Archiv para 19 Abril, 2017

León IX, papa (1002-1054)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: León IX, papa; Jorge, Usmaro, Elgeo, obispos; Vicente, Hermógenes, Cayo, Expedito, Aristónico, Rufo, Gálata, Sócrates, Dionisio, Pafnucio, Vernerio, Geroldo, conde de Sajonia, y sus hijos Ulrico y Cunón, mártires; Crescencio o Crescente, confesor; Emma, viuda; Timón, diácono y mártir; Trifón, patriarca; Buscardo, abad; Oliva, virgen.

“Voy con Él”

Escrito por Comentarista 4 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

No te canses nunca de Emaús. Es la lectura de tu vida, quizá te parezca larga y sobradamente conocida. No pienses que ya le has sacado todo el partido al mensaje del Señor, recuerda que la Palabra de Dios es tan viva que quema en las manos y siempre es una propuesta novedosa. Es consolador que la historia de hoy empiece con el despiste profundo de dos discípulos del Señor, y acabe con la Eucaristía, con la comunión de ambos y el entusiasmo por contar lo suyo al mundo. Es el recordatorio de que el Señor camina dentro de ti, no fuera, no lejos. ¿Que tienes dudas y te distraes y te preguntas un millón de veces que Dios hace promesas que no cumple, patatín patatán? Ahí le tienes, a tu vera, interpretando tu propia vida y diciéndote “si me dejas a mí, podemos hacer locuras entre los dos”.

Hoy he dado la comunión a una religiosa enfermísima de solemnidad, a punto de marcharse ya con el Señor. Me ha dicho que está preparada, pero que quiere seguir descubriendo al Señor en el fondo de sus dolores, que no le importa que todo en su vida vaya menguando, la concentración en la lectura, la velocidad del pensamiento, la dispersión en las visitas. El cáncer se la come, la ralentiza, pero está más viva que mucha gente que no sabe por dónde camina. La explicación me la dio ella misma, “es que voy con Él, no tengo miedo”•

Esta semana me ha dado por rezar la famosa frase que convirtió al beato Carlos De Foucault en un hombre pegado a Dios para el resto der su vida. Cuando aún no había dado el paso de la fe, entraba en las iglesias de París y le decía al Señor,Dios, si existes, haz que te conozca”. No le pedía simplemente que se dejara ver, sino que se dejara encontrar. Le proponía un encuentro personal. A Dios se le hace muy cuesta arriba resistirse ante la propuesta de un corazón tan desvergonzado. Hay gente que no sabe encender el fuego de la chimenea, se le da fatal, yo me encuentro entre ellos. A mí me dan dos tocones de roble y una cerilla, y ya me pierdo, y eso que ver cómo arde la leña seca es una experiencia imborrable, no importa la repetición. Quien sabe encender una hoguera es el mismo Cristo, sólo con su voz a los discípulos les revientan las entrañas, ¿no ardía nuestro corazón…?”. Hay metáforas exageradas, pero la palabra “arder” es una experiencia que hemos sentido todos cuando nos ocurren situaciones que empiezan desde dentro. Como decía el medio fraile, Juan de la Cruz, “oh, llama de amor viva que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro”. Es una herida feliz que se va consumiendo sin que uno se apene.

Pégate a Emaús y lleva el pasaje grabado en el frontispicio de tu alma, para que cuando el Señor se asome a ti le digas que no quieres que se vaya por otro camino, sino que se quede contigo, porque necesitas servir a los demás y apenas sabes cómo hacerlo.

19/04/2017 – Míércoles de la Octava de Pascua

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Te doy lo que tengo: en nombre de Jesús, levántate y anda
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 3, 1-10

En aquellos días, Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se le quedó mirando y le dijo:

«Míranos».

Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo:

«No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».

Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.

Palabra de Dios.

Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9
R. Que se alegren los que buscan al Señor.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R.

EVANGELIO
Lo reconocieron al partir el pan
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

– «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:

– «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabe lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:

– «¿Qué?».

Ellos le contestaron:

– «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:

– «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrará así en su gloria?»

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él hizo simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:

– «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:

– «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

– «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.