Archiv para 4 Abril, 2017

Muerte y vida

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

El tema de la muerte y la vida atraviesa como hilo de oro todas las páginas de la Sagrada Escritura, ya incluso desde los primeros relatos del Génesis. Pero, es importante entender que a la Biblia no le interesa describir algo tan evidente como es la vida y la muerte biológicas de todo hombre, pues la perspectiva en la que se sitúan los textos sagrados es, sobre todo, salvífica. Por tanto, lo que interesa aquí es entender en qué consiste la verdadera vida y en qué consiste la verdadera muerte del hombre. Los primeros versículos del Génesis dejan muy claro que la verdadera vida del hombre procede solo de Dios, y así se ve a lo largo de los relatos que narran la creación; y, al contrario, la muerte verdadera del hombre no es la que experimentamos necesariamente en el orden de lo biológico sino la que introduce el propio hombre, a través del pecado, cuando se rebela contra Dios como su Dueño y Creador.

Por eso, el Señor, dialogando con los fariseos, grandes conocedores de los textos del Génesis y de todo el Antiguo Testamento, les recuerda algo tan sencillo como que la verdadera muerte del hombre está en el pecado: “Si no creéis que «Yo soy», moriréis por vuestros pecados”. Cuando aquellos incrédulos fariseos oyeron pronunciar en labios de Jesús el nombre que Dios había revelado a Moisés, “Yo soy”, entendieron perfectamente que el Señor les estaba confesando su divinidad: Aquél que se reveló a Moisés diciéndole su nombre, “Yo soy”, es el que estaba allí hablando con ellos. “Yo soy” era el nombre con el que Dios se reveló a su pueblo de Israel, y comunicar el nombre era expresar su esencia, su identidad divina. El pecado de los fariseos era, por tanto, sumamente sutil y refinado, porque precisamente en nombre de la Ley de Moisés, ellos se negaban a aceptar que Jesús era Dios y, por lo tanto, el Mesías anunciado por el mismo Moisés. ¿Podía haber mayor hipocresía y soberbia que esta?

En realidad, si el corazón, o la razón, se empecina en no querer ver, ya puede venir el Señor en persona y hacer numerosos milagros delante de nuestras narices que nada de nada. Por eso, el gran pecado de soberbia es el principio de la verdadera muerte del hombre, porque nos incapacita radicalmente para abrirnos a la verdad y, por tanto, a la salvación. El Señor, sin embargo, no deja de indicarnos el camino a seguir: “Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que «Yo soy»”. Será necesaria la Cruz, como signo del amor supremo de Dios, para que sea destruido todo pecado y renazca en el hombre la verdadera vida. La Cruz es ciertamente el camino hacia la vida de la resurrección, pero solo si nos acercamos con el corazón rendido de fe.

 

 

Benito el Negro, monje (1526-1589)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Benito «el Negro» de Palermo, Platón, monjes; Agatópode, Teódulo, mártires; Víctor, Ecio, obispos y mártires; Zósimo, Teonás, anacoretas; Teodora, virgen; Jorge, eremita; Aleth, madre de san Bernardo.

04/04/2017 – Martes de la 5ª semana de Cuaresma.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirar a la serpiente de bronce
Lectura del libro de los Números 21, 4-9

En aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edón.

El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:

«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».

El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.

Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:

«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».

Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:

«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Palabra de Dios.

Sal 101,2-3. 16-18. 19-21
R. Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti.

Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco,
escúchame en seguida. R.

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R.

EVANGELIO
Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que «Yo soy»
Lectura del santo Evangelio según san Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».

Y los judíos comentaban:

«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».

Y él les dijo:

«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que «Yo soy», moriréis por vuestros pecados».

Ellos le decían:

«¿Quién eres tú?»

Jesús les contestó:

«Lo que os estoy diciendo. desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».

Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.

Y entonces dijo Jesús:

«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que «Yo soy», y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».

Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.

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