Archiv para 8 abril, 2017

Salvemos el pellejo…

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Aumenta la persecución contra el Señor, en estos días previos a la Semana de Pasión. Los judíos andan confabulando el mejor modo de atraparle y darle muerte y, sobre todo, buscan continuamente justificar con el mejor de los motivos posible el odio contra el Señor: “¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación”. Es triste ver que, al final, son capaces de admitir la muerte de un justo, con tal de salvar el propio pellejo: si sigue haciendo signos, todos creerán en él y nosotros perderemos muchos adeptos; si sigue haciendo signos, tendremos problemas con las autoridades romanas y lo que nos interesa es llevarnos bien con ellos, no sea que perdamos nuestro status económico. Es decir, hay que salvar la propia imagen como sea y si para eso tiene que morir un justo e inocente, que muera.

Cuantas veces claudicamos en lo más noble y sagrado solo por quedar bien, por conveniencia económica, por no salirnos de lo políticamente correcto, por salvar la propia imagen, etc. Si, además, hemos perdido la conciencia de la sacralidad de toda persona humana somos capaces de cualquier cosa sin escrúpulo ni remordimiento. Y nadie está libre de ello, aunque sea en el transcurrir cotidiano de nuestra vida, o en el ambiente más eclesial que nos podamos imaginar. Instrumentalizar al otro, servirnos o aprovecharnos de él, incluso en nombre de un motivo justo y hasta cristiano, puede estar a la orden del día. Por eso, los judíos llegaron fácilmente a una conclusión: “Conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera”. Es decir, conviene que uno muera, si queremos salvar nuestros propios intereses religiosos, económicos, políticos, etc.

Tarde o temprano, quien actúa con estos criterios termina pagando un alto precio. Vivir el Evangelio requiere mucha sinceridad de vida, mucha rectitud de conciencia, mucha limpieza de miras y de intenciones en nuestros actos, porque nadie está libre de utilizar el bien como excusa aparentemente justa para hacer el mal. Y el Señor, sabiendo que se avecinaba el momento supremo de su vida, no rehúye la Cruz sino que espera el momento oportuno, la Hora del Padre, para abrazarla y entregarse en ella. Solo el Espíritu Santo puede ayudarnos a penetrar un poco en los sentimientos que llenaban el Corazón de Cristo en estos días previos a la Pasión. Nada de resignación, de resentimiento, de miedo, de debilidad. Solo el amor explica su entrega hasta el extremo de la Cruz y solo el amor pudo sostenerlo en cada momento de su Pasión. Pidámosle a la Virgen Dolorosa, que supo permanecer serena y firme al pie de la Cruz, que de su mano sepamos contemplar en estos días el misterio tremendo de salvación que se cumple en la entrega de la Cruz.

Dionisio, obispo († c. a. 180)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Concesa, Edesio, Jenaro, Máxima, Macaria, Herodión, Flegonte, Asincrito, Bademo, Mercuriana, mártires; Amancio, Dionisio, Perpetuo, Redento, obispos; Alberto, patriarca; Faibe, Filarete, Alberto, confesores; Gualterio, abad; Julián de San Agustín, beato.

08/04/2017 – Sábado de la 5ª semana de Cuaresma.

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Los haré una sola nación
Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28

Esto dice el Señor Dios:

«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los haré una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.

No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitaban y en los cuales pecaron. Los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.

Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sus padres: allí habitaran ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.

Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra a Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».

Palabra de Dios.

Jr 31, 10. 11-12ab. 13
R. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R.

EVANGELIO
Para reunir a los hijos de Dios dispersos
Lectura del santo Evangelio según san Juan 11,45-57

En aquél tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:

«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».

Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:

«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».

Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente emtre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:

«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?»

Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor.