Archiv para 28 abril, 2017

Alimentarnos del “Pan multiplicado”

Escrito por Comentarista 5 el . Posteado en Comentario a las Lecturas

“Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea. Lo seguía mucha gente porque habían visto los signos que hacía con los enfermos”. Hoy el Señor sigue convocando multitudes cada domingo para enseñarles y alimentarles con ese pan multiplicado que es su cuerpo. Y quizás nos hemos como acostumbrado a un milagro tan impresionante, que nos de a comer su Cuerpo, y nos acercamos a recibir la sagrada comunión como un simple gesto. Por ello es importante que reflexionemos cómo nos preparamos para recibir llenos de asombro y agradecimiento este “pan multiplicado”. En un sermón sobre la preparación para recibir al Señor, exclamaba San Juan de Ávila: “¡Qué alegre se iría un hombre (…) si le dijesen: ‘el rey ha de venir mañana a tu casa a hacerte grandes mercedes’! Creo que no comería de gozo y de cuidado, ni dormiría en toda la noche, pensando: ’el rey ha de venir a mi casa, ¿cómo le aparejaré posada?’ Hermanos, os digo de parte del Señor que Dios quiere venir a vosotros y que trae un reino de paz” (San Juan de Ávila, “Sermón 2 para el domingo III de Adviento”, vol. II, p. 59) “Considera qué gran honor se te ha hecho -nos exhorta San Juan Crisóstomo-, de qué mesa disfrutas. A quien los ángeles ven con temblor, y por el resplandor que despide no se atreven a mirar de frente, con Ése mismo nos alimentamos nosotros, con Él nos mezclamos, y nos hacemos un mismo cuerpo y carne de Cristo” – San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 82, 4.-

Deberíamos darnos siempre un tiempo para considerar a quién recibimos en la Eucaristía y cuáles son nuestras disposiciones. “Hay que recordar al que libremente comulga el mandato: “Que se examine cada uno a sí mismo” (1Cor 11,28). Y la práctica de la Iglesia declara que es necesario este examen para que nadie, consciente de pecado mortal, por contrito que se crea, se acerque a la Sagrada Eucaristía sin que haya precedido la Confesión sacramental.” – Pablo VI, Instrucción Eucaristicum mysterium, 37.

Con la comunión eucarística se produce una transformación en nuestra alma, como decía bellamente San Agustín en las “Confesiones”: “soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí”. Esta transformación es el primer fruto, transformación que es posible porque nos hace participar de la caridad de Cristo. La Eucaristía debe llegar a ser para nosotros una escuela de vida, en la que aprendamos a entregar nuestra vida “Si la vida cristiana se manifiesta en el cumplimiento del principal mandamiento, es decir en el amor a Dios y al prójimo, este amor encuentra su fuente en el Santísimo Sacramento (…) Sacramento del Amor. (…) La Eucaristía significa esta caridad, y por ello la recuerda, la hace presente y al mismo tiempo la realiza. Cada vez que participamos en ella de manera consciente, se abre en nuestra alma una dimensión real de aquel amor inescrutable que encierra en sí todo lo que Dios ha hecho por nosotros los hombres y que hace continuamente (…) Junto con este don insondable y gratuito, que es la caridad revelada hasta el extremo en el sacrificio salvífico del Hijo de Dios – del que la Eucaristía es señal indeleble – nace en nosotros una viva respuesta de amor. No sólo conocemos el amor, sino que nosotros mismos comenzamos a amar. (…) El amor que nace en nosotros de la Eucaristía, se desarrolla gracias a ella, se profundiza, se refuerza.” (Juan Pablo II, Domenicae cenae, 24 – II – 1980, 5)

Pidamos a Nuestra Madre tratar el Cuerpo de su Hijo en la Eucaristía con el mismo cariño y asombro con Ella lo cuidó.

Luis María Grignon de Monfort, fundador (1637-1716)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Pedro Chanel, presbítero y mártir; Agapito, papa; Prudencio, Pánfilo, Marcos, Petricio, Africo, Artemo, obispos; Teodora, Proba, vírgenes y mártires; Dídimo, Acacio, Menandro, Polieno, Afrodisio, Caralipo, Agapio, Eusebio, Vidal y Valeria, Ursino, Patricio, Marcos, mártires; Luis Mª Griñón de Monfort, confesor.

Pedro Chanel, presbítero y mártir (1803-1841)

Escrito por webmaster el . Posteado en Santoral

Santos: Pedro Chanel, presbítero y mártir; Agapito, papa; Prudencio, Pánfilo, Marcos, Petricio, Africo, Artemo, obispos; Teodora, Proba, vírgenes y mártires; Dídimo, Acacio, Menandro, Polieno, Afrodisio, Caralipo, Agapio, Eusebio, Vidal y Valeria, Ursino, Patricio, Marcos, mártires; Luis Mª Griñón de Monfort, confesor.

28/04/2017 – Viernes de la 2ª semana de Pascua

Escrito por el . Posteado en Lecturas de Misa

PRIMERA LECTURA
Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 34-42

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo:

«Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada.

Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron todos sus secuaces.

En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a luchar contra Dios».

Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.

Palabra de Dios.

Sal 26, 1. 4. 13-14
R. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida
¿quién me hará temblar? R.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.

EVANGELIO
Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:

-«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?».

Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó:

– «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:

– «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es eso para tantos?».

Jesús dijo:

– «Decid a la gente que se siente en el suelo».

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:

-«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

– «Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Palabra del Señor.