Archiv para 5 Abril, 2017

Verdad y libertad

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

 

Se ha hecho famosa y resultona la frase de Cristo que recoge el Evangelio de hoy: “La verdad os hará libres”. Se ha empleado tantas veces y con tantos sentidos, que casi se ha convertido en una especie de slogan revolucionario, que puede servir igual para anunciar una huelga de transportistas que para justificar la okupación de algún inmueble abandonado. Alguno, incluso, se ha aventurado a tergiversarla descaradamente diciendo que, en realidad, “la libertad nos hará verdaderos”. Es decir, que, fuera de contexto, cualquier cosa sirve para decir cualquier cosa. Porque, si bien el tema de la libertad es siempre muy atractivo y capaz de suscitar interesantes debates, no siempre queda tan clara su relación con la verdad y, mucho menos, con la realidad del pecado, a la que se refiere Cristo en el Evangelio de hoy.

Difícilmente puede enfocarse bien el tema de la libertad cuando la consideramos al margen de la disyuntiva verdad-pecado, o si se quiere, verdad-mentira. Porque, nos guste o no, el pecado nos lleva a vivir en la mentira, con uno mismo y con Dios, con lo que se convierte en nuestra principal fuente de esclavitudes. Claro que hoy hemos perdido la conciencia y la noción del pecado, con lo que la libertad la entendemos en relación a los derechos y no en relación a la verdad. Hemos sustituido la tremenda realidad del pecado por eufemismos más suaves como el error humano, la equivocación, los límites propios, etc. Así que, al final, es fácil justificar cualquier forma de entender la libertad: lo mismo da la libertad con los okupas que te arrebatan tu propia casa que la libertad con que el dueño de la kasa está obligado a cederles el uso del edificio.

Se pierde la conciencia del pecado cuando se pierde también la conciencia del amor de Dios. Y, si no es desde la verdad del amor, difícilmente puede entenderse con todo su significado la verdadera libertad, esa que nos ha alcanzado Cristo en la Cruz, cuando abolió para siempre la ley del pecado. El hombre solo crece en libertad cuando es capaz de vivir en la verdad del amor. Y esto, más que entenderlo a través de numerosos debates, se vuelve claro y diáfano solo en la medida en que se vive. Pero, el pecado nos va oscureciendo la mirada, de tal manera que nos hace creer que nuestras esclavitudes no son tales, y nos va enturbiando el corazón, hasta el punto de acostumbrarnos a amar y a considerar como buena la mentira que se encierra en esas esclavitudes. Cada uno ha de descubrir y desenmascarar qué cosas le hacen esclavo: el qué dirán, la opinión ajena, ser el centro de atención de todos, el activismo, la soberbia de creerse siempre superior a los demás, el afán de poder, la ambición de figurar y de ser tenido en cuenta, etc. Saber situarse con realismo y humildad ante la verdad de lo que soy nos libera de la mentira y nos libra de muchas meteduras de pata. Pidamos hoy al Señor ese don de la verdad, para que su Cruz nos libere realmente de la esclavitud del pecado.

05/04/2017 – Miércoles de la 5ª semana de Cuaresma.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Envió un ángel a salvar a sus siervos
Lectura de la profecía de Daniel 3, 14-20. 91-92. 95

En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo:

«¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la citara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?».

Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:

«A eso no tenemos por qué responder. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».

Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac: y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.

Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros:

«¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno? ».

Le respondieron:

«Así es, majestad».

Preguntó:

«¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino»

Nabucodonosor entonces dijo:

-«Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».

Palabra de Dios.

Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56
R. ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso. R.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.

Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos. R.

Bendito eres en la bóveda del cielo. R.

EVANGELIO
Si el Hijo os hace libres, sois realmente libres
Lectura del santo Evangelio según san Juan 8, 31-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:

«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

Le replicaron:

«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».

Jesús les contestó:

«En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».

Ellos replicaron:

«Nuestro padre es Abrahán».

Jesús les dijo:

«Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».

Le replicaron:

«Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».

Jesús les contestó:

– «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.»

Palabra del Señor.