Archiv para 10 abril, 2017

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor: Misa del día – 16/04/2017

Escrito por webmaster el . Posteado en Hoy Domingo

Comentario Pastoral

EL GOZO DE LA PASCUA

La alegría que cantan las campanas, los aleluyas que resuenan en el templo son signos claros del gozo nuevo de este día bendito de Pascua. No somos cristianos por el hecho de creer en el pecado, en la cruz, en el sufrimiento y en la muerte, somos cristianos porque creemos en el perdón, en la alegría, en la liberación, en la resurrección, en la Vida. El corazón de nuestra fe es una esperanza de que toda prueba se transforma en gracia, toda tristeza en alegría, toda muerte en resurrección.

Pascua es la experiencia de que no estamos en el mundo como encerrados en un sepulcro, de que os ha liberado de la losa que reducía la existencia a oscuridad y esclavitud. Pascua es luz, gozo, vida nueva.

Para muchos la cuestión difícil no está en saber si tienen fe en la resurrección, sino en saber si sienten deseo de resucitar y si tienen ganas de vivir. Lo esencial no es resucitar dentro de diez, de veinte o de cincuenta años, sino vivir ahora como resucitados. Pascua significa que podemos resucitar, que podemos experimentar una vida nueva. El cristiano no cree en la vida futura, sino en la vida eterna, que ha comenzado ya, que se vive desde ahora.

Para que la Pascua sea una realidad plena se debe aceptar la muerte de esa roza de la propia alma en la que se está demasiado vivo: intereses, temores, tristezas, egoísmos. Y hay que resucitar en esa zona en la que estamos demasiado muertos: resucitar a la fe, a la esperanza, al perdón, al amor, a la paz, a la alegría. La comunión pascual es no absolutizar el pan de esta vida, para poder saborear el pan de la otra vida, pan de justicia, de sinceridad, de entrega, de fraternidad. No hay que celebrar solamente la resurrección que aconteció hace dos mil años, sino hay que intentar que la Pascua sea fiesta actual en la resurrección de los cristianos, que atestiguan ante el mundo que es posible morir y resucitar.

La gran prueba de que Cristo ha resucitado, de que Cristo vive es que su amor vive, que hay personal y comunidades que viven de su vida y que aman con su amor.

Es más fácil rezar ante un crucifijo que entre una imagen de la resurrección de Cristo. El que solamente conoce la cruz nos ha dado el paso hacia la pascua. La religión cristiana es la religión de la apertura a Dios y a los demás, de la alegría. La religión cristiana no es la religión de la ausencia, de la guardia ante la tumba vacía, sino religión de la presencia y de la resurrección.



Andrés Pardo

 

 

Palabra de Dios:

Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43 Sal 117, 1-2. l6ab-17. 22-23
Colosenses 3, 1-4 san Juan 20, 1-9

de la Palabra a la Vida

“El día en que actuó el Señor”, tal y como canta el Salmo 117 e interpreta la Iglesia desde los primeros discursos en Hechos, es el día de Pascua. Es el día en el que el Padre ha infundido en Cristo el don del Espíritu para que el Hijo resucitara, el primero de todos. Porque “actuó el Señor”, los neófitos, recién bautizados, se alegran y pueden participar en la celebración sacramental de la Iglesia, pueden recibir el santo bautismo. A partir de ahora, ellos como bautizados, con el resto de los bautizados, tienen que tomar conciencia de que lo que hizo Cristo no quedó perdido en la noche de los tiempos: “ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba”. El bautismo supone participar de la muerte y resurrección de Cristo, ser criaturas nuevas.

El paso a ser nuevas criaturas que vemos en ellos por el bautismo, lo vemos directamente por la resurrección de Cristo en los discípulos, en el evangelio y en la primera lectura: desde hoy, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos acompañará cada día del tiempo de Pascua, para que podamos contemplar este misterio de transformación por obra de la gracia.

Si, en la noche de Pascua, la Iglesia ha insistido en el hecho de la resurrección, en la mañana de Pascua nos invita a reflexionar sobre lo que ello supone. De forma análoga a lo que hacemos en la Nochebuena y la Navidad, la noche es para vivir el misterio, la mañana para la reflexión sobre lo vivido. Y la reflexión nos pone ante los discípulos que no habían entendido aún lo que decía la Escritura acerca de la resurrección. El apóstol, a quien Jesús tanto quería, no tiene problema en no disimular lo más mínimo esta ceguera.

Por eso, podemos echar una mirada aquí también, y una mirada esperanzada, a nuestra propia fe: vivieron con Jesús, le escucharon, contemplaron sus milagros, sus alusiones a la Pascua… tampoco habían entendido aún las Escrituras tal y como Él se las explicaba… hasta entrar en el misterio de la noche de Pascua. De hecho, en realidad, no creyeron hasta que no vieron, aunque fueron a ver el sepulcro vacío. ¡Que necesitados estamos constantemente de entrar en la noche de Pascua, de experimentar ese proceso de muerte y resurrección que Cristo anuncia! ¡Qué necesitados de escuchar, de escuchar, de escuchar en la celebración de la Iglesia! ¿Para qué? Para que seamos capaces de entender el misterio de Cristo unido a nosotros por el bautismo.

Pero podemos acercarnos a otro misterio importante: todo esto sucede en “el primer día de la semana”. He aquí el fundamento de nuestra celebración dominical. La semana comienza con el día del acontecimiento con el que la historia comienza y con el que se hace nueva. El domingo, la Iglesia celebra el día en que todo ha sido renovado, el día en que todo ha recibido su dirección definitiva, su sentido último. Los niños en catequesis, los adultos en nuestra vida cristiana, tenemos que vivir la referencia dominical. Perdida esta, da igual lo que celebremos, porque el domingo hace referencia a nuestra identidad. Y esto sí que lo vieron los apóstoles. El domingo no fue casual, fue fundamental, y por eso los encuentros desde
ahí y cada domingo. La Pascua de Cristo fue motivo de celebración como Pascua semanal. No de un rato de celebración, sino de un día especial. “Santificar las fiestas” ya tenía su sentido nuevo: celebrar el domingo, del cual la misa es lo principal, aunque nunca lo único.
¿Se diferencia mi sábado de mi domingo sólo en la misa? ¿En qué medida marca el domingo la semana que comienza para mí? ¿Es día de fiesta, de memoria de la Pascua? Es “el día en que actuó el Señor, nuestra alegría y nuestro gozo”. Cuidemos de esta alegría que hemos recibido como un gran tesoro: en ella está el poder de transformarnos según lo que hoy celebramos.

Diego Figueroa

 



al ritmo de las celebraciones


De la oración litúrgica a la oración personal… el prefacio de la Virgen María en la resurrección del Señor

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque en la resurrección de Jesucristo, tu Hijo,
colmaste de alegría a la santísima Virgen
y premiaste maravillosamente su fe:
ella había concebido al Hijo creyendo,
y creyendo esperó su resurrección;
fuerte en la fe contempló de antemano
el día de la luz y de la vida,
en el que, desvanecida la noche de la muerte,
el mundo entero saltaría de gozo
y la Iglesia naciente, al ver de nuevo a su Señor inmortal,
se alegraría entusiasmada.
Por él, los ángeles te cantan con júbilo eterno,
y nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente tu alabanza…

 

 

Para la Semana

Lunes 17:

Hechos 2,14.22-23. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Sal 15. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Mateo 28,815. Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán.
Martes 18:

Hechos 2,36-41. Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en nombre de Jesucristo.

Sal 32. La misericordia del Señor llena la tierra.

Juan 20,1 1-18. He visto al Señor y ha dicho esto.
Miércoles 19:

Hechos 3,1-10. Te doy lo que tengo: en nombre de Jesús, levántate y anda.

Sal 104. Que se alegren los que buscan al Señor.

Lucas 24,13-38, Lo habían reconocido al partir el pan
Jueves 20:

Hechos 3,11-26. Matasteis al autor de la vida; pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

Sal 8: Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es
tu nombre en toda la tierra!

Lucas 24,35-48. Así está escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día.
Viernes 21:

Hechos 4,1-12. No hay salvación en ningún otro.

Sal 117. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

Juan 21,1-14. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Sábado 22:

Hechos 4,13-21. No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído.

Sal 117. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.

Marcos 16,9-15. Id al mundo entero y predicad el Evangelio.


Mirad

Escrito por Comentarista 3 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

Ha comenzado la Semana Santa  y estamos en la recta final de la Cuaresma. Celebramos los misterios centrales y fundamentales de nuestra fe. La pasión, muerte y resurrección de Jesús nos ha cambiado la vida y es el desenlace que nos salva. La liturgia en estos días nos presenta los últimos días de la vida de Cristo, su última semana, para que nos preparemos para el Triduo Pascual. Son muy importantes  los pasajes que vamos a escuchar o leer durante estos días porque van a ir desvelando la figura y profundidad de la misión del Salvador.

Hoy, Jesús está en casa de sus amigos donde siempre ha acudido para descansar, reponer fuerzas y disfrutar de su compañía; un paréntesis para seguir adelante el camino de su misión. María, como una premonición, sin saberlo,  prepara el cuerpo de Jesús para ser entregado y sacrificado; lo unge con perfume carísimo que el Señor lo  justifica porque algo así sólo podía guardarse para su sepultura. María, la hermana de Marta y Lázaro, no deja de admirar, de contemplar y escuchar a Jesús, a la Palabra hecha carne, y es para ella el más importante, mostrándolo con el gesto de hoy. Para nosotros, es la invitación a que sea el más importante de nuestra vida, a adorar al que es nuestro único Señor, el que libera de sufrimientos, pesos, culpas y complicaciones nuestra vida pecadora con su oferta salvadora de conversión: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.

Cristo es el Siervo de Yahvé que describe proféticamente Isaias en la primera lectura. El nos trae la justicia, la verdad. Es la respuesta a nuestras plegarias y el cumplimiento de la promesa de Dios a su pueblo. El Señor nos cuida y conoce nuestra fragilidad. Por ello, la caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Por muy perdidos o apartados que nos sintamos, o si lo estamos pasando mal, el Señor está con nosotros y sabe como ayudarnos. No tenemos que resistirnos, ni tener miedo, no nos quebrantará, ni hará nada que nos perjudique. Así lo creían y sentían los hermanos de Betania. Estar con Jesús, y en estos días que vivimos los cristianos, es llenarse de perfume tan agradable y de tan buen olor en nuestra vida como se lleno la casa de Betania. Este perfume son nuestra fe, nuestra confianza, traducida en buenos pensamientos, palabras y, sobre todo, obras, buenas obras que transforman todo a mejor.

No se si esta cuaresma te ha servido de algo, pero tus sacrificios, decisiones correctas y tu trabajo en buenas acciones por ser cada día más la persona que Dios ama, eso es lo que vale. Vociferar, destacar, o llamar la atención con locuras y utilizando lo que sea, no te va ayudar en tu vida, ni va a salvarte de nada. Mira al que sabe lo que es la vida de verdad, al que nunca te va a engañar, al que te quiere bien de verdad, al que no te abandona, al que ha dado la vida por ti. Mirad, el Señor es mi luz y mi salvación.

Ezequiel, profeta (s. VII a. C.)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Ezequiel, profeta; Miguel de los Santos, confesor; Pompeyo, Terencio, Africano, Alejandro, Máximo, Edormón, Zenón, Teodoro, Apolonio, mártires; Macario, Pablo, Fulberto, obispos; Isidora, virgen; Holda, profetisa; Mectildis, abadesa.

10/04/2017 – Lunes Santo – Semana Santa

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
No gritará, no voceará por las calles
Lectura del libro de Isaías 42, 1-7

Así dice el Señor:

«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.

Esto dice el Señor, Dios, que crea y despliega los cielos, consolidó la tierra con su vegetación, da el respiro al pueblo que la habita y el aliento a quienes caminan por ella:

«Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te he formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».

Palabra de Dios.

Sal 26, 1. 2. 3. 13-14
R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mí vida,
¿quién me hará temblar? R.

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen. R.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.

EVANGELIO
Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura
Lectura del santo Evangelio según san Juan 12,1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:

«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».

Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.

Jesús dijo:

– «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».

Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.

Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Palabra del Señor.