Archiv para 9 Abril, 2017

Jesús sobre un pollino

Escrito por Comentarista 2 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

 

Al inicio de la Semana Santa, la Iglesia celebra la entrada triunfante de Cristo en Jerusalén, rodeado del fervor de muchas gentes, que le conocían por su predicación y sus milagros. Muchos de aquellos que extendían por el suelo sus mantos para que pasara el Señor sobre ellos, habían sido quizá protagonistas de milagros y curaciones recibidos del Señor. Otros cortaban ramas de los árboles y las tendían sobre el suelo para que pasara sobre ellas aquel pollino que llevaba sobre sus lomos al Señor. Así, entre las aclamaciones y la euforia de las gentes, entró Jesús en Jerusalén, montado sobre un pollino, que caminaba cansino y totalmente ajeno a lo que pasaba. Aquel día los apóstoles se sintieron más orgullosos que nunca de su Maestro pues, por fin, toda la gente hablaba bien de ellos, se había extendido la fama y el poder de sus milagros y había llegado ya el reconocimiento público de aquel que era del linaje real de David. Viendo a casi toda la ciudad de Jerusalén aclamando al Maestro de aquella manera, los discípulos pensaron que, por fin, había llegado el momento de hacer carrera y decidirse ya de una vez a seguir a aquel Maestro que tan buen futuro parecía prometer. Los judíos, en cambio, viendo el alboroto y la algarabía de la gente, no veían la hora de prenderle para matarle, porque veían que aquello se les estaba yendo de las manos.

A ti y a mi también nos resulta hermoso y atractivo el Cristianismo cuando todas las cosas van a nuestro favor, cuando todos nos entienden y nadie nos critica, y cuando parece que avanzamos caminando sobre una alfombra roja de reconocimiento y aplauso. Quisiéramos incluso que así fuera siempre nuestra vida cristiana y pensamos que cuando hay adversidades, dificultades, pruebas, dudas o luchas, Dios se ha escondido, nos ha dejado de su mano, es incapaz de cambiar la situación o, incluso, puede que ni exista. Nuestra continua tentación siempre será detener el evangelio en aquel momento de la entrada de Cristo en Jerusalén y arrancar las páginas que siguen, porque hablan de pasión, de Getsemaní, de flagelación y de Cruz. Y no nos damos cuenta de que arrancaríamos, entonces, las páginas que siguen a la Pasión, las más bellas del evangelio, que son las que hablan de resurrección y de gloria. No busques éxitos y triunfos humanos, fama y buena opinión de los demás, ni quieras un Cristianismo de alfombra roja. Más bien, duda de esa bonanza en la que todo el mundo habla bien de ti y pondra tu vida ejemplar y lo bien que haces las cosas, no sea que detrás de tantas alabanzas y adulaciones, descubras que, para muchos, no eres más que un vulgar pollino.

 

Casilda de Toledo, virgen († c. 1107)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: María Cleofás, discípula del Señor; Casilda de Toledo, virgen; Desio, obispo y mártir; Marziabo, presbítero y mártir; Prócoro, Demetrio, Conceso, Hilario, Eusiquio, Heliodoro, Basilio, Rufino, Isidoro, Eugeniano, Celso, Anastasio, Abdías, mártires; Acacio, Marcelo, Hugo, obispos; Waldetrudis, virgen; Antonio Pavonio, Crescencia, beatos.

09/04/2017 – Domingo de Ramos. Comienza la Semana Santa

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
No escondí el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.

El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere». R.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel». R.

SEGUNDA LECTURA
Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

EVANGELIO
¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 27, 11-54

¿Eres tú el rey de los judíos?

C. En aquel tiempo, Jesús fue llevado ante Poncio Pílato, y el gobernador le preguntó:

S. -«¿Eres tú el rey de los judíos?»

C. Jesús respondió:

+ -«Tú lo dices.»

C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Tilato le preguntó:

S. -«¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?»

C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato:

S. -«¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».

C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

S. -«No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».

C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.

El gobernador preguntó:

S. -«¿A cuál de los dos queréis que os suelte?».

C. Ellos dijeron:

S. -«A Barrabás».

C. Pilato les preguntó:

S. -«¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».

C. Contestaron todos:

S. -«Sea crucificado».

C. Pilato insistió:

S. -«Pues, ¿qué mal ha hecho?»

C. Pero ellos gritaban más fuerte:

S. -«¡Sea crucificado!».

C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:

S. -«Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!».

C. Todo el pueblo contestó:

S. -«¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».

C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

¡Salve, rey de los judíos!

C. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo:

S. -«¡Salve, rey de los judíos!».

C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Crucificaron con él a dos bandidos

C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.

Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban lo injuriaban y, meneando la cabeza, decían:

S. -«Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».

C. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:

S. -«A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¡Es el rey de Israel!, que baje ahora de la cruz, y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”».

C. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

«Elí, Elí, lamá sabaqtani?».

C. Desde la hora sexta hasta la hora nona, vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A hora nona, Jesús gritó con voz potente:

+ -«Eli, Eli, lamá sabaktaní.»

C. (Es decir:

+ -«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)

C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron:

S. -«Está llamando a Elías».

C. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.

Los demás decían:

S. -«Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo».

C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu,

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.

El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:

S. -«Verdaderamente este era Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

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