuraban dar un nuevo impulso a su vida de fe.

«¿Quieres quedar sano?».

Siempre me ha parecido que esa pregunta de Jesús parecía sobrar en el relato de este milagro. Treinta y ocho años al borde de la piscina, sin moverse de lugar, esperando a ser el primero en lanzarse a las aguas, Jesús lo sabía y aun así le pregunta: «¿Quieres quedar sano?». Es como preguntar al colmenero si quiere vender miel. Sin embargo, Jesús se lo pregunta. Hace poco hemos cambiado la edición del Misal en España y en la consagración del cáliz ya no se dice “por todos” sino “por muchos.” Jesús viene a traer la salvación para todos, a todos la ofrece, pero tenemos que aceptarla, que acogerla en nuestra vida, que decir, como María, que sí.

Ayer seguíamos en Cuaresma, hoy también. ¡Cuántas cuaresmas vividas! Y, al menos yo, espero que vosotros no, sigo sin querer levantarme del borde de la piscina de Betesda. Sigo sin aceptar plenamente lo que Dios me da, sigo retrasando mi conversión, el levantarme de una vez, aunque tenga que ir cargando con mi camilla. Y ya no puedo decir como aquel enfermo: “No tengo a nadie…”. Cada día, cada vez que celebro la Eucaristía, cuando me confieso, cuando paso un rato frente al Sagrario, el Señor Jesús, el Buen Dios del Santo Cura de Ars, vuelve a decirme: «¿Quieres quedar sano?»…, y sigo sin contestar.

Seguro que muchos de vosotros, espero que todos, ya habéis tomado vuestra camilla y echado a andar. Este ratito de oración que estáis haciendo lo demuestra. Continuad así, pero acordaos: «Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor». Pídele hoy a la Virgen, en su advocación de Fátima, el rechazo pleno y completo al pecado y escuchar sólo la única palabra que salva, la de Jesucristo. Hoy volveré a escuchar la pregunta: «¿Quieres quedar sano?». Espero hoy responder que sí.

 

 

 

Sixto III, papa (fin s. IV-440)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Esperanza (o Spe), abad; Sixto III, papa; Gontrán, rey; Proco, Malco, Alejandro, Cástor, Teodora, Doroteo, Rogato, Suceso, mártires; Gundelinda (Güendolina), abadesa; Esiquio, confesor.

28/03/2017 – Martes de la 4ª semana de Cuaresma.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Vi agua que manaba del templo, y habrá vida allí donde llegue el torrente
Lectura de la profecía de Ezequiel 47, 1-9. 12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor.

De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este – el templo miraba a este -. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.

Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.

El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado.

Entonces me dijo:

«¿Has visto, hijo de hombre?».

Después me condujo por la ribera del torrente.

Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda.

Me dijo:

«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal. Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.

En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».

Palabra de Dios.

Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9
R. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.

Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.

El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra. R.

EVANGELIO
Al momento aquel hombre quedó sano
Lectura del santo Evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16

En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

Hay en Jerusalén, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos.

Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice:

«¿Quieres quedar sano?».

El enfermo le contestó:

«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado».

Jesús le dice:

«Levántate, toma tu camilla y echa a andar».

Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.

Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano:

«Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla».

Él les contestó:

«El que me ha curado es quien me ha dicho: “Toma tu camilla y echa a andar”».

Ellos le preguntaron:

«¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?».

Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, a causa de ese gentío que había en aquel sitio, se había alejado.

Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:

«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».

Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.

Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.

Palabra del Señor.