Archiv para abril, 2017

José Benito Cottolengo, presbítero (1786-1842)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Pío V, papa; Eutropio, Donato, Erconvaldo, Pulcronio, Quirino, Silvio, Cirilo, Severo, obispos; Máximo, Pedro, Luis (Ludovico), Helías, Ullex, presbíteros y mártires; Indalecio, Mariano y Santiago, Amador, Afrodisio, Lorenzo, mártires; Pablo, Isidoro, monjes y mártires; Lupino, Sabina, José Benito Cottolengo, confesores; Genesto, Aimón, monjes; Sofía, virgen y mártir; Ponce, abad.

Pío V, papa (1504-1572)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Pío V, papa; Eutropio, Donato, Erconvaldo, Pulcronio, Quirino, Silvio, Cirilo, Severo, obispos; Máximo, Pedro, Luis (Ludovico), Helías, Ullex, presbíteros y mártires; Indalecio, Mariano y Santiago, Amador, Afrodisio, Lorenzo, mártires; Pablo, Isidoro, monjes y mártires; Lupino, Sabina, José Benito Cottolengo, confesores; Genesto, Aimón, monjes; Sofía, virgen y mártir; Ponce, abad.

Conversión a la esperanza

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El evangelio “muestra las consecuencias de la obra de Jesús resucitado en los dos discípulos: conversión de la desesperación a la esperanza; conversión de la tristeza a la alegría; y también conversión a la vida comunitaria. A veces, cuando se habla de conversión, se piensa únicamente en su aspecto arduo, de desprendimiento y de renuncia. En cambio, la conversión cristiana es también y, sobre todo, fuente de gozo, de esperanza y de amor. Es siempre obra de Jesús resucitado” (Benedicto XVI, Homilía de 8 de mayo de 2011).

Esta conversión de los discípulos es fruto de la explicación que Cristo les hace de cuanto en la Sagrada Escritura se refiere a Él. La alegría y la esperanza ya están operando, como reconocen tras descubrir que era Jesús quien caminaba con ellos: “¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Sin embargo, no serán plenamente conscientes de todo ello hasta que le reconocen al partir el pan. Este es mismo recorrido que hace con nosotros cuando nos dejamos enseñar por el Espíritu de Cristo en la meditación viva de la Sagrada Escritura. Para ello hemos de aceptar la invitación de Cristo a entrar en diálogo con Él: “¿de qué veníais hablando por el camino?”, ellos le abren su corazón y Cristo les ilumina. Juan Pablo II recomendaba a los presbíteros, pero “vale para todos la invitación a escuchar y meditar la palabra de Dios con espíritu contemplativo, a fin de alimentar con ella tanto la inteligencia como el corazón. Eso favorece en el sacerdote la formación de una mentalidad, de un modo de contemplar el mundo con sabiduría, en la perspectiva del fin supremo: Dios y su plan de salvación. (…) A esa meta se puede llegar dejándose guiar por el Espíritu Santo en la meditación del Evangelio, que favorece la profundización de la unión con Cristo, ayuda a entrar cada vez más en el pensamiento del maestro y afianza la adhesión a él de persona a persona.” – Juan Pablo II, Catequesis sobre el presbiterado. Audiencia general 2 – VI – 1993, nº 4 – Se trata de repensar en lo que Él nos dice, en meditar su Palabra. “Meditar lo que se lee conduce a apropiárselo confrontándolo consigo mismo. Aquí, se abre otro libro: el de la vida. Se pasa de los pensamientos a la realidad. Según sean la humildad y la fe, se descubren los movimientos que agitan el corazón y se les puede discernir. (…) ‘Señor, ¿qué quieres que haga?’.” – Catecismo de la Iglesia Católica nº 2706 –

Para hacer vida toda esa enseñanza de Jesús, necesitamos participar de su fortaleza, que disponga nuestro corazón para la acción. Sin la participación en la Eucaristía no podríamos ponernos en camino, como los discípulos que se vuelven a Jerusalén. “La celebración eucarística no es un mero gesto ritual: es un sacramento, es decir, una intervención de Cristo mismo que nos comunica el dinamismo de su amor. Sería un engaño pernicioso querer tener un comportamiento de acuerdo con el Evangelio sin recibir su fuerza de Cristo mismo en la Eucaristía, sacramento que El instituyó para este fin” (Juan Pablo II, Catequesis sobre el presbiterado. Audiencia del 12-V-1993, 5).

Pidamos a nuestra Madre que la experiencia de fe en Jesús muerto y resucitado, ilumine nuestra vida, nuestras ilusiones, nuestra esperanza.

30/04/2017 – Domingo de la 3ª Semana de Pascua

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33

El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:

«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.
A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a un cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Veía siempre al Señor delante de mi, pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabia que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Palabra de Dios.

Sal 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11
R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor:’«Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.

SEGUNDA LECTURA
Fuisteis liberados con una sangre preciosa, como la de un el cordero sin mancha, Cristo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17 – 21

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras, de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con salgo corruptible con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
Lo reconocieron al partir el pan
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén nos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:

«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:

«¿Qué?».

Ellos le contestaron:

«Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:

«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón»

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

Amor a la Iglesia

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Hoy celebramos la fiesta de Santa Catalina de Siena. Una luchadora incansable por la paz en su tierra natal, una valiente defensora de la verdad y la unidad de la Iglesia. Su fiesta nos lleva considerar la necesidad de trabajar sin descanso por la paz en el ambiente en que vivimos. En nuestra familia, en el trabajo, con los amigos. Ser valientes para cortar juicios y murmuraciones, para proponer el perdón y la capacidad de disculparnos unos a otros. Animando más bien a orar unos por otros. Si hay que corregir, hacerlo con espíritu cristiano, como nos recordaba San Agustín: “debemos corregir por amor; no con deseos de hacer daño, sino con la cariñosa intención de lograr su enmienda. Si así lo hacemos, cumpliremos muy bien el precepto… ¿Por que le corriges? ¿Porque te apena haber sido ofendido por el? No lo quiera Dios. Si lo haces por amor propio, nada haces. Si es el amor lo que te mueve, obras excelentemente” (Sermón 82). Sabiendo que la solución no es callar o juzgar en el corazón, no pocas veces con dureza. “Callar cuando puedes y debes reprender es consentir; y sabemos que esta reservada la misma pena para los que hacen el mal y para los que lo consienten” (San Bernardo, Sermón 9, en la natividad de San Juan).

También para defender a la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo frente a injustos ataques, reaccionar frente al empeño de reducir la presencia de la Iglesia a las sacristías, dificultando las manifestaciones públicas de nuestra fe. Santa Catalina de Siena fue una valiente defensora de la verdad en unos momentos que tampoco eran fáciles, también en sus tiempos había muchas componendas y presiones de los poderosos. Nos enseña a perder el miedo a no ser “políticamente correctos”. Tenemos que sabernos enviados por el Señor anunciar la única verdad que salva al hombre. Sin maltratar a nadie, respetando a todos, pero sin silencios que pueden ser cómplices.

Santa Catalina era una enamorada de la Iglesia, y por tanto del Papa, al que llamaba “el dulce Cristo en la tierra”. Movida por un gran sentido sobrenatural y por su amor a la Iglesia y al sucesor de Pedro, se trasladó a Avignón para hablar con el Papa Gregorio XI y pedirle que regresara a Roma cuanto antes desde donde debería gobernar la Iglesia. Es para nosotros un ejemplo de amor al Papa y a la Iglesia, que habrá de manifestarse en nuestra oración constante por el Santo Padre, en nuestra docilidad a seguir sus enseñanzas. “¡No te separes de la Iglesia!. Ningún poder tiene su fuerza. Tu esperanza es la Iglesia. Tu refugio es la Iglesia. Tu salud es la Iglesia. Ella es más alta que el cielo y más dilatada que la tierra. Ella nunca envejece: su vigor es eterno” (San Juan Crisóstomo, Consideraciones sobre la Iglesia). Encomendemos especialmente al Papa y los frutos apostólicos en su viaje a Egipto, que se sienta acompañado por la oración de sus hijos.

Que María, Madre de la Iglesia nos haga fieles hijos de la Iglesia.

Catalina de Siena, virgen, doctora de la Iglesia y patrona de Europa (1347-1380)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Catalina de Siena, virgen, Doctora de la Iglesia y Patrona de Europa; Wilfrido II, arzobispo; Paulino, Severo, obispos; Agapio, Secundino, Tíquico, Torpetes, Emiliano, mártires; Pedro de Verona; Roberto (Bob, Boby), monje; Tértula, Antonia, vírgenes; Hugo, abad; Ursino y Maurelo, confesores; Cercira, virgen y mártir; Senán, anacoreta.

29/04/2017 – Sábado de la 2ª semana de Pascua. Santa Catalina de Siena, virgen y doctora, patrona de Europa

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado
Lectura de la primera carta del Apóstol san Juan 1, 5-2, 2

Queridos hermanos:

Este es el mensaje que hemos oído a Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.

Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Palabra de Dios.

Sal 102, 1-2. 3-4. 8-9. 13-14. 17-18a
R. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.

La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos,
para los que guardan la alianza. R.

EVANGELIO
Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a los pequeños
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor.

29/04/2017 – Sábado de la 2ª semana de Pascua. Santa Catalina de Siena, virgen y doctora, patrona de Europa

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado
Lectura de la primera carta del Apóstol san Juan 1, 5-2, 2

Queridos hermanos:

Este es el mensaje que hemos oído a Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.

Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Palabra de Dios.

Sal 102, 1-2. 3-4. 8-9. 13-14. 17-18a
R. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.

La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos,
para los que guardan la alianza. R.

EVANGELIO
Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a los pequeños
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor.

Alimentarnos del “Pan multiplicado”

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea. Lo seguía mucha gente porque habían visto los signos que hacía con los enfermos”. Hoy el Señor sigue convocando multitudes cada domingo para enseñarles y alimentarles con ese pan multiplicado que es su cuerpo. Y quizás nos hemos como acostumbrado a un milagro tan impresionante, que nos de a comer su Cuerpo, y nos acercamos a recibir la sagrada comunión como un simple gesto. Por ello es importante que reflexionemos cómo nos preparamos para recibir llenos de asombro y agradecimiento este “pan multiplicado”. En un sermón sobre la preparación para recibir al Señor, exclamaba San Juan de Ávila: “¡Qué alegre se iría un hombre (…) si le dijesen: ‘el rey ha de venir mañana a tu casa a hacerte grandes mercedes’! Creo que no comería de gozo y de cuidado, ni dormiría en toda la noche, pensando: ’el rey ha de venir a mi casa, ¿cómo le aparejaré posada?’ Hermanos, os digo de parte del Señor que Dios quiere venir a vosotros y que trae un reino de paz” (San Juan de Ávila, “Sermón 2 para el domingo III de Adviento”, vol. II, p. 59) “Considera qué gran honor se te ha hecho -nos exhorta San Juan Crisóstomo-, de qué mesa disfrutas. A quien los ángeles ven con temblor, y por el resplandor que despide no se atreven a mirar de frente, con Ése mismo nos alimentamos nosotros, con Él nos mezclamos, y nos hacemos un mismo cuerpo y carne de Cristo” – San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 82, 4.-

Deberíamos darnos siempre un tiempo para considerar a quién recibimos en la Eucaristía y cuáles son nuestras disposiciones. “Hay que recordar al que libremente comulga el mandato: “Que se examine cada uno a sí mismo” (1Cor 11,28). Y la práctica de la Iglesia declara que es necesario este examen para que nadie, consciente de pecado mortal, por contrito que se crea, se acerque a la Sagrada Eucaristía sin que haya precedido la Confesión sacramental.” – Pablo VI, Instrucción Eucaristicum mysterium, 37.

Con la comunión eucarística se produce una transformación en nuestra alma, como decía bellamente San Agustín en las “Confesiones”: “soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí”. Esta transformación es el primer fruto, transformación que es posible porque nos hace participar de la caridad de Cristo. La Eucaristía debe llegar a ser para nosotros una escuela de vida, en la que aprendamos a entregar nuestra vida “Si la vida cristiana se manifiesta en el cumplimiento del principal mandamiento, es decir en el amor a Dios y al prójimo, este amor encuentra su fuente en el Santísimo Sacramento (…) Sacramento del Amor. (…) La Eucaristía significa esta caridad, y por ello la recuerda, la hace presente y al mismo tiempo la realiza. Cada vez que participamos en ella de manera consciente, se abre en nuestra alma una dimensión real de aquel amor inescrutable que encierra en sí todo lo que Dios ha hecho por nosotros los hombres y que hace continuamente (…) Junto con este don insondable y gratuito, que es la caridad revelada hasta el extremo en el sacrificio salvífico del Hijo de Dios – del que la Eucaristía es señal indeleble – nace en nosotros una viva respuesta de amor. No sólo conocemos el amor, sino que nosotros mismos comenzamos a amar. (…) El amor que nace en nosotros de la Eucaristía, se desarrolla gracias a ella, se profundiza, se refuerza.” (Juan Pablo II, Domenicae cenae, 24 – II – 1980, 5)

Pidamos a Nuestra Madre tratar el Cuerpo de su Hijo en la Eucaristía con el mismo cariño y asombro con Ella lo cuidó.

Luis María Grignon de Monfort, fundador (1637-1716)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Pedro Chanel, presbítero y mártir; Agapito, papa; Prudencio, Pánfilo, Marcos, Petricio, Africo, Artemo, obispos; Teodora, Proba, vírgenes y mártires; Dídimo, Acacio, Menandro, Polieno, Afrodisio, Caralipo, Agapio, Eusebio, Vidal y Valeria, Ursino, Patricio, Marcos, mártires; Luis Mª Griñón de Monfort, confesor.